PANORAMA

Columnas la Laguna RAÚL MUÑOZ DE LEÓN

Hace 25, 15 y aún 10 años, si alguien comentara la posibilidad de una alianza de las tres fuerzas políticas nacionales que, históricamente, han sido rivales en el terreno de la práctica político-electoral, sobre todo en el campo de las tesis filosóficas y de la ideología; quien se atreviese a tal cosa, se le calificaría de loco, o por lo menos de absurdo e ignorante de la realidad.

Hoy la ley electoral permite ese tipo de alianzas, por lo que jurídica y políticamente nada hay que criticar; lo cuestionable surge desde el punto de vista ético o moral. Con principios doctrinarios contradictorios y programas de acción en apariencia irreconciliables; con un diferente y opuesto concepto de la ética política y una confrontada interpretación de la historia, interpretación histórica diferente porque deriva de un análisis ubicado en distintos ángulos de observación en donde el proceso dialéctico de tesis, antítesis y síntesis opera con una óptica de la realidad de manera convencional y simplista.

Probablemente afectados por la pandemia, que sufren México y el mundo entero, el hecho de que el PAN, el PRD y el PRI, de derecha, uno, otro de izquierda y el último del centro, hayan pactado celebrar una alianza para enfrentar a Morena en los comicios del próximo año, sólo ofrece una explicación: lo frágil y quebradizo de los principios que sustentan dichos partidos; la falta de respeto que tienen por su origen y el desdén hacia la militancia, olvidándose de las banderas que en su fundación enarbolaron, lo cual representa una burla para el electorado, que en su oportunidad cobrará la factura, pero sobre todo exhibe el temor que tienen de ir solos a la contienda electoral y que están dispuestos a todo con tal de alcanzar el poder.

Morena, por su parte, no obstante haber triunfado de manera arrolladora en los comicios del 2018, ha anunciado que hará alianza con el Partido del Trabajo y el Verde Ecologista; lo cual implica que no se siente seguro. Esto se comprende de manera natural porque su nivel de popularidad ha disminuido, no es el mismo que antaño tuvo. Tal es el panorama que se avizora.

Se entiende que en el proceso electoral del 2021 usarán la mencionada coalición como vía experimental, con la mira puesta en el 2024, año en que se renovará el ejecutivo federal; es lo que realmente les interesa.

Cuál será la oferta política que el candidato común surgido de cada una de esas alianzas, pueda hacer a los potenciales electores?; una propuesta seria, viable, que sea convincente y pueda mover el ánimo hacia ese candidato y ganar la confianza y con ella la voluntad ciudadana para atraer votos a su favor. Resulta complicado imaginarlo.

¡Cosas veredes, Mío Cid!, ¡Oh témpora, oh mores! Las cosas que hay que ver; qué tiempos, qué costumbres. Ir a contrapelo de la historia, de su propia historia. En el caso de la primera alianza mencionada, encerrados en una sórdida lucha por el poder, con el propósito de detener el avance de un partido al que consideran más fuerte y peligroso, tratando de evitar que dicho partido conserve el poder que hoy detenta; y en la segunda hipótesis, valerse de todo tipo de maniobras y triquiñuelas para conservar, para mantener el status actual, porque les conviene y seguir ejerciendo el poder de manera omnímoda.

Los protagonistas de ambas coaliciones creen que podrán lograrlo mediante alianzas ficticias, sin bases sólidas. Al final, sea cual fuere el resultado electoral, esas “fuerzas” políticas aliadas por un eventual interés político electorero, exhibirán su condición de organizaciones incapaces de navegar por sí solas, que necesitan de vejigas para avanzar en el proceloso mar de la política, en donde el pez más inofensivo puede convertirse repentinamente en tiburón. Un político de mi ciudad, folklórico y “dicharachero” tenía un dicho aplicable al caso: “las águilas vuelan solas; los chanates, en cambio, tienen que volar en parvada”.

Se augura que los que están ganosos y se sienten con capacidad, en su momento se enfrentarán entre ellos, pues habrá fuerte lucha para la designación del candidato; ¿lograrán ponerse de acuerdo? ¿de dónde saldrá éste? Esta cuestión, sin duda, debilitará la ya de por sí mermada presencia de los aliados chicos.Y hará crecer la fuerza política del rival. Y ya designado el candidato, suponiendo que es de extracción perredista, en la campaña que lleve a cabo, ¿hablará en favor de los postulados del PRI, alabará las acciones panistas?; si acaso surge de las filas del revolucionario institucional, ¿se convertirá en abanderado de los principios perredistas y panistas? Complicada situación. No pueden aliarse alacranes y tarántulas, pumas y jaguares, serpientes y caimanes.

El tema de este Panorama es la alianza que los mencionados partidos pretenden llevar a cabo, argumentando, los primeros, en vía de justificación de su alianza, que es necesario que el país vuelva al orden constitucional, pues, dicen, las acciones y actitudes del Presidente de la República rebasan los límites señalados en la Carta Magna para cada uno de los Poderes, lo que pone en riesgo la vida institucional de México; ante el peligro de un autoritarismo a ultranza, consideran que con la reelección estaremos a un paso de la dictadura, acabando con la incipiente democracia que tenemos. En tanto que los partidos de la segunda alianza, argumentan que hay que evitar a toda costa el regreso de los corruptos al poder. 

Tal vez sus argumentaciones tengan validez, pero que vayan a la arena política con sus propias armas y no se vean como “montoneros” de barrio en una pelea que debe ser pareja. 

r_munozdeleon@yahoo.com.mx
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