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Raphaëlle Pérez

Raphaëlle Pérez, actriz andrógina que muestra su mirada en la cinta Mi vacío y yo

Durante su infancia en Francia ni siquiera se le había comentado que existían los tratamientos hormonales

(SAÚL RODRÍGUEZ)

(SAÚL RODRÍGUEZ)

SAÚL RODRÍGUEZ

Cuando Raphaëlle Pérez (Perpignan, 1994) llegó a Barcelona en 2014, se sentía perdida. No tenía información alguna sobre el proceso para el cambio de sexo. ¿Adónde acudir? ¿Dónde informarse? Durante su infancia en Francia ni siquiera se le había comentado que existían los tratamientos hormonales. Su arribo a la capital catalana le dio la oportunidad de sentirse aceptada y comprendida.

“Ahora ha pasado el tiempo y, a base de esos encuentros, he tenido la información para tomar la decisión que quería tomar. Pero es verdad que sigue habiendo mucha desinformación. Pienso mucho en las relaciones futuras y en estos jóvenes, que quizá ahora quieren transitar o sienten que no encajan en el mundo, que se sienten diferentes y no saben a quién preguntar o con quién hablar. Ojalá vean nuestra película, nuestro trabajo y puedan tener respuestas a todas esas preguntas que se están haciendo”.

Raphaëlle protagoniza Mi vacío y yo (2022), un filme dirigido por el cineasta Adrián Silvestre, el cual ganó el Premio Maguey a Mejor Película, durante la 37.ª edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), certamen donde tuvo su estreno en Latinoamérica.

La película muestra la vida de Raphi, una chica andrógina que, tras ser diagnosticada con dismorfia de género, decide zarpar en una odisea para asumir su identidad. En ese camino se encuentra con compañeras de trabajo, mujeres trans, artistas queer y hombres que conoce gracias a aplicaciones móviles, quienes le ayudarán a encontrarse un espacio en un mundo colmado de prejuicios.

El guion corrió a cargo de Adrián Silvestre, Carles Marqués-Marcet y la propia Raphaëlle Pérez, quien a través de la historia y gracias a los apuntes de su diario, comparte sus experiencias personales.

-Antes de la película, me gustaría hablar de tu papel como escritora. ¿De qué manera llegan la escritura a tu vida? Porque a veces su arribo se da en un momento donde no tenemos con quién hablar o cómo expresar lo que sentimos.

Primero, te quiero agradecer por la pregunta, porque es una pregunta que se me hace muy poco, pero que realmente me remueve, porque la escritura forma parte de mi vida. La escritura es algo que me ha venido un poco de la nada, por la necesidad que tenía dentro de querer expresar cosas que me estaban pasando y que sentía que, si las expresaba verbalmente con personas o con gente, no se me entenderían. Quizá porque eran muy íntimas, o me daban pudor, o me daban corte o vergüenza. Necesitaba escribirlas en un diario y guardarlas para mí, pero es verdad que al final ese diario lo comencé a compartir con Adrián y empezamos a desarrollar la película. La escritura no es algo que deje de hacer desde la película. He estado escribiendo mucho y ahora estoy a punto de publicar una novela y también relatos. Y estoy ahí, esperando publicar mi primer libro con editorial; me halla una ilusión tremenda.

-¿Cómo se da el encuentro entre el cineasta Adrián Silvestre y tu escritura?

Nos conocimos en una asociación de mujeres trans de Barcelona y conociéndonos hemos forjado una amistad. Después de unos meses, unos años conociéndonos, había confianza. Y entonces, lo que te he explicado antes, que escribía cosas únicamente para mí y pensé: “Se lo tengo que mostrar”. También a veces publicaba algunos textos en Instagram, me atrevía a colgar algunas cosas ahí. De ahí apareció esa cosa de mostrar los textos a Adrián. A él le notaba un interés en querer leer y ver más. Al final nació la idea de basar el guion en esos escritos.

-¿Existe alguna diferencia entre tu persona como Raphi y el personaje de Raphi que aparece en la película?

