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LIC ENRIQUE ARRIETA SILVA Domingo 15 de dic 2013, actualizada 8:33am ... Anterior El Siglo 14 de 16 Siguiente ... El Siglo

La evacuación de Torreón en 1913

El SigloGeneral Domingo Arrieta León.

SIGLOS DE HISTORIA

(PRIMERA PARTE)

Las fuerzas revolucionarias habían tomado a sangre y fuego la ciudad de Torreón el primero de octubre de 1913, y como era una importante plaza por ser un núcleo ferroviario en desarrollo, los huertistas emprendieron rápidamente sus esfuerzos para recuperarla. Fue así como muy pronto se supo del avance de una potente fuerza militar huertista que procedente de San Luis, avanzaba sobre Torreón con intenciones de no fallar en recuperarla para la causa del traidor Victoriano Huerta. Saberlo y prepararse para la resistencia fue una y misma cosa.

Fue así como muy pronto se supo del avance de una potente fuerza militar huertista que procedente de San Luis, avanzaba sobre Torreón con intenciones de no fallar en recuperarla para la causa del traidor Victoriano Huerta. Saberlo y prepararse para la resistencia fue una y misma cosa.

Dice el general Adolfo Terrones Benítez, en su artículo "Se inician los preparativos para partir en auxilio de la Plaza de Torreón, Coah., por encontrarse amagada por tropas a las órdenes del general J. Refugio Velasco", publicado en El Legionario, (Volumen VIII, número 84, 15 de febrero de 1958, p. 9), que el 25 de noviembre de 1913, el general Juan E. García, Jefe de la Guarnición de Torreón, dio parte por la vía telegráfica al general Domingo Arrieta, de que por la dirección de Saltillo, Coah., se notaba un fuerte movimiento de tropas procedentes de San Luis, con dirección a Torreón, mismos que se encontraban perfectamente organizados, armados y pertrechados, siendo en un número aproximado a 6,000 hombres de las tres armas, por lo que Domingo Arrieta, celoso de su deber y consciente de sus responsabilidades, se dirigió inmediatamente al general Juan E. García, para comunicarle que procedía a enviarle tropas suficientes para reforzarlo en la guarnición, citando ese mismo día 25 de noviembre a todos sus generales para el día siguiente a las diez de la mañana, para informarles del envío de tropas para la defensa de la Plaza de Torreón.

El primero en partir el día 29, fue el Regimiento Carranza como punta de vanguardia, invitándose al general Calixto Contreras, quien se desplazó inmediatamente con 1,000 hombres.

El día 2 se registró el arribo a la Plaza de Torreón del general Domingo Arrieta, para cooperar personalmente en la defensa de dicha Plaza. En la noche del 2 de diciembre, Domingo Arrieta, en el hotel Salvador de la ciudad de Torreón, tuvo una larga conferencia con los generales Calixto Contreras, José Carrillo, Severino Ceniceros, Bibiano Hernández, José García y otros, para tratar todos los problemas relativos a la proximidad del enemigo, quien ya ocupaba con sus avanzadas de infantería en trenes la estación de Talia, ubicada como a 70 kilómetros de San Pedro de las Colonias, mientras las caballerías federales se acercaban a la Plaza de Viesca, Coah. (Ibid pp. 10,11).

En esa junta se acordó la marcha al encuentro del enemigo, saliendo un fuerte contingente como punta de vanguardia a las órdenes directas del general Juan E. García, para reforzar la Plaza de San Pedro, así como otro bajo el mando del general Bibiano Hernández, para enfrentar a las caballerías que ya amagaban a Viesca. Ante lo difícil de la situación, el general Juan E. García, quien siempre se distinguió por su valor personal y por el cumplimiento de su deber y responsabilidad, tras un estudio de la situación, propuso al Cuartel General la evacuación de la Plaza de Torreón, por considerar inútil tratar de conservarla con tan escasos elementos de guerra, decidiendo a la vez esperar al enemigo en Luján, para tratar de detener su rápido avance sobre las Plazas de Gómez Palacio, Torreón y Lerdo, y de esa manera dar tiempo para que los generales Arrieta y Contreras organizaran debidamente la evacuación. (Idem pp. 11, 12)

Su conducta valerosa, desgraciadamente le costó la vida al general Juan E. García, pues herido de muerte al marchar a la extrema retaguardia, deteniendo con esfuerzos heroicos el avance de los federales, murió al amanecer del 7 de diciembre de 1913, por lo que el mando de sus tropas pasó a su hermano el coronel Máximo García. En esos momentos angustiosos, los generales Domingo Arrieta, Pánfilo Natera, Calixto Contreras, Mariano Arrieta y otros, se encargaron de organizar la evacuación de la Plaza de Torreón, lo cual ocurrió el mismo día 7 de diciembre, valiéndose de seis trenes, pues había que evacuar a un gran número de familias de Lerdo, Gómez Palacio y Torreón, que hacían un número de 8,000 civiles, toda vez que había un serio temor de que los federales tomarían represalias cogiendo de leva a los jóvenes aptos para el servicio de las armas en contra de la revolución, por lo que muchas familias, aunque con grandes penalidades, preferían huir hacia Durango. (Idem, pp. 14, 15)

En cuanto a la muerte del general Juan E. García, es de decirse que el general J. Isabel Robles, uno de los más serenos en el combate, le aconsejaba una y otra vez que no provocara tanto a la muerte y moderara su temeridad, pues si seguía empeñándose en ser el primero en entrar a combate y el último en retirarse podía perder la vida. Juan E. García no hizo caso y siguió su trayectoria vertiginosa de peligro y arrojo, por lo que el vaticinio de J. Isabel Robles, no tardó mucho tiempo en cumplirse.

