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El tiempo ya es corto

Toca vivir lo que haya que vivir, pero decidiendo cómo quieres hacerlo. ¡Que el cumpleaños o la Navidad sean motivos para pensarnos!

El tiempo ya es corto

El tiempo ya es corto

MARCELA PÁMANES

Trato de pensar en lo que significa el privilegio de la vida tantas veces como puedo o cuando el corazón me obliga a hacerlo.

Cada vez que se cumplen años, el momento es propicio. Es casi obligado hacer recuentos, medir en soledad cómo está el vaso, si medio lleno o medio vacío, si te superaste a ti mismo, si trabajaste en el saco de errores que cargas, si te portaste bien contigo y con los demás, si reseteaste tus pensamientos, si superaste obstáculos o te empeñaste en tropezar con la misma piedra, si hiciste lo correcto en el momento adecuado, si caminas erguida o el paso de los años te ha doblado, si te es fácil reír o lloras la amargura de los sinsabores, si duermes tranquilo o te avasallan las inquietudes, si sumaste en lugar de restar, si estás en el lugar ideal, si no te mueves por comodidad o por miedo, si el actuar de los hijos te refleja o te das cuenta que pudiste haberlo hecho mejor como madre o como padre.

La parte luminosa sucede cuando recoges los dulces frutos de la estima, el cariño y la presencia de tanta gente que te recordó.

A veces no dimensionamos lo importante que es la sonrisa, el saludo, la felicitación, el momento que le dedicamos a alguien más. Hay quienes creen que las redes sociales nos han alejado de la presencia física, de la voz de las personas. Puede ser, pero también es el hecho de que disfrutas ese mensaje dejado en tu muro, ese inbox que alguien te dedicó, ese sticker que se seleccionó para desearte felicidad, paz, alegría, bendiciones.

Más allá de la forma está el fondo. ¿Cómo construimos la vida? ¿A qué le ponemos atención? ¿Qué nos mueve? ¿Qué hacemos en el día a día? ¿De quiénes nos rodeamos? ¿Por dónde caminamos? ¿Qué dejamos para después? ¿Qué nos decimos y cómo les hablamos a los demás? ¿Creemos que somos infalibles? ¿Reparamos lo que hacemos mal? ¿Somos motivo de unión o de dispersión?

Tantas preguntas que evadimos porque reconocer implica valentía, cambiar requiere consciencia y modificar hábitos demanda constancia. Todo es esfuerzo, ánimo, valor y rigor. Por desgracia es frecuente que extraviemos la mirada y la pongamos en el desánimo, el miedo y la apatía. Es natural que la edad ponga las cosas en su lugar. Mezclar los cubiertos de una cuchillería y otra ya no angustia o si no tuvimos las mejores etiquetas de vinos para agasajar a quienes nos visitan, tampoco nos mortifica gran cosa. Sucede que empezamos a reconocer que había tanto que nos desgastaba sin sentido, y hoy privilegiamos la salud, la amistad, las reuniones donde el plato principal son los recuerdos.

Estoy convencida de que deberíamos hacer una declaración de principios, una lista que defina qué queremos y qué no queremos en nuestras vidas, portarla siempre en la memoria y darle sentido con nuestro comportamiento, y es que para algunos la congruencia es urgente porque el tiempo ya es corto.

Hay cosas tan simples que te roban la paz, por ejemplo, quitarle la cubierta plastificada a los botes que vienen sellados, encontrar un recipiente con un chícharo adentro del refrigerador porque lo dejaron así para no lavarlo, no poder abrir una botella de agua, darte cuenta que no puedes leer porque no traes los lentes, tardarte 15 minutos más cuando te bañas y luego todo se trastorne, no poder comer lo que antes comías porque ya todo te cae mal, perder la paciencia con alguien que te quiere explicar algo y te hace toda una historia, tonterías, puras tonterías.

Hay algo más que recién leí y que me hizo reparar en que ya no quiero ser buena persona, prefiero ser sólo persona. No quiero que me quieran porque soy condescendiente o porque acepto todo o porque soy respaldo para que alguien no se caiga, ya no, por eso me hizo tanto sentido este mensaje que me mandaron por WhatsApp:

“Es posible ser buena persona y además decir que no, y además cambiar de criterio, y además equivocarte, y además no compartirlo todo, y además no estar disponible, y además tener dudas y enojarme, y además marcar límites, y además cortar las relaciones que no me hagan bien”: Yo añadiría: además quedarme encerrada en casa porque no quiero ver a nadie y errar sin tener culpa.

Toca vivir lo que haya que vivir, pero decidiendo cómo quieres hacerlo. ¡Que el cumpleaños o la Navidad sean motivos para pensarnos! 

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Escrito en: Marcela Pámanes cumpleaños Navidad celebración celebraciones crecimiento personal

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