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DOMINGO DERAS TORRES Domingo 5 de ago 2012, actualizada 11:23am ... Anterior El Siglo 20 de 22 Siguiente ... El Siglo

SIGLOS DE HISTORIA

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De izquierda a derecha, aparecen: Benjamín Lavín Barquín, persona no identificada y Alejandro Lavín Veloz, degustando los vinos de la compañía vinícola “Lavín y Paprelli”. Othón, con los Lavín, también chocó las copas. (Archivo familiar de Estela Lavín Ramírez)

Manuel José Othón en La Laguna (CUARTA YÚLTIMA PARTE)

Durante el Porfiriato, la poesía superó a la prosa, fue más rica en obras y personajes. El autor del "Idilio Salvaje" posee la singularidad -sobre los poetas de la época- que siempre vivió en diversas poblaciones norteñas de la provincia mexicana, pero en la Ciudad de México fue muy popular y estimadísimo en sus círculos literarios. Cuando a ella arribaba, procedente de San Luis Potosí o Ciudad Lerdo, era recibido como un bardo paradigmático; la apretada agenda de sus estancias discurría en conciertos, charlas, veladas, conferencias y cenáculos con los grandes de las letras. Además, poseyó un agradable carácter que en el mundo de sus relaciones humanas lo hizo captador de simpatías y hacedor de amigos, así lo describió Luis G. Urbina: "Llegaba Manuel José Othón a la capital de la república, como estudiante en vacaciones, ansioso de gozar, de reír, de asistir a los espectáculos del arte, de recitar sus versos y de escuchar la recitación de los ajenos, de hacer visitas a los literatos célebres... Su temporada en la metrópoli, lo colmaba de alegría y le daba alientos para proseguir qué sé yo qué empleos de la curia -juez, agente- en San Luis, su tierra natal; en Zacatecas, en Coahuila, en Durango..."

SU QUEHACER LITERARIO EN LA LAGUNA

Othón es famosísimo como poeta, pero también escribió prosa, oficio que desarrolló con menos calidad y relevancia que el primero. Tenía el hábito del universal Quevedo, se retiraba a la soledad de los desiertos acompañado de sus inseparables amigos: libros, papeles y pluma. En la Comarca Lagunera, además de redactar el multicitado "Idilio Salvaje", elaboró un libro de cuentos y novelas que llevó el nombre de "Vida Montaraz", de éste hace referencia en una carta a su su amigo Juan B. Delgado:

"En estos días que estaré aquí (Hacienda de Noé"), voy a escribir el cuento que se perdió -se lo juro bajo mi palabra-, así como los otros. Enviaré por conducto de usted, inmediatamente, ese maldito cuento y, en seguida, uno que se me ha ocurrido y que saldrá muy bonito por el asunto y por la intensidad de él, pues lo he vivido. Se llamará 'Vida Montaraz'..."

En 1906, escribió la "Reseña de la Hacienda de Noé", texto que se desconoce su publicación así como el destino que tuvo el documento original; en este sitio que era propiedad de sus amigos los Lavín, permaneció durante varios meses de 1904; y como inédito permanece su trabajo "Memoria sobre la Cuestión del Nazas", redactado en 1902.

Pronunció un discurso el 17 de junio de 1905, cuando fue inaugurado el segundo piso de la Presidencia Municipal de Ciudad Lerdo, donde actualmente se encuentra el "Salón Azul" que funciona como recinto en el que se desarrollan eventos culturales y artísticos. El documento, por referencia del profesor José Santos Valdés, estaba entre los desaparecidos papeles que pertenecieron al maestro Amado Illarramendi.

También aquí, en La Laguna, elaboró el hermoso soneto "Estepa del Nazas", donde como en su "Idilio Salvaje" vuelve a recrearse con el paisaje del desierto lagunero, hace arte con sus imágenes y en él cita a las peregrinas aguas del río Nazas. Esta pieza poética la redactó a petición del bardo Joaquín Arcadio Pagaza, Obispo de Veracruz, su gran admirador y amigo que lo colmó de elogios. ¿Por qué le pidió Pagaza que el soneto llevara este nombre? ¿El mitrado conocía las planicies desérticas de la Comarca Lagunera? ¿Contempló o le dieron noticias de los bellos parajes del río Nazas?