No, la verdad es que la película ha sido totalmente fiel a la realidad y también, te voy a decir una cosa, porque he sido yo misma en la película. Lo que se ve en la pantalla soy yo misma. ¿Por qué eso? Porque el trabajo de Adrián ha sido realmente fabuloso para mí. Le encanta trabajar a base de improvisaciones. A mí, esa improvisación me ayudó un montón, porque podía expresarme realmente cómo quería, con las palabras que quería, de la forma en que quería. No me imponía nada: como se me ve en la pantalla es como soy en la realidad misma.

-Le comentaba al director que en la película (me imagino que en tu vida también), las personas que te rodean siempre te exigen que te definas. Tus respuestas cuestionan esa acción: “¿De qué me estás hablando? Yo nunca me he hecho esa pregunta”. ¿Por qué crees que existe esta presión de la sociedad para etiquetarnos y después casi obligarnos a tener fidelidad por esas etiquetas?

Creo que vivimos en una sociedad, con esto de las redes sociales, los hashtags, donde hay que poner etiqueta a todo: mujer, hombre, lo que sea. Y es verdad que, con las redes sociales y estas etiquetas, la gente opina y pone comentarios. Por ejemplo, hace muy poco, leí una reseña que había visto la película y decía: “Es imposible que una persona trans acuda a una psicóloga y no sepa que es trans”, como realmente me pasa, tanto en la película como en la realidad. Pensé que otra vez alguien opinaba sobre una existencia tangible, real, que ha sido así, pero que lo pone en cuestión cuando no se puede poner cuestionar, porque ha sido tal cual. Hay esa expresión permanentemente de querer definir, de querer explicar, de opinar cuando quizá la gente no sabe tanto del tema. Esta presión es lo que mostramos en la película, como que te come, te agobia y hay que poner muy bien los pies en el suelo, en la tierra, para no perderte y no estar dependiente de los juicios y, sobre todo, de la mirada de los demás. La película habla mucho de eso, de la mirada de los demás.

-Por ejemplo, ¿la mirada de los chicos de Tinder con quienes te citas?

Sí, ahí también la mirada es muy importante, porque también es mi forma de ser. Tiendo mucho a depender de la aprobación de los demás y es algo que no debería ser así, pero ¿qué quieres que te diga? (risas). Yo creo que en nosotras las mujeres, pero aún más las mujeres trans, hay esa presión de ser el ideal de mujer y encontrar el ideal de hombre. Hay esa idea del heteropatriarcado de que las mujeres tienen que encontrar un hombre o una pareja, para sentirse completas, sentirse felices y tener la vida perfecta. Cuando al final la vida no es así. Creo que es al revés: tenemos que independizarnos para vivir la vida que queremos.

-Al final de película hay un personaje que te dice eso: “Ya hay que vivir la vida”.

Sí, exacto. Creo que es una lección que he sacado de este personaje, de esta persona que he conocido en la vida real, porque al final venía de una cierta ingenuidad y de una cierta idea de romanticismo. Y es verdad que, después de conocer a esta persona, y a más personas luego, te das cuenta de que la vida es totalmente diferente y de que somos uno, de que hay que vivir nuestra vida por nuestra cuenta y no depender tanto de los demás.

-Raphi se desahoga con el arte, tras encontrar ese camino en la escritura y en el ejercicio teatral.

Exacto, de hecho es el título de la película: Mi vacío y yo, porque, como bien has comentado, sentía esa sensación de vacío y he encontrado la manera de llenarlo a través del arte. Antes hemos hablado de la escritura y para mí la escritura ha sido fundamental para llenar ese vacío y plasmar todas esas sensaciones, emociones, que iba viviendo. Y también tuve la oportunidad de hacer la obra de teatro que se ve en la película. Luego, la posibilidad de hacer esta película también. Hasta ahora, la vida me ha brindado proyectos muy bonitos para realmente sentirme mejor conmigo misma y aceptarme también.

Escrito en: Raphaëlle Pérez Mi vacío y yo vida, película, escritura, sido

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