Fue en Madero, Coah., el último jueves del mes de noviembre de 1913, cuando Juan E. García, con la determinación de contener al enemigo salió al encuentro de la muerte. Se peleaba con bizarría, cuerpo a cuerpo. Las fuerzas revolucionarias empezaron a retroceder ante el empuje de una fuerza superior en número, por lo que Juan E. García, conforme a su costumbre inveterada y temeraria de retirase en el último instante, se encontró de repente envuelto por el enemigo, que le formó un cerco de muerte.

Dos curros de la Defensa Social, viendo que don Juan E. García estaba cercado sin salida, le preguntaron con ironía cargada de cobardía: ¿Y ahora quién vive don Juan? Si los dos curros esperaban que implorara clemencia o se desdijera se equivocaban totalmente, no en balde García desde que se lanzó a la revolución se había casado con la muerte y le sería fiel, como fiel le había sido a las ideas revolucionarias. ¡Viven Madero y yo! Fue la respuesta inmediata de don Juan, seguida de la descarga de su pistola. Volvió las riendas de su caballo para intentar lo imposible y una bala de rifle lo atravesó de lado a lado. Sus hombres con bastantes dificultades, lo recogieron herido de muerte y lo llevaron violentamente a su carro de tren en donde expiró al engancharse la máquina.

Volviendo a los angustiosos momentos de la evacuación de Torreón, escribe el general Adolfo Terrones Benítez, que Domingo Arrieta, asumió la responsabilidad de trasladar con bien a los ocho mil civiles, y para hacerlo de manera conveniente tuvo que esperar hasta el último momento, tan hasta el último, que el tren de Pánfilo Natera, abandonó la Plaza rumbo al norte bajo el bombardeo de la artillería enemiga. Así las cosas el general Domingo Arrieta, al frente de sus tropas combatió desesperadamente, por mantener libre el camino de la evacuación. Otro tanto hicieron los generales Ceniceros, Contreras y Hernández en la ciudad de Torreón.

El general Domingo Arrieta presente en la línea de fuego, ordenó preparar a su escolta para entrar personalmente en acción en el momento más oportuno. Ese momento llegó a las ocho de la mañana del día 9, y como el momento revela el extraordinario valor de Domingo Arrieta, transcribo literalmente al general Adolfo Terrones Benítez:

…Serían más o menos las 8 de la mañana del día 9 de diciembre, cuando una columna de caballería al mando del C. General Benjamín Argumedo, intentó cortar nuestra retirada, ejecutando una maniobra de flanqueo por nuestra ala derecha, y fue el momento en que el señor General Domingo Arrieta, en forma por demás temeraria y a campo raso, al frente de su escolta, se lanzó a carrera abierta al encuentro del enemigo, entablándose un terrible encuentro para resolver una situación decisiva; pero afortunadamente el General José Carrillo al frente de un poco más de cien hombres, atacó a los orozquistas por su flanco izquierdo, y esa maniobra contribuyó a que dieran media vuelta, batiéndose en retirada y sufriendo fuertes pérdidas, aún cuando sus intenciones eran unirse a las infanterías que en esos instantes también avanzaban por ese rumbo, haciendo fuego sobre los Tajos que ocupábamos. Poco tiempo después al abandonar nuestras posiciones bajo la presión del fuego enemigo, notamos que el señor General Domingo Arrieta había sido herido por el enemigo, en la pierna derecha, matándole el caballo que montaba; pero aún así después de haber remudado, no quiso abandonar la lucha, y sólo insinuó que ya era hora de abandonar las posiciones, para emprender la retirada, porque ya no había necesidad de exponer más gente, tomando en cuenta las circunstancias tan desventajosas en que nos encontrábamos peleando contra un enemigo que contaba con los mejores elementos de combate y en mayor número… iniciamos la evacuación definitiva de Ciudad Lerdo, Dgo., como a las 10 de la mañana del día 9 de diciembre de 1913, y bajo un nutrido fuego del enemigo. Consecuentemente, en esas circunstancias continuamos peleando hasta alcanzar las compuertas de los Tajos de San Isidro y Luján, a eso de las 12 del día.

Fue así como Domingo Arrieta detuvo una de las terribles cargas de caballería de Benjamín Argumedo "El Tigre de La Laguna", haciéndolo voltear grupas.

A esto hay que agregar que el caballo que montaba Domingo Arrieta, recibió once tiros, y que una de las balas que le atravesó la pierna derecha le metió un pedazo de pantalón, originando con ello que la pierna se le empezara a gangrenar, por lo que en peligro estuvo de perder no sólo la pierna derecha, sino hasta la misma vida.

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