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Magdalena Briones Navarro

Magdalena Briones Navarro, mujer de legado excepcional

Danzar se convirtió en su bálsamo ante la frustración de no poder ser médico

Magdalena Briones Navarro, mujer de legado excepcional

Magdalena Briones Navarro, mujer de legado excepcional

SAÚL RODRÍGUEZ

La maestra Magdalena Briones Navarro fue velada desde las 11:00 horas de este jueves en una funeraria de la avenida Allende. Allí se dieron cita historiadores, cronistas y algunos miembros del gremio cultural como la restauradora Carola Sánchez o el exdirector del IMCE Elías Agüero. A las 15:00 se ofreció una misa de cuerpo presente. El féretro de la maestra se cubrió con una manta de terciopelo roja y lo coronó un arreglo de nardos y rosas blancas.

Fallecida alrededor de las 22:00 horas del pasado miércoles 19 de enero, la maestra Magda es considerada una de las figuras más importantes para el arte de la región.

Semanas antes, el 24 de diciembre, sufrió un accidente vascular, por lo que fue internada en un hospital y luego trasladada a su casa en la colonia Navarro de Torreón. Allí paso sus últimos días, rodeada de sus libros, pinturas realizadas por ella misma, recuerdos y seres queridos, hasta exhalar su último aliento a la edad de 95 años.

Fue en ese mismo hogar donde la maestra Magda recibió a El Siglo de Torreón en octubre de 2019, un día después de ser homenajeada por la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC). La reja blanca se abrió en la mañana, Briones portaba su enérgica sonrisa, vestía una blusa azul y falda naranja, tenía el cabello recogido y reflejaba el legado de décadas sirviendo al arte y la cultura de la ciudad.

Así era la maestra, sencilla, colorida, alegre y a la vez crítica vigorosa de un mundo cada más inmerso en la ambición y el individualismo. Ante la grabadora, lamentó la indiferencia que el ser humano tiene ante el planeta Tierra, también señaló el hambre de poder, la torpeza y la escasez de sentido común que ha imperado en el hombre a lo largo de la historia. “El mundo personal siempre es un mundo muy chiquito”.

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(EL SIGLO DE TORREÓN / Saúl Rodríguez)
(EL SIGLO DE TORREÓN / Saúl Rodríguez)

Nacida el 16 de septiembre de 1926 en Durango, en pleno fulgor patrio, arribó a La Laguna con tan solo dos años de edad. Vivió su infancia en Torreón, detrás del cine Nazas, donde se encontró con las polvorientas cortinas color ladrillo de las tolvaneras y escuchó atenta el rugir del río Nazas cuando sus aguas aún serpenteaban por el vado.

Porque si alguien escuchó a La Laguna, esa fue Magda Briones. Su sensibilidad aguda la instó a involucrarse en el activismo ambiental. Preocupada por el deterioro de la región, denunció el mal uso del agua, se opuso a la instalación de la planta hidroeléctrica en Villa Juárez, Durango y abogó por la conservación de la reserva natural de Jimulco, en Coahuila.

“Aquí tumban los árboles, se les hace muy fácil sólo porque tiran mucha hoja y tienen que barrer. No se acuerdan que si yo tengo que sembrar un árbol como el que está enfrente, va a tardar 50 años en crecer. No va a tardar dos ni tres meses. Y cuando tumbas los bosques, ¿cómo piensas que los vas a recobrar? Todo está compaginado en este mundo para ser lo que es, lo que ha dado la vida a nosotros y a todos los demás”, dijo la maestra.

Pionera de las artes

Tenía 15 años cuando asistió a una fiesta de la virgen de Covadonga. Un señor la invitó a bailar y el romance con la danza emergió de inmediato. Bailar le salía del alma, la música recorría su cuerpo, por eso comenzó a practicar para presentarse en la fiesta del año entrante. Danzar se convirtió en su bálsamo ante la frustración de no poder ser médico. Luego se consolidó y comenzó a dar clases para las nuevas generaciones.

“En una de tantas apareció esta niña, Pilar Rioja. Fueron siete años de escuela conmigo, tarde mañana y noche, porque sí es muy picada, ella hizo lo máximo para aprender todo lo que pudo y después de eso intenté hacer cosas con otras gentes. Invité a un filipino que era excelente y a un muchacho de aquí que fue de las gentes que mejor he visto bailar. Finalmente, antes de irme a España, yo ya estaba mucho más preparada, mucho más segura de lo que hacía e invitaba a Pilar que bailara también conmigo”.

Pero al regresar de España, los malos manejos y el chantaje de los promotores le orillaron a dejar la danza y afrontar la lucha social desde otras trincheras.

“La verdad me pareció un asco tener que tratar con la gente de contratos, un mugrero de gente. No me refiero a la gente propietaria de los negocios, porque esos nunca se dejan ver o nunca los vi, pero los intermediarios… ¡Válgame, Dios de mi vida! ¡Qué vergüenza! Si están viendo lo que bailas, si están viendo lo que haces, ¿cómo es posible? “Pues si quieres, ¿verdad?” y que el acostón y que esto.

¡Ay, por favor!”.

Entonces se entregó al teatro, comenzó a escribir libretos y montó obras. También estudió sociología en la UNAM, fue colaboradora en las páginas de este diario y sin saberlo, plasmó su vida con tinta inmortal en la memoria lagunera.

Último adiós

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El cortejo toma la avenida Allende pasadas las 16:00 horas, para luego abordar la avenida Juárez rumbo al oriente de la ciudad. Tras su marcha aletargada, el recorrido culmina en un cementerio ubicado sobre el bulevar Torreón-Matamoros. Es la última morada de la maestra. Se ofrecen oraciones y palabras como forma de despedida, mientras las parvadas de aves entonan su regreso a los cipreses, en un atardecer censurado por las nubes.

Hasta antes de que su salud se tornara delicada, Magda Briones no cesó de trabajar, pues preparaba un par de conferencias. La primera de ellas la realizaría el próximo 2 de febrero en Salvatierra, Guanajuanto y la segunda se daría en Monterrey, en el mes de marzo, con motivo del Día Internacional de la Mujer.

El doctor Carlos Gómez, presidente de la Asociación Nacional de Cronistas de Comunidades y Ciudades Mexicanas (ANACCIM), quien tras la misa emitió un emotivo discurso resaltando la trayectoria de la maestra, comentó que la partida de Magda Briones dejará un gran hueco, pues fue revolucionaria para su época y tuvo proyección mundial, luego de que en 2015 recibiera el Sol de Oro por parte del Festival Internacional del Medio Ambiente, galardón que dos años antes fue entregado a Leonardo Di Caprio.

La maestra es despedida con una lluvia de flores, como esas que coronaban su cabeza cada que conquistaba un escenario gracias a su danza. Encima cae la tierra rojiza, esa misma que en forma de tolvaneras le dio la bienvenida a Torreón cuando era pequeña. Una última orquesta de aplausos cierra la ceremonia. Los aplausos, esos que siempre recibió de su público y que consideraba de precio invaluable.

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