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Columnas la Laguna

ANÉCDOTAS

IMAGEN, LEGADO Y CULTURA, ¿A LA BAJA EN GÓMEZ PALACIO?

HIGINIO ESPARZA RAMÍREZ
viernes 24 de julio 2020, actualizada 8:56 am


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En Gómez Palacio, Durango, quedaron inconclusos y en el abandono proyectos culturales, literarios y de imagen que hubieran sacado del marasmo a la segunda ciudad más importante del estado de Durango y de la Comarca Lagunera, después de Torreón. No hay un archivo municipal, tampoco existen el museo que se tenía planeado crear en las instalaciones de la antigua estación del Ferrocarril, lo mismo que el proyectado para la histórica finca de don Jacinto Faya, en la avenida Morelos y el nulo uso de un teatro al aire libre ubicado por la calle Zaragoza, frente a los -eso sí- concurridos tacos al vapor que a su modo también forman parte de la historia de la ciudad, cuna de la Revolución Mexicana, asiento de la extinta casa redonda, talleres donde eran reparados máquinas, carros y vagones de los desaparecidos Ferrocarriles Nacionales de México, y en los 40-60 del siglo pasado, poseedora de un refulgente diamante beisbolero en los patios de la demolida Jabonera La Esperanza, del mismo modo arrasado por los virulentos vientos de la modernidad y el desdén ciudadano.

En su libro "La Plaza Juárez de Gómez", el licenciado en Derecho, Héctor Raúl Avendaño, hace un llamado a las autoridades municipales y estatales en turno, para preservar la herencia histórica y cultural de la urbe "con una serie de acciones que dignifiquen los bienes de nuestro vapuleado y relegado municipio". "Nuestra ciudad está urgida de limpieza y rehabilitación en vialidades, parques, escuelas y edificios históricos. Muy gratificante sería el rescate y restauración de algunas fincas antiguas de valor histórico y artístico, que todavía las hay, pese a la reiterada complicidad que se da entre los depredadores y los agentes del departamento municipal de obras públicas, una instancia encargada de cuidar ese legado".

Del mismo modo maestro en ciencias políticas y administración pública, originario de la capital de Durango y por convicción ciudadano de Gómez Palacio, el licenciado Avendaño advierte en un emblemático S.O.S.: "El optimismo y empuje de los gomezpalatinos ha decrecido en consonancia con la decadencia que campea en nuestro terruño. El clima de inseguridad y violencia -y el confinamiento por el coronavirus, agrego yo- le están dando la puntilla a nuestro espíritu de superación".

"La tristeza nos embarga al recorrer la ciudad y observar en su parte norte, muy cerca de la Plaza Juárez, multitud de terrenos baldíos, de fincas a punto de derrumbarse, sin puertas, víctimas de la rapiña, que ofrecen a propios y extraños una inmediata sensación de decrepitud". Lo mismo ocurre en los sectores céntricos, aclara. Urgen, por lo tanto, acciones reivindicativas con una nueva campaña municipal de limpieza que nos permita abrigar sentimientos de mejoría.

Indolencia oficial indignante también la hay en los robos de los bustos de bronce de la escritora duranguense Nellie Campobello del jardín contiguo a la grisácea Casa de la Cultura, el de Francisco I. Madero, en la rotonda de las calles Madero y Durango, colonia Sánchez Álvarez; el busto en bronce de don Santiago Lavín Cuadra, en Urrea y Madero. Tampoco han quedado placas descriptivas del Gómez Palacio orgullo de nuestros antepasados", denuncia el también bachiller y servidor público cuyos apuntes "para una microhistoria de Gómez Palacio y otros textos" son de gran relevancia a fin de profundizar en las carencias de una comunidad que, por cierto y como anécdota chusca, no supo conservar la brida original de bronce del caballo que monta el general Francisco Villa en el Cerro de la Pila, un equino macho que nada tiene que ver con la yegua "Siete leguas", ni tampoco la placa conmemorativa del centenario de la gran batalla que libró la población en la lucha revolucionaria, define el escritor y columnista, defensor apasionado de la riqueza cultural y verdadera de una "ciudad heroica y sitio histórico de interés nacional", su complemento denominativo conferido por el Ayuntamiento. La H, por lo tanto -subraya Avendaño-, debe anteceder a su nombre a fin de exaltar hechos históricos que "la ennoblecen y dignifican". (En bulevar Presidente Alemán y calle Montecarlo, un terreno baldío de un cuarto de hectárea, donde se encontraban las instalaciones del DIF municipal, es una muestra más de la incuria oficial, pues afea uno de los cuadros urbanos más transitados de la ciudad, con restaurantes, comercios, tiendas de servicio, una escuela primaria y una universidad)

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