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De la Loma al divisar el Cerro de la Pila

SIGLOS DE HISTORIA

DR. LUIS ALBERTO VÁZQUEZ ÁLVAREZ
domingo 02 de marzo 2014, actualizada 9:15 am

(Segunda y última parte)

INFORMACIÓN RECOPILADA POR EL DR. LUIS ALBERTO VÁZQUEZ ÁLVAREZ

Nuevamente, la estrella de la naciente tropa revolucionaria, formada en su mayoría por generales laguneros y que engrosaba sus filas por innumerables coterráneos, brilla con máximo esplendor y ahora se abriría camino al norte de la patria.

Lo siguiente, sería la ciudad de Chihuahua, capital del estado más extenso del país; es aquí donde Villa, Felipe Ángeles y demás generales de esta gloriosa división, van a demostrar su genialidad: Chihuahua está muy bien defendida; no será nada fácil conquistarla, de hecho, los ataques villistas son repelidos una y otra vez por los defensores federales: Es ahora cuando Villa decide dirigirse a Ciudad Juárez, pero preparando una estrategia magnífica. Rumbo a esa frontera, descubre un tren que descendía hacía Chihuahua y se apodera de él, en la siguiente estación apresa al telegrafista y lo obliga a informar, utilizando el nombre del jefe del tren, un mensaje en que avisa la imposibilidad de seguir adelante, dado que la vía ha sido cortada por los revolucionarios. El mando federal de Ciudad Juárez ordena al mencionado tren regresar, dando pues marcha atrás, en todas las estaciones reporta su regreso sin alguna otra novedad. Villa con dos mil hombres se sube al tren, mientras su caballería lo sigue, en cada estación inteligentemente corta la línea hacia el sur, el tren lleno de villistas entra a Ciudad Juárez prácticamente sin anunciar su llegada y sin despertar sospechas. La sorpresa es mayúscula, las tropas federales que suponían a los villistas atacando la capital, se rinden con el enemigo ya adentro de sus defensas; ha caído, prácticamente sin disparar un solo tiro la frontera más importante y el nombre de Villa inunda los periódicos del mundo. Pertrechos y bastimentos son tomados por los revolucionarios y aún queda mucho por recibir en un lugar tan bien comunicado. Victoriano Huerta y sus generales buscan revertir el fracaso y envían tropas desde Chihuahua, pero en Tierra Blanca son derrotadas en lo que sería una de las batallas más emblemáticas e importantes de esta etapa de la revolución, lo que sigue es Chihuahua.

Los habitantes de Chihuahua vivieron momentos difíciles, además del temor al ataque villista, las tropas de Pascual Orozco, antes de huir, saquearon la ciudad, razón por la cual el General Salvador Mercado, jefe federal que la había defendido, ordenó la evacuación a fines de noviembre del 13, y emprendió la huida a Ojinaga, ciudad fronteriza con la Unión Americana, de donde esperaba recibir ayuda.

Francisco Villa y su ejército ocuparon la capital norteña el ocho de diciembre, pero no paraba ahí su decisión de tomar todo el estado, fue entonces que ordenó a los Generales Toribio Ortega y Maclovio Herrera que atacaran Ojinaga, acción que realizaron el 10 de enero de 1914; el empuje de los villistas provocó que en pocas horas la resistencia federal cediera y éstas esa noche evacuaron la plaza atravesando la frontera, con tan mala suerte que fueron aprehendidas por los norteamericanos. La toma de Ojinaga aseguraba para el ejército revolucionario la frontera norte y ahora habría que enfilar cañones y tropas hacía el interior del país.

Ahora continuaría La Laguna, importante centro ferrocarrilero, comercial y agrícola, región privilegiada por Porfirio Díaz, pujante población compuesta de etnias trabajadores que en pocos años había logrado un renombre nacional y mundial. Huerta enviaría a ella lo mejor de sus oficiales y la crema y nata de sus tropas; sabía que perderla abría el camino hacia el centro del país y a la supresión total de su poder dictatorial.

Antes de ceder a mis amigos historiadores de La Laguna el ofrecer con magistral visión para nuestro deleite la historia de la Batalla de la Laguna, dejo una visión, ingenua, pero sincera de Villa en esos días acerca del futuro que él imaginaba para su país.

Visión social de Francisco Villa hacía 1913:

En una entrevista a John Reed, le expuso sus sueños, resumidos en estas palabras.

"Cuando se establezca la nueva república, ya no habrá más ejército en México.

Los ejércitos son el mayor apoyo de la tiranía, no puede haber dictador sin ejército.

Pondremos a trabajar a las tropas, por toda la república estableceremos colonias militares compuestas por veteranos de la Revolución. El estado les proveerá tierras y establecerá grandes empresas industriales para darles trabajo.

Trabajarían muy duro tres días a la semana, porque el trabajo honesto es mejor que la lucha, y sólo el trabajo honesto produce buenos ciudadanos, los otros tres días recibirían instrucción militar y saldrían a enseñar a la gente a luchar. Entonces, cuando la patria fuera invadida, sólo tendríamos que llamar por teléfono desde el Palacio de la Ciudad de México, y en medio día, toda la nación mexicana se levantaría desde los campos y las fábricas, totalmente armados, equipados y organizados, para defender a sus hijos y hogares.

Mi mayor ambición es pasar mis días en una de esas colonias militares entre mis compañeros que quiero, quienes han sufrido tanto tiempo y tan profundamente por mí. Me gustaría que el gobierno estableciera una fábrica para producir buenas sillas de montar y bridas, porque yo sé hacer eso, el resto del tiempo me gustaría trabajar en mi pequeña granja criando ganado y cultivando maíz.

Sería bueno creo yo, ayudar a que México fuera un lugar feliz".

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