ANÉCDOTAS, El Siglo de Torreón
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Columnas la Laguna

ANÉCDOTAS

LERDO PRÓSPERO EN TALENTOS, PERSONAJES Y MONUMENTOS

HIGINIO ESPARZA RAMÍREZ
viernes 13 de noviembre 2020, actualizada 8:16 am


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Conchita Olázabal Sierra fundó en su casa de Ciudad Lerdo una escuela de manualidades y artesanías con más de treinta alumnos, a quienes incorporó a tareas productivas relacionadas con la preparación de vinos, la elaboración de dulces regionales y flores de migajón de pan; las técnicas de pirograbado, esmerilado de vidrio, filigranas de costura y clases de guitarra. La repostería con sus pasteles de chocolate y vainilla, complementaron una enseñanza metódica y exigente.

A la muerte de su señor padre don Rafael Olázabal, -”Rafaelito”- Conchita cerró la escuela y acondicionó la vivienda para abrir el restaurante que lleva su nombre, uno de los más prestigiosos de la comarca en el renglón de comida casera y de convivencia familiar.

Icono lerdense la llama el licenciado Ramón María Nava González en su memoriosa y memorable historia “Lerdo de mis recuerdos”, una crónica de la que él mismo fue protagonista -y lo sigue siendo- como académico, activista político y líder social; escritor y rector del ISYTAC (hoy Universidad Lasalle Campus Laguna), un recopilador de anécdotas que nos regresa en el tiempo “hacia épocas en las que vivimos y crecimos al amparo de su caserío, sus huertas, plazas, capillas, y parroquias”... Lerdo, pues. Con su venia licenciado Nava, agrego yo: -... sus viveros y sus higueras a las que nos llevaba de niños mi señora madre para pizcar a brazo pelón los higos de savia ardiente.

Del mismo modo me permito incorporar a su historia de lerdenses destacados, las hazañas laborales y empresariales (cobra de quinientos a mil pesos por jornada) del maestro ebanista Francisco Fernández Rodríguez, un artista de la garlopa, la lija y la pistola de aire y quien en sus tiempos libres se dedica a fabricar bicicletas de madera de uso utilitario y ornamental y cuadros plásticos repujados también en madera, dos de los cuales me vendió a precios innombrables: una copia de los caminantes nómadas del pintor y escultor mexicano David Alfaro Siqueiros y la torre morisca con un reloj que configuran la estampa de un Lerdo provinciano y mágico, con una acequia -una gran acequiaque regaba vida y prosperidad.

Retomando las memorias del licenciado Nava, Lerdo fue cuna de pilotos (Capitán Francisco Sarabia), de juristas, sicólogos, intelectuales, luchadores sociales, sacerdotes, deportistas, promotores de box (Rodolfo “Chivo” Díaz), músicos, clasificadores de algodón, fotógrafos y funerarios, neveros, chocheros y cerveceros, promotores del teatro y la cultura, filántropos y filántropas, banqueros, cantantes (Nestor Mesta Cháirez, el Gitano de México), historiadores, comerciantes (Salsipuedes, célebre sobrenombre de la tienda abierta en Torreón por el lerdense Elías Zarzar), tribunos de la talla del licenciado Juan de Dios Castro Lozano, charros, maestros violinistas y chelistas, un líder social (David García Muñoz) quien siempre luchó por la creación de la ciudad de la Laguna, Cenobio Ruiz Martínez, apodado “La Saeta”, campeón sempiterno de la vuelta ciclista a la Laguna, Eustaquio Tacho Fernández, el bronco de broncos al mando de la Policía Federal de Caminos, militares (coronel Jesús Díaz Couder) y el profesor matamorense José Santos Valdés quien fue atraído y adoptó como suyos los aires lerdenses, son, entre otros, personajes de la Ciudad Jardín. La comunidad lerdense del mismo modo inspiró al poeta potosino Manuel José Othón, (radicó temporalmente en Lerdo), a componer un poema que habla de la aridez lagunera -Una estepa del Nazas su título- “...rueda el río monótono en la cuenca/ sin un cantil ni un rompiente/ y a ras del horizonte/ el sol poniente, cual la boca de un horno reverbera... son algunos de los versos del bucólico trabajo de quien llegó a enamorarse de estas tierras laguneras. “Idilio Salvaje” es una de la grandes obras de su extenso repertorio lírico.

En la hacienda de San Fernando hoy transformada en restaurante de “sírvase usted mismo” con cocimientos a base de carbón y leña, tuvo Lerdo su origen, comunidad fundadora de la Comarca Lagunera y junto con la Casa Nava, representan los principales bienes de sus habitantes Otro más, también emblemático, lo fue el desaparecido tranvía eléctrico, con sus asientos giratorios de madera, sus troles y su ruta de Torreón a Lerdo y de Lerdo a Torreón pasando dos veces por Gómez Palacio, luego de cruzar por el recio puente del bien recordado Nazas.(El río no ha muerto, aclaro, sólo que ya no lleva agua como antes. Del puente, por el contrario, sólo quedan las columnas de piedra que lo sostenían)

Por la hacienda pasaron don Miguel Hidalgo, Padre de la Patria, y don Benito Juárez, el Benemérito de las Américas, De este último, el nuevo dueño de la heredad, Carlos Aguilera, conserva intacto el despacho usado por el prócer oaxaqueño, incluyendo los muebles de la época. Lerdo es asimismo poseedor de la simbólica parroquia del Sagrado Corazón, la primera de ese rango construída en la región y depositaria de un artístico monumento de mármol esculpido en Italia, conocido como el Ángel del Amor, llamado así porque si lo invocamos, luego luego nos encuentra novio o novia y de paso recupera los amores perdidos. Fue dedicado a doña Enriqueta Crabtree de Gámez, tronco de prominentes familias de Lerdo -los Franco Crabtree, los Franco López, los Franco Ugarte entre otras, y su plaza de toros donde debutó como novillero el malogrado Valente Arellano Salum. La Casa Nava, una reliquia arquitectónica del siglo XVIII, de la misma manera fue punto de reunión de figuras destacadas tales como el mismo capitán Francisco Sarabia, en amena charla con doña María Teresa González Díaz de León, madre del licenciado Nava González e hija de don Longinos González Ruiz, quien adquirió la finca que ha sido propiedad de la familia desde hace 104 años; Herminio Hernández y Guillermo Martínez, artífices de un quinteto de cuerdas que tocó en la residencia; y hospedería temporal del primer cardenal que hubo en México, el arzobispo de Guadalajara José Garibi Rivera, así como del general Rodrigo Quevedo, comandante de la VII región militar y del general Pablo Quiroga Escamilla, revolucionario que murió en Lerdo y cuyo hijo Pablo se casó con Cuquita Franco Crabtree.

(Gracias licenciado Ramón María Nava González, por compartir sus memorias, y a ti, Gaby Nava Femat, mi correctora de cabecera, gracias por tu asesoría).

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