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Columnas la Laguna

ANÉCDOTAS

BANQUEROS AMIGOS, AMIGOS BANQUEROS. MANUELITO Y EL DEBER CUMPLIDO

HIGINIO ESPARZA RAMÍREZ
viernes 04 de diciembre 2020, actualizada 8:14 am


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No tengo ninguna duda: Manuelito tuvo en vida la satisfacción del deber cumplido y con ese ánimo lo reconocí aquella mañana del desayuno en el restaurante de Conchita, una convivencia que desgraciadamente devino en un mal recuerdo porque sufrimos dos bajas  muy sensibles: la del inolvidable doctor Leonel Rodríguez -no me digas doctor, soy tu amigo, me reprendió en alguna ocasión- y más recientemente la de Juan Manuel Alvarado Alfaro, Manuelito, como cariñosamente le llamas Juan Manuel González Cerda, a tu  tocayo.  

Alvarado Alfaro, un empleado bancario "como los de antes", los que aconsejaban y protegían a sus clientes, en una época en la cual no existía la famosa era cibernética que volvió frías y distantes esas relaciones y han trastocado la calidez humana. Tu texto Juan Manuel GC, es por lo tanto un merecido homenaje a un hombre que cultivó la amistad -más que los negocios- dentro y fuera del banco donde prestó sus servicios, "un banquero de antes, de los de verdad"  A Manuelito lo describes como un personaje "de un trato siempre amable, siempre con una actitud muy positiva", una actitud que permitió -aseguras con conocimiento de causa- generar rentabilidad para el banco al que sirvió por más de cuarenta años. Ésa fue su más grande satisfacción, aparte de allegarse amigos vía sus propios clientes.

Coincidentemente, esa disponibilidad la disfruté  durante mis gestiones para conseguir un crédito bancario por 250 mil pesos destinado a construir la casa que hoy ocupo en la colonia El Campestre de Gómez Palacio. El señor Romo, alto funcionario del banco, no me dejó solo en el maremagnum de los trámites crediticios y resolvió mi petición en el transcurso de una semana. Me atendió desde la ventanilla, indicándome los pasos a seguir y finalmente me dio la sorpresa -su crédito ha sido aprobado. Desde entonces nos hicimos camaradas pero nos perdimos en el tiempo. Ahora lo recuerdo y le vuelvo a dar las gracias. Banquero de Antes titulas tu trabajo literario dedicado a Manuelito y siento que el recordatorio alcanza a todos los empleados bancarios que han mostrado ese carácter.

Un homenaje bien merecido a tu viejo amigo recién ingresado a la asociación "Amantes de la vida",  nutrido de añoranzas y a la vez de anécdotas como la que abordas en la parte final de tu relato, Juan Manuel.   

Copiar un texto ajeno no es un plagio, solo es una demostración de respeto y admiración por el trabajo de otros, recalcó el prolífico escritor mexicano Héctor Aguilar Camín y con esa licencia y en tu caso Juan Manuel y en nombre de Manuelito, he copiado algunos datos y párrafos de tu obra como el siguiente: "Manuelito, como todos lo conocían, era muy apreciado por todos sus compañeros y por todos los clientes del banco, no solo por los clientes cuyas cuentas él manejaba. La relación con los clientes de su cartera era muy personal y de mucha ayuda" y consignas la anécdota del billete premiado, un suceso que seguramente ignora la asociación nacional de banqueros y el mismo AMLO, a quien le serviría como argumento en su publicitada lucha contra la corrupción. Uno de los clientes de Manuelito, de los llamados desfalcados, le entregó una serie entera con un premio de 50 millones de pesos; -Ya no te preocupes, le dijo. -Me saqué el gordo; deposítalo en mi cuenta y se fue del banco sin esperar un recibo, confiado en la rectitud de Alvarado Alfaro. Éste cumplió de inmediato la petición y se sorprendió al confirmar el monto descomunal del  premio principal del sorteo de aquella fecha. Probo como se condujo en todos sus actos, depositó la exorbitante  suma en la cuenta del favorecido, un cuentahabiente inestable en sus finanzas, sobre quien pesaban las órdenes terminantes del gerente para que fuera dado de baja. El banquero amigo, sin embargo,  había desatendido el mandato para darle a su protegido la oportunidad de ponerse al corriente.  -"Qué bueno que no lo dio de baja", le dijo festivamente el ejecutivo a su desobediente empleado, luego de constatar el inesperado abultamiento de la cartera de clientes de Alvarado Alfaro. No sé, Juan Manuel, si el premiado en qué forma le agradeció a Manuelito su honestidad y siento que averiguarlo sería parte de tus investigaciones. Tu narración de un deber cumplido, ejemplar y plausible, es excelente. Saludos, Juan Manuel, y gracias por compartir un escrito encaminado a recuperar -o recordar al menos- las tradiciones de la vieja escuela de la vida, la misma que hoy, desgraciadamente, enfrenta los macabros embates de la virulenta plaga.

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