EDITORIAL

En Tres Patadas

Monreal, la corcholata suelta

DIEGO PETERSEN FARAH

Hay una corcholata suelta en el bar: Ricardo Monreal. No le gusta al presidente, probablemente tampoco le gusta a muchos de los morenistas -como dijo el presidente- pero eso no significa que no tenga fuerza y capacidad para generar remolinos políticos dentro del gobierno de López Obrador.

Curiosamente la forma que el senador Monreal ha encontrado para incomodar a un gobierno autocrático es siendo institucional, con un discurso demócrata y pluralista. Podemos debatir si le creemos o no, cada quien sus filias y fobias, lo cierto es que en la medida en que el experimentado político zacatecano insiste en las vías institucionales y la construcción del diálogo ayuda, por contraste, a la generación de la imagen autoritaria del presidente.

La relación entre Monreal y López Obrador tiene un larga historia de desavenencias y reencuentros. El más significativo es quizá el de 2018 cuando, como precandidato a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, Monreal fue el último en reconocer la encuesta/tarjetita que le daba el triunfo a Claudia Sheinbaum. Fue poco más de una semana en la que Monreal estiró la liga al máximo, coqueteó con otros partidos y al final negoció la presidencia del Senado a cambio de aceptar y no hacer ruido a la candidata de López Obrador.

Aunque lo dejaron fuera del mitin de las corcholatas en Toluca, Monreal dice que se va a inscribir como precandidato a la presidencia por Morena, que en el partido hay tiempos y estatutos que van más allá de la voluntad presidencial y del presidente del partido, Mario Delgado. Todos, comenzando por él mismo, tenemos certeza de que no es así, que, como sucedió en 2018, será López Obrador quien decida las candidaturas. El zacatecano sabe también que en política ganan solo uno de los incondicionales y los más incómodos. Él está dispuesto a ser el mejor de los segundos.

Pocas cosas pueden incomodar tanto al presidente como la reciente declaración del senador Monreal de qué hay que revisar la estrategia de seguridad. Lo que menos le gusta es que sabe que tiene razón: el gran clamor de pejistas y antipejistas en este momento es la mejora de la seguridad. En los próximos meses el presidente tendrá que enviar su propuesta de cambio constitucional para que la Guardia Nacional continúe bajo el mando y administración del Ejército. La oposición ya dijo que no pasarán dicha reforma. Independientemente de los votos que sí puede, y muy probablemente hará Monreal es generar un gran debate en torno a la estrategia de seguridad donde el presidente y sus incondicionales no saldrán muy bien parados, mientras él se dará baños de demócrata y se presentará como un político dialogante, que sí lo es.

El presidente dejó una corcholata suelta en el bar y parece que habrá fiesta.

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