IBERO TRANSFORMA

Columnas la Laguna FLOR A. VARGAS C.

El día de ayer, se esperaba el regreso a clases de unos 25 millones de estudiantes de educación básica, otros 5.4 de nivel medio superior, más de 3 millones de nivel universitario y otros tantos en educación para el trabajo, que totalizan al menos 33 millones. Prácticamente la cuarta parte de la población del país. 

Sin embargo, deberemos esperar al reporte final, pues como se sabe, una de las principales causas de deserción escolar es el factor económico y el 2020 fue un año de muchos empleos perdidos, formales e informales.

No obstante, si bien antes ya se hablaba de la necesidad de que los métodos de enseñanza-aprendizaje evolucionaran, las diferentes crisis que dejó al descubierto la pandemia, nos conminan a revisar con mayor urgencia y, en consecuencia, ajustar los planes educativos, a una serie de nuevas circunstancias.

En nuestro país aún no se había consolidado el método por competencias y el mundo nos obligó a la educación a distancia, que puso a prueba el avance de este enfoque educativo. Nos dimos cuenta que los niños y jóvenes, en su mayoría, no están listos para gestionar su aprendizaje y que muchos conocimientos no están consolidados. Competentes no lo son, todavía.

Aunado a ello, los profesores no vimos venir el gran reto que implicaba lograr las metas de aprendizaje en ambientes, prácticamente, nuevos para nuestra labor.

Quedaron de manifiesto las grandes desigualdades económicas y académicas para poder continuar con éxito en la formación de los jóvenes.

Todos, profesores, alumnos y padres de familia, tuvimos que comenzar a aprender sobre la marcha, más allá de los contenidos de las asignaturas, nuevas habilidades y competencias para alcanzar la meta; nos dimos cuenta del gran valor de la presencialidad para un desarrollo más pleno del proceso.

El mundo de hoy requiere muchas otras habilidades que, desde hace tiempo, se desatendieron en nuestra sociedad:  el cuidado de uno mismo y de quienes nos rodean; dar importancia a la inteligencia emocional para poder transitar por situaciones complejas y salir avante; así como a disfrutar lo que sí se tiene, sobre todo lo invaluable monetariamente. Olvidamos enseñar la cultura del esfuerzo y trabajo arduo para lograr nuestros deseos. Dejamos de lado desarrollar el pensamiento crítico, y hacernos responsables de lo que piensan, porque eso que creemos, eso creamos. Mostrar que rodearse de personas positivas y comunicarse mejor es un mejor camino para crecer con mayor facilidad. A final de cuentas, esta vida no es sino la consecución de metas, qué mejor que sean de crecimiento.

Arrancamos un nuevo ciclo y los adultos responsables de guiar y formar a otros (padres de familia y docentes), tenemos que asumir el reto de formarlos en la confianza y respeto, a ellos mismos y a los demás.

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