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EDITORIAL

Alianzas en Hidalgo y Oaxaca

Plaza Pública

MIGUEL ÁNGEL GRANADOS CHAPA
viernes 22 de enero 2010, actualizada 4:00 am


El diario Reforma convocó a Xóchitl Gálvez y a Gabino Cué a una mesa redonda sobre alianzas electorales en los estados de Hidalgo y Oaxaca, de donde son oriundos. El periódico presentó una fotografía en que los dos, sonrientes, alzan el índice de su mano derecha en señal de triunfo. Cada uno podría encabezar las coaliciones que se aprestan a formalizar la mayoría de los partidos opositores, entre ellos el PAN y el PRD. El potencial de una conjunción de fuerzas de esa índole ha quedado dibujado por la reacción de priistas eminentes, que las descalifican pretendiendo en realidad exorcizarlas: "engendro contra natura", las llamó Manlio Fabio Beltrones; "perversas" dijo Enrique Peña Nieto, ducho en practicar las que verdaderamente lo son. Y es que el partido del que ambos buscan ser candidatos presidenciales podría ser desplazado en esas entidades por esa unión de fuerzas y por lo tanto aminorar la expectativa de que el PRI retorne a Los Pinos en 2012.

Cué es senador de la República. Ganó su curul en 2006 con más de seiscientos mil votos, monto casi igual a los sufragios sumados de sus adversarios del PAN y del PRI. Es claro que su capacidad de convocatoria personal se consolidó con el magnético efecto López Obrador, pero ya dos años atrás había tenido una amplia votación en la contienda en que las autoridades electorales concedieron el triunfo a Ulises Ruiz. Éste obtuvo 474,758 sufragios, el 47.2 por ciento, mientras que Cué alcanzó 448,254, el 44.6 por ciento, es decir hubo un diferencia de sólo 26,504 votos, menos del tres por ciento del total. Entre otras trapacerías para lograr ese resultado, Ruiz y el gobernador saliente José Murat consiguieron que el PRD se dividiera y que su líder en el Istmo, Héctor Sánchez, acudiera a la contienda con un partido local, Unidad Popular, que obtuvo 41,257 votos. El resultado permite conjeturar que sin ese factor la victoria hubiera sido para Cué.

El ahora senador oaxaqueño fue apoyado entonces por el PAN, el PRD y Convergencia, partido al que se afilió tras su salida del PRI. Entonces el PT se alió al partido oficial. Si esta vez la alianza se consuma, con Cué como candidato, resultados que van de la mano, es previsible que el ensanchamiento de la coalición (pues ahora el PT entraría en ella) y el desprestigio de una opción como la de Unidad Popular, aseguraría el triunfo opositor, pese al despliegue de recursos de toda índole que Ruiz puede efectuar. Oaxaca es, así, un caso probado de la eficacia de una alianza entre partidos que contienden entre sí pero se unen en pos de un objetivo específico, como es librar a esa entidad de gobiernos como los dos anteriores.

En Hidalgo no ha habido una coalición de ese alcance. En 1998 se frustró un intento de construirla. Pero existen hoy mucho mejores condiciones para consolidarla. Y, sobre todo, está en el centro del escenario una mujer que, con su fuerza personal y el apoyo de los partidos mencionados harían realidad la vieja aspiración de sustituir al PRI en el Gobierno del Estado, a fin de emprender políticas favorables a la mayor parte de la población, que cuenta entre las más necesitadas de la República.

Por ese motivo, por su carisma anunciador de éxito electoral, se ha convertido en blanco de acciones ruines. Circuló el fin de semana un impreso en donde, con obvia intención de desprestigiarla, se la presenta como propagandista del uso del condón. Y el miércoles fueron adquiridos casi todos los ejemplares de la edición pachuqueña del diario Milenio, ostensiblemente porque contenía el resultado de una encuesta que la presenta como la precandidata más conocida y digna de apoyo.

En principio, la alianza ha sido aprobada por los comités nacionales de los partidos, y por la coordinación del DIA, el frente formado por el PRD, el PT y Convergencia. Es decir, idealmente debería ocurrir lo que está en curso en Oaxaca, en que nadie disputa a Cué la candidatura por la evidente fuerza de su postulación. Pero en Hidalgo los dos senadores de mayoría, que lo son por el mencionado efecto López Obrador, y de ningún modo porque generen un amplio asentimiento ciudadano, buscan un procedimiento interno que favorezca sus pretensiones.

Se trata de José Guadarrama y Francisco Javier Berganza. Éste pasó de la farándula al escenario político sin transformación alguna, por lo que puede decirse que sigue siendo sólo un tonadillero. En 1997 el PAN lo hizo diputado, y candidato a gobernador al año siguiente, cuando se fracturó con malas artes la desde entonces necesaria coalición. Pero Berganza, que tenía corazón tricolor, salió del clóset y se ostentó como priista en la campaña de Francisco Labastida. Luego de peripecias personales que lo hicieron sujeto de juicios penales, reapareció como dirigente local de Convergencia y, en ese carácter formó parte de la fórmula lopezobradorista de candidatos al Senado que resultó elegida por la potencia del candidato presidencial.

La también sinuosa carrera de Guadarrama es más conocida. Protagonizó en el PRI no pocos episodios de la guerra sucia con que ese partido ganaba elecciones, a pesar de lo cual el PRD, que contó entre sus víctimas, lo acogió en sus filas y lo hizo candidato a gobernador y a senador. No cuenta con asentimiento pleno ni siquiera en su partido, donde lo conocen y temen. Pero con auxilio de Nueva Izquierda se empeña en encabezar una coalición imposible si es el candidato.

En cambio Xóchitl Gálvez tiene una carrera limpia. Por eso la agreden.

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