Una montaña en alta mar, El Siglo de Torreón
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EDITORIAL

Una montaña en alta mar

Yo río libre

JULIO CÉSAR RAMÍREZ
sábado 01 de mayo 2021, actualizada 7:46 am


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El día 3 de mayo del año 21 del siglo 21, de Isla Mujeres, Quintana Roo, México, zarpará La Montaña para cruzar el Atlántico en una travesía que tiene mucho de desafío y nada de reproche. En el sexto mes del calendario, habrá de avistar las costas del puerto de Vigo (Ciudad olívica), Pontevedra, en la Comunidad Autónoma de Galicia, Estado Español.

LA HISTORIA VA ASÍ.

Montañas del sureste mexicano. Abril del 2021. La montaña se alza. Se arremanga, con pudor, un poco las naguas. No sin trabajos, arranca sus pies de la tierra. Da el primer paso con un gesto de dolor. Ahora le sangran las plantas a esta montaña pequeña, lejana de los mapas, los destinos turísticos y las catástrofes. Pero aquí todo es complicidad, así que una lluvia anacrónica le lava los pies y, con lodo, le cura las heridas.

"Cuídate hija", le dice la Ceiba madre. "Ánimo", habla el huapac como consigo mismo. El pájaro tapacamino la guía. "Al oriente, amiga, al oriente", dice mientras brinca de un lado a otro.

Vestida de árboles, aves y piedras, camina la montaña. Y a su paso, se agarran a los bordes de su nagua, hombres, mujeres, quienes no son ni los unos ni las otras, niñas y niños somnolientos. Van trepando por su blusa, coronan la punta de sus pechos, siguen a sus hombros y, ya sobre lo alto de su cabellera, despiertan.

Al oriente el sol, apenas asomado el horizonte, detiene un poco su necia y cotidiana ronda. Le ha parecido ver que una montaña, con una corona de seres humanos, camina. Pero más allá del sol y de unas nubes grises que la noche dejó olvidadas, nadie aquí parece sorprenderse.

"De por sí así estaba escrito", dice el Viejo Antonio mientras afila el machete de doble filo, y la Doña Juanita asiente con un suspiro.

En el fogón huele a café y a maíz cocido. En la radio comunitaria se escucha una cumbia. La letra habla de una leyenda imposible: una montaña navegando a contrapelo de la historia.

De una de las casas de Ixchel, la madre del amor y la fertilidad, la abuela de las plantas y los animales, madre joven y madre anciana, la rabia en la que el dolor de la tierra se transforma cuando es herida y mancillada, saldrá la Montaña.

Cuenta una de las leyendas mayas que Ixchel se tendió sobre el mundo en forma de arcoíris. Eso hizo para darle al planeta una lección de pluralidad e inclusión, y para recordarle que no es uno el color de la tierra, sino muchos y que todos, sin dejar de ser lo que son, juntos iluminan la maravilla de la vida. Y ella, Ixchel, la mujer arcoíris, todos los colores abraza y los hace parte de ella.

En las montañas del sureste, en la lengua de raíz maya de los más viejos de los viejos, se narra una de las historias de Ixchel, madre-luna, madre-amor, madre-rabia, madre-vida. Hablando el Viejo Antonio así habla:

"Del oriente vino la muerte y la esclavitud. Así llegó y ni modos. Nada podemos cambiar de lo anterior. Pero así dijo Ixchel:

"Que mañana al oriente naveguen la vida y la libertad en la palabra de mis huesos y sangres, mis crías. Que no mande un color. Que no mande ninguno para que ninguno obedezca y que cada quien sea lo que es con alegría. Porque la pena y el dolor vienen de quien quiere espejos y no cristales para asomarse a todos los mundos que soy. Con rabia habrá de romper 7 mil espejos hasta que el dolor se alivie. Mucha muerte habrá de doler para que, al fin, sea la vida el camino. Que el arcoíris corone entonces la casa de mis crías, la montaña que es la tierra de mis sucesores".

Cuando la opresión llegó en metal y fuego a suelo maya, el ts'ul, el llegado de lejos, miró muchas figuras de la diosa arcoíris y así llamó a esa tierra: Isla Mujeres.

Una mañana del mañana, cuando la cruz parlante invoque, no el pasado, sino lo por venir, navegará la montaña hasta la tierra del Ts'ul y atracará frente al viejo olivo que le da sombra al mar e identidad a quienes viven y trabajan en estas costas.

-Si logramos desembarcar y abrazar con la palabra a quienes allá luchan, resisten y se rebelan, entonces habrá fiesta, baile, canciones, y cumbias y caderas estremecerán suelos y cielos distantes entre sí.

Y, en ambos lados del océano, un mensaje breve inundará todo el espacio electromagnético, el ciberespacio y eco será en los corazones: "La invasión ha iniciado".

-Y tal vez, solo tal vez, Ixchel, diosa luna, será entonces luminaria en nuestro camino y, como en esta madrugada, luz y destino.

Una travesía por la vida. -Llevar lejos nuestro pensamiento, es decir nuestro corazón.

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