Finalmente el episodio de antier en el Senado de la República no es más que el resultante de lo que tarde o temprano habría de suceder. Como están las cosas en la política mexicana en la que atraviesa una etapa de confrontación abierta, donde los gestos, las palabras y las reformas estructurales se confunden entre el debate natural entre grupos políticos antagonistas, los enfrentamientos han subido a un tono que es casi imposible no llevarlos al plano personal. En este escenario, Gerardo Fernández Noroña, presidente del Senado, ha sido protagonista de múltiples episodios que han encendido la tensión entre oficialismo y oposición. Su estilo confrontativo, lejos de ser anecdótico, se ha convertido en símbolo de un político que claramente desde su posición privilegiada, busca más allá de sólo polarizar.
Tan es así que Fernández Noroña ha acumulado una larga lista de enfrentamientos con figuras de la oposición. Entre los más recientes y notorios se encuentran: el altercado físico con Alejandro "Alito" Moreno (27 de agosto de 2025), donde Noroña modificó el orden del día para evitar que el PRI tomara la palabra, lo que derivó en empujones y gritos en plena sesión, insultos a la senadora Adriana Dávila, a quien llamó "más bocona que la chingada" y amenazó con "ponerle una chinga" en público, lo que le valió una sanción por violencia política de género; Su negativa a usar cubrebocas durante la pandemia, desafiando protocolos sanitarios en el Instituto Nacional Electoral, bajo el argumento de que querían "amordazarlo"; los enfrentamientos recurrentes con Lilly Téllez - que también hay que decirlo, la senadora se ha comportado en el mismo tono que el propio Fernández-, quien lo acusó de viajar con lujos a Estrasburgo sin rendir cuentas, mientras Noroña respondía con descalificaciones desde la tribuna.
Antier, el saliente presidente de la Cámara Alta llegó al nivel de llamar "traidores a la patria" a los legisladores del PAN y PRI por supuestamente solicitar intervención militar extranjera, una frase que incendió el debate parlamentario.
Estos episodios no son aislados, Fernández Noroña sigue actuando como lo hacía desde la oposición, pero ahora arroya desde su puesto como máxima autoridad del senado.
Termina siendo ocioso determinar quien empezó realmente el choque físico entre ambos: si el propio oficialista jalonea de inicio a Moreno o si éste ante un acercamiento reacciona con fuerza desmedida. Reprobable a todas luces, pero en lo físico Fernández Noroña sacó la peor parte, recibió un derechazo en su rostro y los empellones que le propinaba el priista lo hicieron retroceder.
En medio del escándalo por el enfrentamiento entre Noroña y Moreno, la presidenta Claudia Sheinbaum ofreció una declaración que conecta el presente con su memoria personal. Recordó cómo en los años sesenta, su hermano fue agredido por porros universitarios, y comparó esa violencia con la actitud del PRI en el Senado:
"Lo que pasó ayer muestra lo que son. Un autoritarismo enorme. Son el PRIAN, no se nos olvide. [...] Me recordó cuando a mi hermano lo golpearon porros en la UNAM".
Sheinbaum no sólo condenó la agresión, sino que la usó como argumento para reforzar la idea de que PRI y PAN son una misma fuerza reaccionaria, autoritaria y violenta.
Ironizó la primera mandataria en que mientras lo que ella y los suyos denominan como prianistas, aquellos autoritarios del "viejo régimen" y ella enarbola la bandera de un movimiento que se declarara como progresista, democrático y liberal, olvidó la serie de reformas que se han llevado a cabo desde que López Obrador asumió el poder y que incluyen entre otras cosas la eliminación de organismos autónomos creados justamente para garantizar la vida democrática del país en distintas arenas de la vida publica en las que destacan:
LA ELIMINACIÓN DE LOS ORGANISMOS AUTÓNOMOS
En febrero de 2024, el presidente López Obrador presentó un paquete de reformas que incluía la desaparición de siete organismos autónomos, bajo el argumento de que eran "elitistas" y "neoliberales". Entre ellos destacan el Instituto Nacional de Acceso a la Información, la Comisión Reguladora de Energía, la Comisión Nacional de Hidrocarburos, el Instituto Federal de Telecomunicaciones.
La desaparición de estos órganos representa un debilitamiento de los contrapesos institucionales. Su absorción por secretarías del Ejecutivo centraliza funciones que antes estaban diseñadas para operar con independencia.
Sin embargo, la reforma judicial aprobada en septiembre de 2024 que propuso la elección popular de jueces, magistrados y ministros, la desaparición del Consejo de la Judicatura Federal, y la creación de un nuevo Órgano de Administración Judicial, bajo el argumento de que con ello se le daba legitimidad real a uno de los tres poderes de la Unión, la realidad es que fue un secuestro del andamiaje legal del Estado Mexicano por los gobernantes en turno para evitar contrapeso real alguno ante el poder que han acumulado. Es tan así que las condiciones creadas por la reforma que, en lugar de fortalecer la justicia, ésta podría convertir al Poder Judicial en una extensión del Ejecutivo, eliminando su papel como árbitro imparcial.
Inevitable pensar que La Cuarta Transformación ha desplegado una estrategia de confrontación, centralización y reforma institucional que redefine el equilibrio democrático en México. Las provocaciones de Fernández Noroña, los dichos de Sheinbaum, la eliminación de organismos autónomos y la reforma judicial no son hechos aislados: son piezas de una ruta que claramente busca consolidar un nuevo régimen político. No cabe la pregunta que, si esta transformación representa una democratización profunda o una captura del Estado bajo una narrativa de cambio, si no si este secuestro la razón por el nuevo autoritarismo mexicano - respaldado por los votos de la mayoría en las urnas- conseguirá sus objetivos absolutistas o en el 2027 el pueblo mexicano decide contener este peligroso acaparamiento del actual grupo en el poder.