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Cultura

La devoción que danza desde 1951

El grupo de danza Los Bachos se fundó hace casi 70 años gracias a Venancio Rodríguez

SAÚL RODRÍGUEZ/ EL SIGLO DE TORREÓN
TORREÓN, martes 24 de septiembre 2019, actualizada 9:12 am

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Es el mediodía de un domingo septembrino, a la antesala del otoño. Las instalaciones del Museo del Ferrocarril comienzan a vibrar con el palpitar de las tamboras. Un estandarte rojo, bordado con la virgen de San Juan y coronado con un moño negro en memoria de un integrante fallecido, aparece entre vagones y capitanea al séquito.

Los devotos visten en nahuillas. Sus penachos apuntan al cielo con plumas naranjas y negras. Éstas son movidas por la brisa mientras el estruendo rebota en el techo de lámina y se amplifica en la admiración de los presentes.

Danzan, rematan el suelo como la fe les enseñó. El polvo levantado es el eco de una memoria que habla a través del colorido mosaico de sus guajes. La percusión de sus arcos funge como contrapunto. Cada carrizo vibra con la tradición de todo un barrio. La danza es un trabajo en equipo; más de 30 almas unidas en una sola.

Se trata de la presentación del grupo de danza de la Santa Cruz Los Bachos, fundado en 1951 por Venancio Rodríguez, en las devotas terrazas del Cerro de la Cruz, en Torreón.

Nacido el 1 de abril de 1933 en Zacatecas, don Venancio demostró su fe a través de la danza desde los cinco años de edad.

El destino lo trajo a La Laguna. Sus allegados le apodaban "el Bacho", por eso este grupo de matlachines fue bautizado así. Tras su muerte, el 19 de octubre de 1992, sus hijos continuaron la tradición, siempre reclutando a gente joven para que la agrupación no decayera y permaneciera.

LEGADO

Entre los vagones convertidos en galerías de museo, la figura de doña Esther Rodríguez, hija de don Venancio, aparece al terminar la presentación. Se ha quitado su penacho y es quien ahora lidera al grupo tras el deceso de su hermano Cipriano, ocurrido el pasado 6 de mayo (el porqué del moño negro que se abraza al estandarte).

"La cultura es muy importante en lo religioso. Nosotros tratamos de llevar, lo más que se pueda, el aspecto religioso: el aspecto al vestuario, el respeto a la imagen, el respeto a la cultura, a lo espiritual… más que nada a lo espiritual".

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Comparte que todas las nahuillas del grupo están bendecidas, porque en ellos la cultura y la religión tienen un lazo muy fuerte. Hay un respeto dibujado en sus ojos, un amor por la trayectoria y la memoria de su padre, quien creó la agrupación a la edad de 18 años.

"Tratamos de que el recuerdo de mi padre siga vivo. Eso es lo que trato porque ya tengo 60 años y todavía sigo aquí; pero sigo por eso, porque quiero que mi padre siga vivo, que lo recuerden".

Cuando danza se entrega en espíritu. Su baile, dice, es una oración a Dios. "En mi ser siento que mi Padre Dios está conmigo, que mi Madre Santísima me acompaña, eso era lo que sentía mi padre (…) Son tradiciones culturales, pero para nosotros es una devoción que mi padre nos dejó. Año con año seguimos y seguimos hasta que Dios, nuestro Señor, nos dé licencia".

En su visión, la danza también es un medio para transmitir la devoción, para que no se pierda. Se debe realizar de corazón, con el fin de que las nuevas generaciones adopten el mensaje.

Uno de los integrantes más jóvenes del grupo es Ángel, un tamborero de ocho años de edad. La pequeña tambora blanca que tocó con emoción le fue regalada el día de su cumpleaños.

"Era una promesa que mi hermano Cipriano le había prometido. Dios, nuestro Señor, se lo llevó y no tuvo tiempo de obsequiársela. Nosotros se la acabamos de dar el día 10 de agosto".

Las principales festividades para el grupo de Los Bachos acontecen el 3 de mayo (día de su aniversario) y el 9 y 10 de agosto (por el día de San Lorenzo).

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