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De política y cosas peores

ARMANDO CAMORRA

Oliendo a jabón chiquito y a licor barato, con manchas de colorete en la cara y el cuello, llegó Chinguetas a su casa en horas de la madrugada. Su mujer lo esperaba en la alcoba conyugal, la luz encendida, recargada en la cabecera de la cama, los brazos cruzados, el gesto de anfisbena. (La anfisbena es una sierpe mitológica con dos cabezas, una en cada extremo de su escamoso cuerpo). El  desobligado marido farfulló una disculpa ininteligible y luego procedió a desvestirse para meterse a la cama. Lo vio su esposa y le preguntó hecha una furia: "¿Y la camiseta y el calzón?". Y es que Chinguetas no traía ninguna de esas interiores prendas. "¡Dios mío! -exclamó el beodo con simulada consternación-. ¡Me robaron!". Pepito le dijo a su nuevo amigo, Juanilito: "Yo tengo 5 años. ¿Cuántos tienes tú?". "No sé" -respondió el niño. Le preguntó Pepito: "¿Ya te gustan las niñas?". Contestó Juanilito: "No". Dictaminó Pepito: "Entonces tienes 4 años". Un soldado americano destacado en una base europea recibió un permiso de varios días a fin de ir a Estados Unidos a visitar a su mujer. Decidieron encontrarse en Las Vegas, y la primera noche que estuvieron juntos gozaron una noche de arrebatado amor carnal. Dormían el profundo sueño que sigue a la pasión cumplida cuando fueron despertados por grandes golpes en la puerta. Era un borracho que se había equivocado de habitación. "¡Oh my God!! -exclamó el esposo, adormilado-. ¡Tu marido!". Respondió la mujer, igualmente adormilada: "No seas tonto. Está en Europa". La bella domadora del circo aparecía ataviada solamente con un brevísimo bikini. Se encerraba en una jaula de aceradas rejas con un espantoso cocodrilo y le daba al saurio varios violentos golpes en la cabeza con un tubo de hierro. El temible animal, entonces, le lamía todo el cuerpo dócilmente. Una gran ovación saludaba la hazaña de la bella domadora. Proclamaba con voz grandilocuente el director de pista: "¡Nadie en el mundo se atrevería a hacer esto!". "Yo sí -se llegó un tipo a la puerta de la jaula-. Nomás a mí no me dé los tubazos tan fuertes". Doña Balena se subió a la báscula del baño. Desde la recámara le preguntó su esposo: "¿Quién dijo: '¡Ah cabrón!'? ¿Tú o la báscula?". La señora creyó llegado el día de hablar con su hija adolescente acerca de las realidades de la vida. Le dijo. "Hijita: quiero tener una conversación contigo acerca del sexo". "Cómo no, mami -replicó la chica-. ¿Qué quieres saber?". Las ventas en la Compañía Jabonera "La Espumosa", S.A., no andaban nada bien. El propietario llamó a su oficina a los dos agentes vendedores de la empresa y les dijo. "He decidido hacer un concurso entre ustedes, a ver cuál de los dos vende más el próximo mes. Quien obtenga el primer lugar tendrá derecho a una noche de bebidas gratis y placer sensual sin límites". Preguntó uno: "¿Y el del segundo lugar?". Respondió el dueño: "Ése tendrá a su cargo darle al ganador las bebidas y el placer sensual". El juez interrogó a la bella mujer: "¿Dónde se encontraba usted a la hora en que se cometió el delito?". "Estuve toda la noche en la cama, señor juez -afirmó ella-. Y tengo ocho testigos para demostrarlo"."Otra vez viene usted borracho, Empédocles"  -le dijo sor Bette, la madre superiora, al jardinero del convento. "No, copa--tartajeó el sujeto-. Solamente me eché una reverenda madre". Se lamentaba en el bar un individuo": "Busqué para casarme una mujer que fuera una dama en la sala, una economista en la cocina y una cortesana en la recámara, y me vine casando con una que es una dama en la cocina, una cortesana en la sala y una economista en la recámara".  FIN.

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