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Nosotros

Los Nuestros / JOSÉ VENTURA CHÁVEZ RAMÍREZ


viernes 14 de noviembre 2003, actualizada 11:22 am


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De Pedro Romero llegó a decirse: ?¡Setenta y seis años cumplidos y míralo: Torero hasta escupiendo!?. Algo por el estilo pudiera decirse de Pepe Ventura Chávez y de sus comentarios taurinos ?En Cinco Minutos hablamos de toros?, que a sus ochenta y tres años sigue haciendo con la misma pasión hacia la fiesta, que cuando la inició teniendo veinticuatro años de edad.

Mirando hacia atrás parece que en 1944, cuando escribió la primera, para decirla por radio, obliteró, borró, tachó las dudas de su espíritu, afirmó sus principios y desde entonces no ha encontrado, al hacerla, pretexto para cambiar la urdimbre ni la técnica que usara en la primera. Porque no hay para qué; porque tal como la escribe no tiene ocaso.

José Ventura Chávez Ramírez nació en Saltillo el 14 de julio de 1920, nombre que Alonso Gómez Uranga radiofónicamente redujo y dejó para los restos en Pepe Ventura Chávez, cuando ambos fraternizaron frente a los micrófonos a mediados del siglo pasado.

Volviendo a sus amaneceres, su primaria la estudió en su solar nativo en la Escuela Leona Vicario, de la que era directora la profesora Andrea S. Alejo, a quien recuerda con afecto, por su aspiración constante de enseñarles cada día más, lo mismo que a su maestra de primer año Josefa del Bosque, que se los hacía fácil, y al maestro de sexto: Roberto Sánchez, que aquí vivió algunos años, y fue compadre del gobernador Flores Tapia.

Terminada su educación primaria, pasó a la Academia Coahuila del profesor Ángel Rodríguez, donde hizo una carrera comercial que no fue muy de su agrado, pero que le ha sido útil en la vida. A Pepe Ventura Chávez le hubiera gustado seguir estudios que le llevaran a una carrera de leyes, pero, el destino tiene sus cosas y aquellos deseos del joven estudiante, por lo que haya sido, no pudieron cumplirse. Por otra parte, como lo mercurial no le atraía, él con otros compañeros, a veces, que cada día se hacían más frecuentes, dejaban de ir a clases para dedicarse a dos cosas: ir más allá de jugar al toro, practicando en serio el toreo, (tan en serio que, al menos Pepe Ventura Chávez llegó a vestir de luces por Parras o por Arteaga) y dar la lata al señor Blas Narro Doone, gerente de la difusora local, a quien ya tenían hasta la coronilla y no sabía cómo sacarlos de la cabina de locutores, o al menos a Pepe, que a ella se metía cuantas veces se descuidaba don Blas.

Una de esas veces, al sacarlo le dijo: ?Mira, a propósito: Nos acaba de llegar un oficio ordenando mandar a México a todos nuestros locutores para que presenten un examen y obtengan, de una vez por todas, sus permisos de locutores profesionales quienes lo merezcan (porque hay que aclarar que por entonces la mayoría lo era por permisos temporales, que les renovaban, uno tras otro mediante cartas chapuceras); así que los voy a mandar por tandas, con todos los gastos pagados, y voy a aprovechar para mandarte a ti con ellos, como si lo fueras; te he estado observando y creo que tienes madera, tienes voz y eres estudioso; el resto te toca a ti?. Y así fue como Pepe Ventura Chávez comenzó a vislumbrar un futuro que no le disgustaba. Aquélla fue su oportunidad.

En el examen le fue bien, y ya convertido en locutor se quedó en México una temporada de la cual durante seis meses trabajó en la XEFO, Radio Nacional. Pero un día pasan una llamada y al contestar e identificarse, una voz imperiosa le dice: ?Yo soy Rafael Cutberto Navarro de León, Guanajuato; mi empresa es Radio Sistema del Bajío, y lo necesito aquí, conmigo, porque mi difusora (que años después se convertiría en la Cadena RCN, todavía existente, es un puente para Nuevo León, pues por aquí pasan todos los artistas que van para el norte y mi teatro estudio trabaja a diario, así que véngase cuanto antes, ahora mismo si le es posible?.

