ANÉCDOTAS, El Siglo de Torreón
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Columnas la Laguna

ANÉCDOTAS

EL PASEO DEL PERRO

HIGINIO ESPARZA RAMÍREZ
viernes 21 de agosto 2020, actualizada 8:49 am


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Pedagogo, periodista, escritor y licenciado en derecho (ufff), su lado fuerte son los chistes; los de corte fino e ingenioso, los no entendí -”se me levanta y se me sale”, por ejemplo- y los de aires libertinos que tienen a la cama, al cuarto de hotel, a los deleites de la carne y a los longevos con esa inclinación como protagonistas de sus narraciones humorísticas, don Armando Fuentes Aguirre “Catón”, ha dejado huella en mis afanes de lectura divertida y relajada, con el aderezo de las gracejadas subidas de tono que él mismo se encarga de calificar de escabrosas y recomienda, insistente, que lo mejor sería saltarse hasta la parte final del texto.

Pero ese no es el camino a seguir, ya que nos perderíamos de escenas chuscas madre como aquella del individuo que se aplicó equivocadamente una pomada para cayos en sus partes nobles, y sólo después se enteró que a la dureza inicial sucedería el desprendimiento de la partícula tratada. Lo leo cuando puedo en El Siglo de Torreón y me asombra la diversidad y cantidad enorme de sus chistes y su capacidad mental y física para trabajar a diario en esos menesteres literarios, aparte de las agudas conferencias que ofrece en diferentes partes del país donde llena los auditorios.

Él vive en Saltillo y yo en Torreón; lo conocí como un cometa en el firmamento siglero, precisamente a la puerta de la oficina del director del periódico, Antonio de Juambelz y Bracho, quien lo recibió sin demora, lo sentó ante su escritorio y tan pronto supo de quién se trataba-ni siquiera leyo el material de presentación que llevaba en un cartapacio sujeto al pecho con los dos brazos- lo bautizó en el acto como “Armando Camorra”, alias que Fuentes Aguirre hizo suyo y lo enarbola en sus columnas publicadas en El Siglo desde hace más de cincuenta años. Amigo y colaborador estimado de esta empresa editora, ya no lo volvimos a ver, y menos a tratar personalmente, los redactores que laborábamos en la sala adjunta a la dirección, un trauma de los editorialistas que siempre ignoran a las tropas de combate -reporteros y fotógrafos-, aquellas que bregan día y noche entre tolvaneras, granizadas, inundaciones e incendios para obtener la mejor información posible para los lectores.

En un texto conmemorativo del 70 aniversario de El Siglo de Torreón, “Catón”-un jovenzuelo en aquel entonces según se aprecia en el retrato a crayón que de él hizo el caricaturista Manuel Enríquez- confesó que en su primera entrevista de apenas tres minutos con el director De Juambelz en busca de chamba, sintió que la había “regado”cuando dijo a modo de saludo: -Caray señor, su oficina sí que parece de periodista. -Será porque es de periodista., fue la respuesta tajante. -“Esto ya se jodió”, pensó Fuentes Aguirre pero no fue así, obtuvo el empleo como colaborador distinguido y sus artículos desde aquel lejano ayer son infaltables en las ediciones diarias del periódico lagunero que está por llegar a su primer centenario.

“Catón” es escritor, periodista y locutor. En sus ratos libres asume funciones de historiador y en otras se transforma en crítico de la nueva clase política mexicana. Es famoso por su “sabio humor” y escribe para 150 diarios mexicanos, El Siglo de Torreón, Reforma, El Norte y Vanguardia, entre otros. “Mirador” y “De política y cosas peores”, son los títulos originales de sus columnas, la primera de contenido poético, reflexivo y de profunda sapiencia y la segunda, cinco veces más larga, dedicada a hacer reír y a mantenernos actualizados sobre los vaivenes de los hombres y mujeres en el poder, tanto ricos como ricototes. Son textos amenos, anecdóticos, humorísticos, ilustrativos, de remembranzas, de magia y de compras en el mercado. Destacan las historias de Oscar Wilde, Julio Ruelas, Francisco de Salinas y la correspondiente a México, entre otras muchas, con títulos sugestivos: “El trabajo es sagrado, no hay que tocarlo”, “Las Vacas”, “En la Madre”, “Balada a Satán”, El Gavilán y las pollonas, “Jadeos de un jovenzuelo”... Pintorescos igualmente son los apelativos de sus figuras: “Don Añilio”, “Cunegunda”, “Coronato”, “Himenia Camafría”, “Capronio”, “Meñico Maldotado”, etcétera, etcétera...

Es abogado egresado de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, maestro en lengua, literatura y pedagogía y cronista oficial de la ciudad de Saltillo. Desempeñó igualmente la dirección del Ateneo Fuente y posteriormente de la Facultad de Ciencias de la Comunicación (datos entresacados de Wikipedia). Siempre sonríe y no sé por qué. ¿Será que mentalmente se regodea con sus propios chascarrllos o estará pensando en cosas peores?

Abuelo reciente, se enorgullece y agradece con “deliciosa herejía” a Dios Padre esa calidad de vida que lo convierte en inmortal a través de sus nietos, y porque “llenan su cielo de felicidad”, palabras que configuran la presentación de su libro “De abuelitas, abuelitos y otros ángeles benditos”, un tratado pletórico de ternura, humor y expresiones humanistas que ablandan temperamentos y enderezan rumbos, sin faltar la ironía característica del autor.

Con su permiso, va un ejemplo: -Habló tu papá. Creo que deberías ir a verlo; ya hace un mes que no sabes de él. -”

¿Otra vez? Carajo, tú ves el trabajo que he tenido. No tengo tiempo para nada. ¿Le pasa algo? ¿Está enfermo?

-No, parece que se ha sentido bien, pero dice que ni por teléfono ha podido hablar contigo; que en la oficina le dicen siempre que no estás. ¿Por que no le das una vuelta? -Hoy no puedo, a ver si el próximo domingo, si es que no nos llaman los compadres. Si vuelve a hablar, dile no más que en uno de estos días le caemos. Y ahorita vengo. -¿A dónde vas?

-A pasear al perro.

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