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ILHUICAMINA RICO M. Domingo 28 de oct 2012, actualizada 11:56am ... Anterior El Siglo 14 de 14 Siguiente ... El Siglo

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VILLA, BILLETES Y BANCOS

FranciscoVilla le asignó como “Préstamo Forzoso” a cada banco establecido en Torreón y de Gómez Palacio la suma de 80 mil pesos que tendrían que cubrir de inmediato. Estos “préstamos” provocaron una situación difícil para dichas instituciones al reducir sus fondos y a la ciudad al escasear los billetes. A fin de salvar el poco numerario quemantenían en sus cajas o para subsanar su inexistencia, el 7 de octubre de 1913 los gerentes de los cinco bancos de Torreón y del de Gómez Palacio (Banco de La Laguna, Banco de Coahuila, Banco Nacional deMéxico, Banco de Londres y México, Banco Deutsch-Sudamerikanische y el Minero Sucursal de Gómez Palacio), convinieron que cada uno de ellos extendiera cheques a cargo de los otros, hasta cien mil pesos. Los cheques se hicieron en denominaciones de uno, dos, cinco, diez y veinte pesos que circularían entre el público como dinero, pagaderos en efectivo una vez se abriera la línea del ferrocarril a la Ciudad de México. Los cheques de banco a banco fueron impresos por C.Montauriol y Valdez, en diferentes tipos de papel. El banco que gira aparece en letras chica en el ángulo inferior derecho, en tanto que el banco girado aparece en el centro, en letras grandes.

Estos cheques tenían en un principio un carácter temporal, pero la situación económica prevaleciente hizo que los bancos emitieran otra serie de cheques en diciembre de ese año y en febrero de 1914. No hubo después de esta fecha otra emisión de cheques porque los bancos trasladaron sus oficinas a la Ciudad de México y Estados Unidos, posiblemente por temor a que Villa tomara represalias en contra de ellos. El BancoAmericano de Torreón por su parte hizo circular sus propios cheques como dinero. Algunos de los cheques que aún existen tienen impresa la leyenda: San Luis Potosí y Guanajuato, por lo que es muy probable que se hayan usado fuera de La Laguna. Además de este tipo de dinero, circularon en la ciudad cupones de pasaje del tranvía eléctrico de Torreón a Lerdo como dinero en efectivo, así como algunos tipos de monedas y billetes de las grandes haciendas de la comarca, conocidas como tlacos.

BILLETES REVOLUCIONARIOS

Los “préstamos forzosos” no resolvieron el problema económico para los rebeldes, por lo que hubo necesidad de imprimir billetes revolucionarios para pagar a las tropas. La introducción de estos bilimbiques, que circularon abundantemente en la Comarca Lagunera, no fue perjudicial para la economía. Uno de sus primeros efectos fue la desaparición de la moneda metálica y la aparición de las emisiones de papel moneda de admisión forzosa (la vida estaba de por medio) que lanzaron los jefes revolucionarios. Al principio fueron recibidos casi con agrado, ya que se le aceptaba a la par con el dinero metálico lo que no impidió que se percibiera la diferencia enorme entre ellas como después se vio. Los hombres de negocios, casi en su totalidad, habían abandonado el país ante la amenaza del avance de la revolución cuando aún había forma de salir, de tal manera que el papel moneda de la revolución afectó sobre todo a la clase media y al pueblo. La caótica situación impidió ver el quebranto que originaban sobre las citadas clases ya que si recibieron sus salarios y pagos con estos bilimbiques, éstos eran admitidos sin ningún problema para comprar cualquier cosa. Sin embargo esta situación fue aprovechada por hombres sin escrúpulos para amasar grandes fortunas. Como los auténticos comerciantes se había ausentado fueron substituidos por algunos audaces hombres que sin arriesgar nada y contando con la protección y en sociedad con algún general se lanzaron a la especulación en grande. Los nuevos hombres de negocios introdujeron en la región trenes enteros de mercancías, comprando alhajas, mobiliarios y pequeñas propiedades haciendo todas estas operaciones usando los bilimbiques. Con hábiles maniobras convirtieron billetes revolucionarios, de insignificante valor, en dólares. Cuando uno de estos billetes se veía amenazado de perder su valor, por la posible toma de la plaza por tropas del bando contrario, se presentaba la urgente necesidad de invertir con rapidez y se verificaron las compraventas más absurdas que nunca pudieron verse. Se compraba todo lo que representaba algún valor, por poco que fuese o inútil que pudiera resultar lo adquirido, sólo se pensaba en la posibilidad de poder revender aquello después; algunas fuentes hemerográficas nos dan ejemplos de ello: un sastre ofreció 25 mil bilimbiques por una cubeta de sulfato de cobre; una fondera daba a un soldado 10 mil, por un caballo ruin e inútil por tener llagado el lomo, pero la pobre mujer pensaba alimentar y curar al animal y subsanar en parte la pérdida de su capital; un hombre compró varios guantes de niña porque fue lo único que encontró en la tienda. Hubo hombres que viendo en peligro su fortuna deliberadamente se arriesgaron transportando grandes cantidades de billetes villistas a poblaciones donde aún tenían valor y lo cambiaban inmediatamente por mercancía valiosa. En cambio, algunos optimistas creyendo en el triunfo de la División del Norte acapararon grandes cantidades de papel moneda, que pasaron a calidad de inservibles juntamente con sus esperanzas; en Torreón una persona guardaba todavía en 1932, tres millones en billetes de aquella emisión villista llamada de “dos caritas” por tener grabadas los rostros de Francisco I. Madero y Abraham González.

CHEQUES Y BILLETES DESPUÉS DE LA REVOLUCIÓN

Al final del conflicto armado el destino del papel moneda emitido por los distintos bandos revolucionarios y los bancos privados fue el siguiente: En cuanto al dinero villista su valor cayó por los suelos. A fines de 1915 el peso en papel se pagaba a $ 0.003. Por ese tiempo un villista contaría que ya no valían para nada los de dos caritas. En los cines de El Paso regalaban los billetes con un sello en rojo que decía souvenir. En cuanto a los billetes carrancistas que fue el bando que ganó la revolución, no tuvieron una suerte muchomejor, ya que fueron canjeados por nuevos billetes, pero a razón de 20 centavos por peso. En cambio a los cheques, llamados “Cheques de Banco a Banco” expedidos por las instituciones bancarias locales entre 1913 y 1914 fueron pagados por los mismos bancos emisores de acuerdo con la tabla de equivalencia establecidas por La ley de Pagos de fecha 13 de abril de 1918 como sigue: Los fechados de 1913 a $ 0.72, los fechados en enero de 1914 a $ 0.74, en centavos oro nacional. Los emitidos por el Banco Nacional de México fueron recibidos por su valor nominal, solamente en pago de crédito antiguo a cargo de la misma institución.

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