Arregló rápidamente sus asuntos, se despidió de los de la XEFO, se fue a León y cúal no sería su sorpresa al encontrarse con un muchachón muy activo y ejecutivo que tras el apretón de manos de la presentación, su primera pregunta fue sobre la marca de cigarros que fumaba, y al contestarle que de ningunos, le sigue diciendo: ?pues yo tengo aquí de todas, así que siéntase como en su casa y muévase cuanto antes con entera libertad; en esta empresa todos mis empleados, incluidos los locutores, que fueron los más reacios, a diario tienen que venir bien vestidos, de saco y corbata, si no, el portero tiene órdenes de no dejarlos pasar. A los que no tienen ropa les abrimos crédito en la tienda tal (que luego supo que también era de la empresa), y se la vamos descontando cómodamente en pagos quincenales?. Don Pepe, tras de aclararle que no era su caso, pues él vestía siempre como le veía, de saco y corbata, inició sus funciones.

Allí estuvo dos años, y fue donde conoció a Armando Navarro Gascón, flaquito, flaquito, y a Héctor López Quiñones, gordito, gordito. Después de aquello volvió con los suyos por varios años, pues su hermano Félix lo reclamaba para que colaborara con él en la empresa de transportes ?Monterrey?Saltillo? que fundara el año de 1935, y cuyas oficinas principales estaban en Monterrey.

En Saltillo él vivía por la calle Zaragoza y por la Múzquiz veía pasar a diario a una esbelta mujercita que, desde el principio, le llamó la atención. Un día se dan las circunstancias y su amigo Fernando Almanza se la presenta, prueba de que el destino es ineludible. Otro día ella le habló para invitarlo a que las acompañara, a ella y a su hermana, de ella, a una boda. Se pusieron de acuerdo sobre la hora en que debía pasar a recogerlas, y allí estuvo puntual. Se fueron pues a la dichosa boda, dichosa porque ambos se la pasaron de lo lindo, tanto que a las seis de la mañana ellas lo acompañaron a su casa, donde ya su señora madre, inquieta, pues su hijo no acostumbraba llegar tarde, andaba barriendo el frente de su casa. Al verlo le preguntó: ?¿Que te pasó, hijo??, a lo que él le contestó: Nada, mamá, es que estas señoritas hasta ahorita me traen, lo que hizo reír a todas. Luego se las presentó y de allí en adelante él y Francisca Alemán Cárdenas, siguieron una amistad que se convirtió en noviazgo y terminaron casándose en 1946 en la Capilla del Santo Cristo, formando una familia de cinco hijos: Irma Josefina, José Romualdo, Rebeca, Laura y Valentina, las tres últimas ya laguneras de pies a cabeza.

Durante aquellos años su afición taurina lo acercó mucho a su paisano Fermín Armillita Chico, en sociedad con el cual, años después, él, sus hermanos y José González y Lucio Rumayor más otros, construyeron en Saltillo la Plaza de Toros de madera, con un aforo de 6000 lugares y que es una réplica de la del Coliseo de Monterrey que tiene un cupo de 12000, para que Armillita pudiera despedirse dignamente de la afición de su tierra.

Cuando Pepe Ventura llegó a Torreón para organizar e inaugurar la sucursal en esta ciudad de la empresa de transportes ?Monterrey-Saltillo? propiedad de su hermano, ni idea tenía de que su estancia aquí sería para los restos, pero, pronto se fue dando cuenta de que la cosa era para largo y, por lo pronto se trajo a la familia. Luego, como le sobraba tiempo no obstante los problemas que lo detenían, buscó al Chato Gómez, para platicar sobre sus cinco minutos de comentarios. Al Chato aquella visita le cayó del cielo, pues iba a haber corrida y los comentaristas ?hechizos? que se las cubrían andaban de viaje, así que le dijo a don Pepe, que si podía ayudarle en ese trance. Y ante la contestación afirmativa, descansó. Después de aquella transmisión, los radioescuchas establecieron la diferencia y hubo felicitaciones para la XETB.

