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Huracanes, respuesta natural ante los embates humanos

La función de estos fenómenos meteorológicos siempre ha sido regular la temperatura del planeta, nutrir selvas y bosques, y limpiar ecosistemas acuáticos. Sin embargo, su intensidad aumenta a la par de la crisis ambiental de nuestra era.

Imagen: Unsplash/ NASA

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RICARDO OROZCO ROSALES

El cambio climático, en otro tiempo considerado una teoría que carecía de pruebas contundentes para ser digna de crédito, no resultó lo suficientemente impactante cuando se lanzó el documental An Inconvenient Truth (Una verdad incómoda) en 2006. Aunque fue protagonizado por Al Gore, exvicepresidente de Estados Unidos —quien pronunció una serie de conferencias advirtiendo sobre los peligros del calentamiento global— y ganó el premio Oscar al Mejor Documental, no alcanzó la popularidad que actualmente logran tener las series de no ficción disponibles en plataformas de streaming como Netflix.

Es humano reflexionar sobre el pasado y sentir la tentación de atribuir culpas por no haber prestado la debida atención a algo, en este caso, por no haber abogado por un cambio en aquel momento crucial para el bienestar global. Sin embargo, la realidad es que esa omisión es compartida por todos, y las consecuencias se manifiestan ahora a través de la respuesta de una madre naturaleza que, aunque pueda parecer implacable, simplemente refleja cómo la hemos tratado.

En las primeras horas del 25 de octubre, Acapulco se sumió en una pesadilla meteorológica. El huracán Otis, inicialmente catalogado como una modesta tormenta tropical, experimentó una metamorfosis extraordinaria, catapultándose a la monstruosa categoría 5 en un lapso de solo 12 horas.

Pero la madre naturaleza no tiene intrínsecamente la intención de perjudicar. Sus actos drásticos no constituyen un ejercicio de destrucción.

RESPUESTA DE LA NATURALEZA

Como humanidad, nuestra relación con la naturaleza se manifiesta incluso en los detalles más cotidianos, como disfrutar de un refresco frío o de un reconfortante chocolate caliente, para quienes disfrutan del clima cálido o el clima frío, respectivamente.

A menudo subestimamos el impacto de las pequeñas acciones, como el usar una bolsa de plástico sin considerar que, al final, esta podría terminar en el fondo del mar, afectando el medio ambiente. Así, cada acción mínima, multiplicada por cada persona, define el destino del mundo.

En la mitología griega, Gaia personifica la Tierra y es considerada una de las deidades primordiales, madre de todos los seres, nacida del caos. Su culto y representación resaltan la importancia de honrar y respetar la conexión sagrada entre la humanidad y la naturaleza. Por tanto, un tono épico parece el correcto para contar la historia de esta relación.

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Los huracanes permiten el desarrollo de los arrecifes de coral al despejar la piedra caliza del fondo del mar. Imagen: Unsplash/ Francesco Ungaro

En el vasto escenario de los océanos, los huracanes, verdaderos titanes meteorológicos, emergen de una coreografía precisa de elementos naturales. Este baile comienza con aguas cálidas, superando los 26 grados Celsius, como incubadoras de su poderío. El drama atmosférico evita el ecuador, donde la fuerza de Coriolis (aceleración al rotar), una maestra invisible, dicta el ritmo. El viento, actor esencial que se balancea en capas atmosféricas, se convierte en un ser indispensable que requiere ser constante para mantener la magia. La humedad, como un eco persistente del océano, nutre la tormenta y, desde la costa africana, las ondas tropicales desencadenan esta sinfonía de la naturaleza, gestando así la majestuosidad y, a veces, la furia de los huracanes.

Contemplar la naturaleza desde una perspectiva épica nos confronta con una realidad: nuestras acciones hacia ella son crueles y generan una respuesta ineludible. Los huracanes son una de esas reacciones. No es coincidencia que su fuerza destructiva vaya en aumento año con año, conforme el calentamiento global sigue al alza.

REGULADORES DE TEMPERATURA

Según el sitio Hurricanes Science, los huracanes emergen como actores clave en el medio ambiente. En un cautivador ballet natural, estos fenómenos no solo representan amenazas, sino que también brindan beneficios a entornos tropicales y subtropicales. La lluvia nutre humedales y purifica lagunas; los vientos y las olas revitalizan los suministros de nutrientes en el suelo.

En un acto de alivio estacional, los frágiles arrecifes de coral experimentan un respiro de frescura cuando las aguas más frías alivian el estrés térmico. Además, las olas y corrientes oceánicas desempeñan un papel de limpieza al eliminar macroalgas y revelar la sólida estructura de piedra caliza del arrecife, proporcionando una plataforma robusta para el florecimiento coralino.

En palabras del doctor Pablo Jesús Ramírez Barajas, en su artículo La importancia de los huracanes para el clima, estos se erigen como “aires acondicionados para la atmósfera terrestre”, estabilizando la temperatura desde el ecuador hasta los polos y actuando como reguladores naturales del clima.

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La relación del ser humano con la naturaleza se basa en un delicado equilibrio. Imagen: Unsplash/ Craig Cameron

El especialista resalta que la relevancia y contribución de los huracanes para la biodiversidad a menudo pasan desapercibidas. Las selvas y bosques, fuente de plantas, flores y frutos, dependen críticamente de la humedad ambiental y las lluvias. Los animales silvestres, especialmente los herbívoros, enfrentan desafíos significativos en su alimentación durante sequías prolongadas.

En su sitio web, el Centro Nacional de Prevención de Desastres del Gobierno de México también destaca los beneficios de estos fenómenos. Además de lo ya mencionado, mantienen llenas las presas y combaten la marea roja. En la página, esta información precede a las medidas preventivas proporcionadas para lidiar con los embates de la naturaleza: la ubicación de refugios temporales, la correcta preparación de una mochila con suministros esenciales, las reparaciones estructurales en inmuebles, entre otras precauciones.

Lo anterior resalta de forma interesante cómo, de alguna manera, aceptamos nuestra vulnerabilidad ante la madre naturaleza, que lucha por conservar su balance ante los asaltos de la humanidad.

RESPONSABILIDAD

El final de la serie familiar Dinosaurios, transmitido por primera vez en 1995, destaca por su tono inesperadamente oscuro y reflexivo. Los Sinclair, enfrentando las secuelas de la devastación ambiental causada por la sobreexplotación de recursos y la contaminación, experimentan la culminación de esta tragedia con la extinción de su especie.

En este emotivo desenlace, el padre, quien trabajaba para una compañía industrial, reflexiona sobre las consecuencias de sus acciones en el medio ambiente, disculpándose por desencadenar el colapso del mundo y la civilización. Reconoce su exceso de confianza en el progreso y la tecnología, así como su falta de respeto por la naturaleza, lamentando profundamente su papel en la crisis. Solo le queda estar junto a su familia en esos tiempos inciertos, ofreciendo consuelo y esperanza en medio de la adversidad.

Aunque la serie sea ficción, su mensaje cobra sentido, ahora más que nunca, ante los desastres naturales que la humanidad ha enfrentado en los últimos años.

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