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Columnas la Laguna

IBERO TRANSFORMA

ZAIDE SEÁÑEZ MARTÍNEZ
martes 28 de julio 2020, actualizada 9:06 am


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Navegando por YouTube encontré una intérprete argentina que me ha cautivado. Tiene por nombre Loli Cosmica (sin acento). Su acervo musical incluye melodías de cura, de rezo, de la tierra, de las estrellas y del cosmos, pues así lo manifiesta en su Facebook. Loli considera que la música es fuente de conexión con el aquí y el ahora. Además de la sensibilidad con la que redacta sus propuestas, es posible percibir en ellas los sonidos de instrumentos que acompañan armoniosamente las voces, dando una sensación de tranquilidad y paz al que escucha, y trasladarlo mágicamente a un ambiente de textura colorida, con aromas propicios para la meditación y el agradecimiento profundos.

Una de las melodías que más he disfrutado se llama “Sagrado femenino”. Es una delicia escucharla; dejarse tocar por los sonidos de su melodiosa voz y por los ritmos tan especiales de los instrumentos. La letra, me parece, es un himno a la naturaleza de la mujer como fuente de creación, y por lo tanto, con poder sanador: “somos medicina, mujeres medicina”, entona una y otra vez. Loli describe al género como un ser guiado por un sagrado femenino que le permite alcanzar toda su plenitud, llegar a su destino. Tal vez tenga que ver con ese sexto sentido que se dice poseemos las mujeres. Sin embargo, a mí me remonta a esa dualidad femenina que, aunque contradictoria, considero que es lo que da fuerza a nuestra naturaleza. Catalogado como sexo débil físicamente, es sin embargo de carácter férreo e inquebrantable cuando se trata de cuidar lo suyo y lo que ama, muchas veces a pesar de ella misma.

El útero es considerado por la cantautora como portal de la vida y le otorga el poder de purificar el linaje de las mujeres; su canto parece también un rezo por la sanación de las vidas pasadas. Y es que al dar vida a otro ser humano nace también la oportunidad de crear nuevas historias, nuevos sueños, nuevas esperanzas. Es un motivo para olvidar dolores pasados, decepciones acumuladas o ilusiones truncadas. Somos medicina y al ser madres, somos sagrada medicina, pues procrear vida es un milagro, hacerla crecer y ayudarla a llegar a ser lo que está destinada a ser.

Para la artista, las mujeres tenemos la hermosa tarea de compartir una misión creadora y sanadora, y en su letra deja entrever que debemos hacerlo en conjunto, unidas, respetando, honrando y amando nuestra naturaleza. Cantar y danzar juntas para despertar a la vida, contagiando de alegría, dando ejemplo de amor y compasión. Dar vida es florecer, es dejar correr la sangre sin límite, es sembrar esperanza.

Varias jóvenes acompañan a la intérprete en el video, grabado en el campo, rodeadas de naturaleza que, más que opacar la escenografía, la enaltece por su sencillez, con Pachamama como cómplice incondicional del clan mujeril. Algunas rascan sus guitarras, otras frotan extraños instrumentos, mientras otras más bailan de manera rítmica, agradeciendo a la vida por ser mujeres. Esta escena realmente refleja el sagrado femenino que orienta nuestra vida.

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