Othón, en "Estepa del Nazas", lanza su mirada a las infinitas lontanazas de las áridas llanuras laguneras, donde el calcíneo sol mantiene reseca la piel de sus eriazos yermos. Las calladas y trashumantes aguas del río Nazas, lo embelesaron durante su tránsito a la Laguna de Mayrán, sitio donde iban al reposo después de irrigar las tierras de Coahuila y Durango; él conoció los fantásticos cauces originales que le dio la naturaleza, ahora en parte mutilados y sequizos. Los dos miríficos cuartetos, del soneto, así lo cantan:

¡Ni un verdecido alcor, ni una pradera

Tan sólo miro, de mi vista enfrente,

la llanura sin fin, seca y ardiente,

donde jamás reinó la primavera

Rueda el río monótono en la austera

cuenca, sin un cantil, ni una rompiente

Y, al ras del horizonte, el sol poniente,

cual la boca de un horno, reverbera.

Indudablemente, el vate potosino contemplaría extasiado los inmensos sembradíos de algodón tapizados de miles y miles de níveos capullos que, bajo el fuego de planchantes resolanas, observó durante sus recorridos por las haciendas laguneras y lo inspiraron para escribir las maravillosas metáforas contenidas en el último terceto del soneto:

...sólo, al romper su cárcel, la bellota

en el pajizo algodonal levanta

de su cándido airón la blanca nota.

A Othón, el gran sonetista, le chispeaban los desplantes reflexivos tan característicos en los grandes hombres de letras e hizo gala de ellos. En brevedad de segundos le fluían las imágenes que engalanaban sus textos, aunque fueran breves, como el que le escribió en su álbum particular a su amiga Carmen Gómez Palacio: "Verso y jardín tu nombre significa Carmen, sonido vaporoso y terso. Sé en el mundo jardín de esencia rica y en el poema de tu hogar sé verso. Manuel José Othón (Rúbrica). C. Lerdo, Abril 21 de 1902".

Othón trabajó con elegancia el soneto, fue un poeta tradicionalista al manejar los endecasílabos y los octosílabos, los caminos de su poesía iniciaron su ruta en el Romanticismo y alcanzaron su consolidación en el Modernismo, por eso se le ha ubicado como el poeta de transición entre las dos corrientes literarias. Pero es precisamente, en el Modernismo, cuyo período de mayor vigencia los críticos lo han ubicado entre los años 1895 y 1910, cuando su refinada calidad poética alcanza su mayor esplendor. (Historia de la Literatura Española e Hispanoamericana. Autores: Emiliano Diez-Echarri y José María Roca Franquesa. Editorial Aguilar. Tercera Edición. Madrid, 1982).

SUS ESCAPADAS DE LERDO A MÉXICO

A Manuel José Othón lo colmaba de emoción el ambiente artístico y cultural de la ciudad de México, fue amigo de los principales escritores de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, no se diga de aquellos jóvenes que aspiraban a ocupar un destacado sitio en el mundo de las letras, quienes lo buscaban cuando se enteraban que se encontraba de visita en la capital; querían disfrutar de su amena conversación e iluminarse con la luz de su vasta cultura literaria.

Durante sus estancias en la capital del país, era infaltable a las principales tertulias literario-musicales, ahí se codeaba con los grandes de la escritura y la música. Por gestiones de su amigo el general Bernardo Reyes, en 1900, Othón ocupó una diputación suplente por un distrito de Jalisco en la Cámara de Diputados, cargo que ejerció por un año. Fue compañero de legislatura del temperamental vate Salvador Díaz Mirón, quien el día que se lo presentaron lo tomó del brazo, y éste le exclamó: "¡Vámonos. Tú y yo somos los más grandes poetas de América"; ambos duermen el sueño de los siglos en la Rotonda de las Personas Ilustres en el Panteón Civil de Dolores, en la ciudad de México.

Algunas reuniones de literatos a las que acostumbraba acudir, se improvisaban en una cantina llamada "Salón Bach", estaba ubicada en la calle de San Francisco -actual avenida Madero- donde hoy funciona una pequeña "Librería Gandhi" a una cuadra del Zócalo. La concurrida taberna era atendida por su propietario, el inmigrante alemán Karl Bach, quien se sentía halagado de servir a sus clientes "los escritores". A este lugar asistían, entre otros personajes, Bernardo Couto, José Juan Tablada, Alberto Leduc, Jesús Valenzuela, Jesús Urueta, Amado Nervo, Ciro B. Ceballos y Luis G. Urbina.

Su amigo, el escritor y promotor cultural Jesús Valenzuela era originario de Guanaceví, Durango, fue fundador y director de la "Revista Moderna". En el gran mostrador del bar, Valenzuela gustoso inquiría a su colega e invitado Manuel José Othón:

-"¿Qué tomas?

-¡Un torreón! - contestaba el autor del "Idilio Salvaje".

El tabenero, desconcertado, preguntaba con curiosidad:

-"¿Qué cosa es eso?"

