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ILHUICAMINA RICO M. Domingo 6 de may 2012, actualizada 11:09am ... Anterior El Siglo 16 de 16 Siguiente ... El Siglo

SIGLOS DE HISTORIA

El Siglo
Urquizo.

Francisco L. Urquizo y Torreón

El 15 de mayo, el día de la toma de Torreón por las fuerzas maderistas, como las dos de la tarde bajo inclementes rayos del sol, un joven revolucionario recorría las calles de la ciudad donde había vivido por varios años. Contemplaba el saqueo y los cadáveres de chinos tirados en la vía pública que olían a polvo y sangre. Los rebeldes en forma desordenada recorrían los prostíbulos y las casuchas de los barrios humildes. Habían muerto ya trescientos chinos en la mañana de aquel día. De pronto se oyó griterío por los jacales en las faldas del Cerro de la Cruz:

-¡Matenlo! ¡matenlo!!ahi va! Sonaron varios tiros. Un infeliz rural de la federación, con su inconfundible traje de charro, de paño gris, sin sombrero; con el pánico pintado en el rostro en el grado máximo, corría desaforado por entre los abandonados "puestos" de fruta de la estación del ferrocarril. Tras de él, treinta o cuarenta maderistas trataban de darle alcance, gritaban y disparaban sus rifles.

El hombre corría con una velocidad increíble, posiblemente sentía un miedo intensísimo, quizás todo él era un enorme anhelo, una ansia de vida, de seguir viviendo.

Brotaban maderistas de todas las casas al paso del fugitivo; brotaban hombres enfurecidos y con ellos, gritos y tiros.

A pocos metros de mí pasó el perseguido, anhelante. A pocos metros cayó el hombre, cosido a balazos. Muerto ya, todavía recibió el cadáver aquél, centenares de heridas. Cada uno de los que lo siguieron a de los que pasaban por su lado se consideraban con el deber de disparar sobre él su rifle.

En el transcurso de los años subsecuentes de lucha interminable, he visto morir a mucha gente; he presenciado atrocidades mil, pero persiste en mi mente, atormentadora, la escena de la caza del rural acribillado a tiros aquella tarde calurosa del primer día de la Toma de Torreón. El nombre de ese joven rebelde era Francisco L. Urquizo.

La participación de Urquizo en la revolución a veces puede parecer casual, sin embargo el escritor pertenecía a una familia liberal que inició una lucha años antes que naciera Francisco.

Su Padre

Torreón era una ciudad que Urquizo conocía y que los torreónenses lo conocía a él. Su relación con la Perla e la Laguna comienza con su Padre, Francisco Urquizo Antuñes quien nació en octubre de 1860, muchos años antes que llegara el ferrocarril a la región.

Mi Padre nació en Torreón, en una pequeña casita ubicada en la falda de unos de los cerros adyacentes al Rio Nazas y enfrente del viejo torreón levantado por los latifundistas para defenderse de las frecuentes incursiones que hacía los indios comanches en la región. Mis abuelos, que vivían en Lerdo, habían ido al otro lado del seco río a visitar algún conocido. Intempestivamente llegó la creciente, la cual les impidió regresar, y así mi abuela se vio obligada a dar luz en tierra coahuilense a quienes había de ser mi padre.

Francisco Urquizo Antuñez padre del escritor, era dueño de una pequeña finca en San Pedro. En Agosto de 1893 cuando el gobierno porfirista Garza Galán anuncio su intención de aspirar a otra reelección, provocó un levantamiento donde participo Francisco Urquizo junto con los hermanos Carranza.

Marcos Benavides abuelo del novelista, era un importante agricultor en San Pedro quien suministro de armas a los rebeldes del norte de Coahuila. El apoyo de Reyes y la anuencia de Díaz lograron que lo sustituyera José Ma. Múzquiz. En 1899 Urquizo Antuñez ocupa el puesto de Juez Segundo Local en Torreón, en el cabido de Luis Navarro. Infortunadamente muere el 12 de junio de 1907 en San Pedro. Al parecer esto fue la causa por la que Francisco Luis, terminara sus estudios y se dedicara a las labores del campo en la hacienda algodonera propiedad de la familia.

Francisco Urquizo y Torreón

Francisco Luis Urquizo realizó su educación primaria en Torreón en el Instituto Hidalgo, que impartía instrucción primaria y superior para niños y niñas, escuela dirigida por el profesor Delfino Ríos quien además era director El Indicador, pequeño periódico de política y literatura, editado y redactado por Alberto Swain.