?En cinco minutos hablamos de toros?, sin duda el espacio taurino radiofónico de provincia de mayor fuerza en México, que escuchan y atienden empresarios y toreros entiendo que, como columna periodística nació en esta ciudad. Sucede que en una ocasión estaban en una mesa de café platicando Pepe Gancz y Braulio Fernández Aguirre Jr. cuya afición taurina, a los negocios o, sencillamente, su juventud los traía metidos a empresarios de toros, y se quejaban de la ausencia de una columna periodística taurina. Pepe Ventura Chávez que estaba en la siguiente mesa, se levantó y acercándose a ellos, les dijo que les había estado escuchando; que si tenían tiempo esa noche a tales horas escucharan tal estación y al día siguiente allí mismo le dijeran si algo por el estilo es lo que quisieran ver en letras de molde. Y como así era, la columna que al principio sólo era radiofónica se adaptó para hacerla periodística. El día que así lo decidieron fueron a ?El Siglo de Torreón?, platicaron con el señor Esparza y comenzó a salir.

Alguna vez, platicando Pepe Ventura Chávez con Pepe Alameda, éste elogió, precisamente, los ya famosos ?cinco minutos?, que por cierto ya eran escuchados en toda la República por los enlaces que la W hacía con las iniciales de radio de muchas plazas del país, y don Pepe, creyendo que las loas del maestro Alameda sólo eran la cortesía del amigo, respondió con un ?psh? de menosprecio, y entonces Pepe Alameda le dijo: que nunca volviera a hacer eso con nada que escribiera, porque ?si hay mucho que decir, es muy difícil decirlo, y si hay poco, también?.

Don Pepe tiene, entre otras virtudes una fuerza de voluntad tremenda. Toca muy bien, pero muy bien, la guitarra sin leer música. Su mamá tocaba varios instrumentos, y una vez viendo cómo imitaba los movimientos de sus manos en la guitarra, le puso unos arpegios, que repitió con facilidad. Le llevó a un maestro que era ciego. Éste le dijo que iba a enseñarle, que sólo tenía que repetir lo que le viera hacer. Y pronto estaban tocando Janitzio.

En una ocasión, de esto hará 35 ó 40 años, don Joaquín García Cruz le escuchó tocar una introducción de Los Panchos. Y le preguntó que por qué tocaba eso, a lo que don Pepe le dijo que porque era lo que sabía.

Don Joaquín le dijo que le iba a regalar música; que buscara a un maestro. Efectivamente, al día siguiente se la llevó y él buscó un maestro para que se la tocara y él pudiera verlo e imitar el movimiento de sus dedos una y otra vez, el tiempo que hiciera falta para escuchar los sonidos justos que había oído. Por ejemplo, tres meses le costó aprender el Estudio número 20 de Fernando Sor. La cuestión, dice, es no perder la continuidad, la música se va quedando en la memoria. En la Ciudad de México llegó a acompañar a guitarristas de gran fama, y en una ocasión el profesor Salinas, director entonces del Conservatorio llegó a decirle: ?Si se quedara usted un año aquí, el resultado sería increíble?. Pero, claro, don Pepe no podía. Tenía que ganarse la vida y la de los suyos.

Allá por los años 60 con don Joaquín y con Saborit que hacían en televisión pequeñas obras cómicas, don Pepe caracterizaba personajes muy simpáticos que seguramente hacían reír a los televidentes; pero, claro, no todo era tocar y escribir. En el 74 le compró a Martín Gómez su Tabaquería y Nevería que estaba por la calle Valdés Carrillo, casi esquina con la Morelos, en el edificio del Hotel Palacio Real, que mantuvo abierta hasta el año 98.

En las plazas de toros, llenas o vacías, se mueve con gran naturalidad, y en una ocasión en la que Conchita Cintrón, ?La Reina Rubia del Toreo? estaba en la plaza enseñando a cabalgar a su hijo, don Pepe se le acercó y le dijo aquella décima de Pepe Alameda que dice: ?Por el mundo del ensueño / te sueño toda de oro, / y todo de negro el toro / fundidos en un empeño, / casi verdad, casi sueño, / y me pregunto por qué. / ¿Cómo juntas, amazona, / la elegancia de Gaona / con la llama de José? Y ella, sin recordar que hacía años aquello, ya se lo había dicho su propio autor, yendo hacia don Pepe, agradecida le dejó un beso en la mejilla.

Esto y muchísimo más hace a don Pepe Ventura Chávez uno de LOS NUESTROS.

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