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A cincuenta años de su partida

Raúl Muñoz de León 20 de octubre de 2020

Para los egresados del Instituto “18 de Marzo”, en donde quien esto escribe, cursó el kínder, primaria, secundaria y preparatoria, además de haber sido catedrático, es muy satisfactorio hacer la referencia de un mexicano grande.

 Defensor de una firme política democrática y modernizadora; fomentó la educación en todos los niveles; estimuló la creación de organizaciones sindicales, obreras y campesinas. Presidente de la República de 1934 a 1940; es Lázaro Cárdenas, a quien se le recuerda con cariño y con respeto, como uno de los mayores estadistas de todos los tiempos; hizo más que cualquier otro Presidente, para consolidar la Revolución Mexicana y llevar a la práctica sus ideales de justicia social. 

Madero es el Apóstol de la Democracia, porque sucumbió ante las balas asesinas de Huerta, pero nada transformó, su revolución fue más teórica que práctica; Carranza se obsesionó por darle legalidad a la Revolución, y lo logró con la Constitución de 1917, pero de cambios, nada; Obregón y Calles se dedicaron a consolidar el poder político del Estado, pero lo anhelos de la Revolución quedaron pendientes; sólo cuando llega Cárdenas, las cosas empiezan a cambiar y el pueblo lo advierte claramente

Impulsó como ningún otro la reforma agraria. Sus convicciones nacionalistas lo llevaron a nacionalizar los ferrocarriles, en 1937; y un año después la industria petrolera que estaba en manos de compañías británicas y estadounidenses. Abatió el orgullo, la soberbia y la prepotencia de los empresarios capitalistas, acostumbrados a pasar por encima de la dignidad de las personas. Su actitud en favor de los obreros y los campesinos, frente a los intereses de los poderosos y la defensa de los recursos naturales mexicanos frente a las intromisiones de compañías extranjeras, le proporcionaron un prestigio internacional de hombre honesto que conservó aún después de dejar la presidencia.

El reparto agrario en La Laguna en 1936; la fundación del Instituto Politécnico Nacional, en 1937; en este mismo año la nacionalización de los ferrocarriles; la Expropiación Petrolera en 1938, y la fundación del Instituto “18 de Marzo”, en 1940, son ejemplos vigorosos suficientes para demostrar la grandeza de Lázaro Cárdenas.

De origen rural muy modesto, Cárdenas apenas recibió la educación primaria; se unió en 1914 a la Revolución Mexicana defendiendo la causa constitucionalista de Venustiano Carranza; incursionó en la política bajo la protección de Plutarco Elías Calles.

En 1928, año del homicidio de Obregón, es electo gobernador del Estado de Michoacán, realizando una importante labor reformadora: creó muchas escuelas de todos los niveles; impulsó el reparto de tierras; promovió la democratización de la educación. Fue Ministro del Interior (1930-1932) y Secretario de Guerra (1932-1934). En este último año triunfa en las elecciones presidenciales, siempre bajo la protección de Calles, que seguía teniendo mucha influencia en la política nacional, pero llegado al poder se sacudió la tutela del llamado Jefe Máximo de la Revolución; inaugura una política propia, orientada hacia la izquierda, llegando incluso a expulsar del país a su antiguo protector; creó el Partido de la Revolución Mexicana, antecedente del actual PRI, en el que se integraron reformistas y progresistas, socialistas y comunistas, cetemistas, cenecistas y cenopistas; empleados y patrones; estudiantes y maestros; industriales y comerciantes, etc.

Su lema “México para los mexicanos”, fue la base de una política de nacionalizaciones, trascendente por lo que se refiere al petróleo, motivo que lo enfrentó con Estados Unidos, viéndose obligado a buscar compradores en Italia y Alemania.

Protegió a la población indígena; combatió el latifundismo y estableció una enseñanza pública laica, gratuita y obligatoria: un giro socializante del México posrevolucionario, situado en el contexto de la depresión económica internacional de los años 30, y el New Deal de Franklin D. Roosevelt en los Estados Unidos.

El gobierno de Cárdenas repartió más de 18 millones de hectáreas entre los campesinos de México, la clase desposeída, el doble de lo que sus antecesores todos juntos habían repartido. Comprendiendo que la tierra por sí sola no produce, para evitar problemas de abastecimiento alimentario, Cárdenas recurrió a un sistema genuinamente mexicano: el ejido. En los ejidos viven cientos de familias, creando el Banco de Crédito Ejidal, para proporcionarles financiamiento, escuelas y hospitales.

Con la expropiación del petróleo, las compañías capitalistas norteamericanas pidieron la intervención y apoyo de su gobierno, pero el Presidente Roosevelt había defendido la no injerencia en los asuntos internos de los países vecinos con su política de “buena voluntad”. Cárdenas crea un monopolio estatal Petróleos Mexicanos (PEMEX), emblema de la nacionalización de los recursos, logrando sortear, no sin dificultades, el boicot internacional al petróleo mexicano.

Mucha polémica generó la implantación cardenista de la educación “socialista”, adjetivo que finalmente cayó en la indefinición, terminando con el debate nacional que había sobre el tema; pero más allá de las cuestiones ideológicas, en el régimen de don Lázaro, la educación se extendió por todo el país, llegando a los sectores rurales, duplicándose en seis años el número de escuelas.

Su postura contra los regímenes fascistas, causa de la segunda guerra mundial, llevó a Cárdenas a dar asilo a los republicanos españoles que, habiendo perdido la guerra, huían del gobierno de Franco.

Cárdenas fue un mexicano grande; su sexenio fue un periodo de estabilidad política y de libertades, con avances significativos en economía, educación y obras públicas, además de vivienda y empleos. Dejó la presidencia en 1940, pero no la política, pues colaboró en el gobierno de Ávila Camacho, su sucesor y con el de López Mateos 1958-1964.

Don Lázaro Cárdenas del Río es figura señera que brilla con luz propia en el cielo político de México. A cincuenta años de su partida lo recordamos como ejemplo de un mexicano de primera: con vicios y virtudes, con cualidades y defectos, con aciertos y errores, pero por encima de todo con una entrega apasionada por México, en una lucha constante por la superación y progreso de los mexicanos. 

Decíamos al iniciar este Panorama, que resulta estimulante recordar la obra política de tan destacado mexicano con motivo de los 50 años de su fallecimiento, acaecido el 19 de octubre de 1970; estimulante y satisfactorio es referirnos a su trabajo, porque “Cárdenas nos dio la Escuela”.

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