Arsénico en el agua y salud pública, El Siglo de Torreón
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EDITORIAL

Arsénico en el agua y salud pública

A la ciudadanía

MANUEL VALENCIA CASTRO
miércoles 23 de enero 2013, actualizada 9:10 am


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Anque parezca obvio y se comente el asunto casi a diario en los medios informativos, aun existen personas que creen que el contenido de arsénico en el agua que se bebe en la Comarca Lagunera no constituye un problema de salud pública.

Los especialistas indican que la salud pública tiene como propósito prevenir enfermedades, prolongar la vida y fomentar la salud. Por otra parte, consideran que un problema de salud pública es aquel evento que se presenta con alta frecuencia y es de gran peligrosidad. De acuerdo con la Agencia Internacional para la Investigación sobre Cáncer (IARC por sus siglas en inglés), cada vez son más las poblaciones afectadas por el arsénico en el planeta, en opinión de esta agencia y de otros organismos científicos, el arsénico es considerado como un agente carcinogénico para humanos según estudios epidemiológicos que relacionan la ingestión de arsénico en el agua de bebida y cáncer en la piel y estudios ocupacionales que relacionan la exposición al arsénico y cáncer del pulmón (IARC). En México existen 16 millones de personas expuestas al hidroarsenicismo, lo que representa un grave problema de salud. De acuerdo con la Dra. Patricia Ostrosky, directora del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, estudios epidemiológicos realizados en diferentes partes del mundo han demostrado también que el arsénico está asociado a la diabetes mellitus. En este sentido, podemos aseverar que la exposición al arsénico es efectivamente un problema de salud pública.

La presencia de arsénico en el ambiente, incluso en altas concentraciones, puede ser natural como de hecho ocurre en Argentina y chile, no obstante, en otros países como México y China, la presencia de elevadas concentraciones de arsénico en el ambiente se debe principalmente a las actividades económicas de sus pobladores. En México la minería y la sobreexplotación de acuíferos subterráneos son la principal causa de la contaminación del agua por arsénico.

La cantidad de arsénico en el agua que puede ocasionar problemas de salud pública aún se sigue investigando, sin embargo, a la fecha se han generado una gran cantidad de investigaciones sobre los daños que pueden provocar a la salud de las personas determinadas cantidades de arsénico en el agua de bebida. Esto ha permitido ajustar de forma gradual las normas o valores recomendados de arsénico en el agua, como la que durante más de medio siglo se pensó que valores de 50 microgramos por litro no ocasionaban daño a la salud o por lo menos se disminuía. Investigaciones como las de Chen y colaboradores llevadas a cabo en Taiwán, cambiaron la visión internacional de la exposición a arsénico a dosis bajas, inferiores a 50 microgramos por litro. Sus resultados demostraron que la exposición a largo plazo a cantidades bajas de arsénico en el agua de bebida se asociaba a la incidencia de cánceres de piel, pulmón, vejiga urinaria, riñón, e hígado. Esto ocasionó que en los Estados Unidos de América por ejemplo, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) revisara por recomendación de la Academia Nacional de Ciencias de este país, la norma para arsénico en el agua de consumo y fue en el año 2001 cuando definitivamente se consideró reducir de 50 microgramos por litro a 10 microgramos por litro la concentración de arsénico en agua para beber. El motivo explicito de dicho ajuste fue que permitiría disminuir el número de varios tipos de cáncer y de otras enfermedades entre ellas diabetes e hipertensión.

Previamente la Organización Mundial de la Salud (OMS) había publicado en 1991 la guía de calidad de agua para arsénico, sugiriendo a la comunidad internacional que el valor aceptable de arsénico en agua debería ser menor a 10 microgramos por litro.

Desde luego en México no se aceptó la sugerencia de la OMS y es fecha que no se ha podido disminuir la norma de 25 microgramos por litro, seguramente, diversos intereses se ponen en juego para impedir la disminución, tomando en cuenta que las tecnologías disponibles hasta ahora para remover el arsénico del agua son sumamente costosas. No obstante, es razonable pensar que ninguna tecnología compite con los procesos naturales de los ecosistemas que son capaces de actuar como filtros para remover los diversos contaminantes del agua. Por otro lado, en el mediano y largo plazo, resultaría más económica y socialmente aceptable la consideración de equilibrar en una primera aproximación los acuíferos subterráneos y después recuperarlos, tendríamos agua para siempre y sin arsénico; habría una menor presión sobre la salud de todos los que habitamos alguna región del país, que como la Comarca Lagunera, intentan salir adelante hacia una forma de vida más civilizada, segura y saludable.

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