Luego, Othón con amabilidad le explicaba al cantinero que "un torreón" era un menjurge corriente, de los que se bebían en las cantinas de Ciudad Lerdo, Gómez Palacio y Torreón. El vate potosino -para ser explícito- pidió una copa vacía, solicitó un "bitter" (antigua bebida alcohólica a base hierbas, frutas, especies y raíces) mezclado con tequila, aguardiente del país y agua de Seltz (carbonatada); él sólo se despachó y libó a su gusto. (El Bar. La Vida Literaria de México en 1900. Autor: Rubén M. Campos. Publicación de la UNAM. Primera Edición, 1996. México).

Fueron también muy famosos los convites que armó con los miembros del "Liceo Altamirano", agrupación integrada por los amantes de la literatura y que adoptó ese nombre a raíz de la muerte de su fundador, el escritor fallecido en San Remo, Italia, Ignacio Manuel Altamirano, en 1892. Eran reuniones donde se declamaba, se proyectaban novelas, poesías, ensayos y obras de teatro por los contertulios.

En su monografía "Recuerdos de Othón", Luis G. Urbina nos narra el día en que el bardo potosino se encontraba en la ciudad de México, acompañado por algunos integrantes del "Liceo Altamirano", éstos invitaron a aquél a tomarse una fotografía para el recuerdo, corría el mes de junio del 1892. Urbina, escribió:

"... Pepe Bustillos, Antonio Peña y Reyes, Fernangrana, Micrós. Me dijeron: 'Ahí abajo está Manuel Othón, con toda la pandilla del Liceo Altamirano. Sal, pronto que nos vamos a retratar en grupo... La iniciativa la hizo Othón, que vino ayer y se va mañana..."

Y así aconteció, todos marcharon a pie a un estudio fotográfico ubicado por la calle de Palma, en el corazón de la capital. Iban gustosos de tomarse una gráfica con su amigo el brillante poeta Manuel José Othón, para ellos sería una presea obtener una copia de esa fotografía que hoy es pieza histórica, imagen que recogió el orgulloso semblante que lucieron los rostros de aquellos intelectuales elegantemente vestidos. En el centro, cruzado de pierna y sentado, se aprecia al autor del "Idilio Salvaje" que lidera al grupo como un sabio patriarca que posee el afecto, la admiración y el respeto de quienes lo rodean.

El mismo Luis G. Urbina, sobre la fotografía, refirió: "Manuel Othón está sentado en el centro: preside, dirige, manda. Es el jefe de una caterva de muchachos, empeñados en seguir la carrera de las letras, que no es productiva, pero que tiene el encanto impagable de hacer sentir a quien la prefiere, una ilusión de vuelo sobre la realidad árida de las cosas. El presidente, por derecho de conquista, era mayor en edad, saber y gobierno..."

Después de la visita al estudio fotográfico, Othón y sus amigos se fueron a disfrutar de una comida a "La Maison Rate", razón social que traducida del francés al español quiere decir "La Mansión de las Ratas", era una comedero ubicado en la Calle de las Ratas (tramo de la actual calle de Bolívar) y cuya especialidad eran diversos guisos del país; desde luego, los platillos fueron acompañados por abundantes copas de vino. Fue banquete y brindis en honor a Manuel José.

EL FINAL DE SUS DÍAS

Manuel José Othón llevó una vida de hombre enfermizo. Su salud siempre se vió quebrantada por un enfisema pulmonar que lo atormentó y lo llevó a la muerte, este malestar se le complicó con una grave deficiencia cardiaca; sufría pavorosos accesos de tos que casi lo asfixiaban. Por eso, y además por su belleza, el bardo eligió Ciudad Lerdo para vivir obedeciendo las instrucciones médicas que recibió de no radicar en San Luis Potosí y la ciudad de México, debido a la gran altura que dañaba su organismo.

Bebedor, derrochador, sin dinero, católico, culto, tradicionalista, honesto abogado y notario público, Othón falleció en San Luis Potosí el 28 de noviembre de 1906. Poco antes de morir recibió dos telegramas de Lerdo, inquirían por su salud, le dijo a Pepita su mujer que los contestara y ella le respondió que ya era tarde. Sus últimas palabras fueron: "Es verdad. A esta hora ya están cerradas las oficinas telegráficas en Ciudad Lerdo." (Manuel José Othón. Obras Completas. Autor: Jesús Zavala. Editorial Nueva España, S.A. México, 1945).

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De izquierda a derecha, aparecen: Benjamín Lavín Barquín, persona no identificada y Alejandro Lavín Veloz, degustando los vinos de la compañía vinícola “Lavín y Paprelli”. Othón, con los Lavín, también chocó las copas. (Archivo familiar de Estela Lavín Ramírez)

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Gilberto Lavín Veloz (1873-1959), copropietario de la “Hacienda de Noé” y amigo de Manuel José Othón. (Archivo familiar de María Estela Lavín Ramírez)


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