Tengo una grata remembranza de mis lejanos años infantiles pasados en Torreón: la escuela mixta a la que asistía yo, dirigida por Delfino Ríos; Señor bondadoso, bajo de cuerpo, obeso y rubio, quien nos enseñaba las primeras letras, y quien más tarde abandonó las ocupaciones magisteriales para ser periodista y empresario de toros.

Años después Delfino Ríos dirigiría el periódico Diógenes, el cual publicó un relato de un testigo presencial del asesinato de los chinos de Torreón.

En el Colegio Torreón que fundó José Gálvez, completó la instrucción primaria y unos años de la preparatoria. Esta institución publicaba "La Revista Escolar" que redactaba el profesor Gálvez. Entre sus compañeros de esta escuela estaba Manuel "el Chino" Banda del cual Urquizó recuerda que era muy diferente al sanguinario revolucionario que después seria:

Era en aquel entonces uno de esos muchachos tranquilos, callados y buenos que no se meten con nadie y que con todos llevan cordialísimas relaciones. Nunca llegó a saberse que tuviera alguna riña con los muchos del colegio ni con los de las otras escuelas, y pasaba por ser un compañero comedido de ejemplar conducta y sin igual tranquilidad.

Continuó sus estudios de preparatoria en el Liceo Fournier, de la ciudad de México, en donde también realizó un curso de enseñanza comercial.

La Toma de Torreón el 15 de Mayo de 1911

Francisco L. Urquizo se unió a la revolución maderista el 7 de febrero de 1911 con el grado de soldado en las fuerzas de Sixto Ugalde. Algunas fuentes señalan como esa fecha que se unió a Emilio Madero, pero esto no es posible ya que, no se involucro en la revolución hasta el 23 de abril de 1911, día en que fue encarcelado por su parentesco con el Apóstol de la Democracia. Sobre los hechos de la toma de Torreón nos cuenta nos cuenta algunos detalles interesantes.

De indumentaria se andaba mal, pues cada un vestía el traje que le usual en sus operaciones anteriores a la revuelta. Más abundaba el traje charro que todos los demás. El único distintivo uniforme era el listón tricolor que se llevaba a guisa de toquilla en los sombreros de palma, o en los tejanos.

La mayoría de las tropas llevaba ostensiblemente escapularios y, a veces, hasta grandes imágenes de santos en sus cuadros encristalados, resguardándoles el pecho. Todo ello, empero, no era obstáculo para asaltar las iglesias y fastidiar a los curas.

El jefe de la plaza era un general de brigada que había mandado desde México el mismo don Porfirio; había sido su compañero de otras épocas lejanas, y se llamaba Emilio Lojero; era viejito, con el pelo ya blanco en su cabeza y en sus bigotes; chaparro, con sombrero ancho tejano; uniforme gris y botas de cuero amarillo. Montaba buen caballo y un clarín de artillería le servía de asistente.

"A mi sección le tocó defender el cerro de la Cruz; otros subieron a las azoteas del cuartel; otros ganaron con rumbo a la Alameda. Los del veintitrés estaban por la Fe y los cerros del cañón del Huarache; los Amarillos y la policía andaban patrullando por las calles para auxiliar donde fuera necesario. Las dos ametralladoras estaban emplazadas y apuntando a la orilla del rio, por donde las fuerzas tenían que pasar el enemigo que viniera de Gómez Palacio. El general y su Estado Mayor recorrían a caballo todos los puntos de defensa".

Conclusión:

La importancia de Urquizo radica en su participación en La Revolución, como testigo de muchos hechos importantes como la Decena Trágica y los sucesos de Tlaxcalantongo donde murieron dos presidentes Madero y Carranza. El historiador Pedro Salmeron escribió: Como escritor, Urquizo pertenecía al grupo de novelistas que participó activamente en la lucha armada. Pero a diferencia de Azuela, Guzmán y Vasconcelos, lo hizo con las armas en las manos. Sus novelas constituyen una mescla de hechos reales y ficticios difíciles de separar, de un estilo claro y bien adaptado al lenguaje Lagunero.

¡Tierra de la Laguna!, campo de batalla constante; arado y fusiles; haciendas como fortalezas; canales que lo mismo sirven para conducir el agua de regadío que para fortificaciones militares; campos extensos acondiciones, lo mismo para cultivo que para las maniobras de la caballería. Tierra de trabajo, de promisión de lucha.

¡Bendito seas!

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