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Voto útil

DENISE DRESSER

ÁTICO

Cuando López Obrador hizo campaña en 2018 no dijo que buscaría morenizar al INE. No anunció que promovería el voto popular para jueces y ministros de la Suprema Corte. No notificó que usaría la mañanera para demonizar y llamar "traidor" a cualquiera que discrepara. No hizo campaña ofreciendo convertir al Ejército en pilar político y económico de su gobierno. No argumentó que para "combatir la corrupción" y "poner primero a los pobres" transformaría al elefante raquítico del Estado en un elefante famélico que no puede cubrir necesidades básicas de salud y educación, dejando en el desamparo a los más vulnerables. No avisó que violaría la Constitución y la legislación electoral de manera rutinaria. No comunicó que buscaba resucitar un sistema de partido hegemónico para que Morena nunca volviera a perder la Presidencia. Si hubiera impulsado esa agenda restauradora, regresiva y polarizadora, no habría ganado.

No tenía ese mandato de bola de demolición. Millones votaron por él para que corrigiera los errores de sus predecesores, para que encarara vicios históricos, para que concientizara al país racista, clasista y elitista que somos, y agrandara el pastel, repartiéndolo mejor. Pero López Obrador decidió disponer de su legitimidad para desdemocratizar a México. AMLO ha abusado del poder que ganó. Y ha logrado destruir y demoler porque el tsunami electoral del 2018 rehabilitó la Presidencia imperial de antaño. Pudo colonizar y cooptar porque tuvo gobierno unificado, con mayorías en el Congreso y en el Senado. Pudo disponer del presupuesto de manera discrecional y usarlo de forma partidista y politizada porque no encontró suficiente resistencia en el Poder Legislativo, controlado por su partido, siempre doblegado y displicente. Pudo gobernar de manera metaconstitucional porque el único muro de contención con el cual se ha topado es una Suprema Corte, hoy acechada.

Por ello estamos en riesgo como país. Enfrentamos un Presidente popular pero que no entrega buenas cuentas, un partido mayoritario que quiere ser hegemónico como lo fue el viejo PRI y una candidata presidencial seleccionada vía el "dedazo" camuflajeado de plebiscito partidista. Y están convocando a votar por la autocracia. Están pidiéndoles a sus simpatizantes y a los beneficiarios de los programas sociales que avalen el Plan C, que acabaría con la democracia -sí, defectuosa y deficitaria- que tomó treinta años construir. Es indudable que los gobiernos de la transición cometieron errores y muy graves. Pero la alternativa que AMLO/Sheinbaum/Morena ofrecen es peor. No puede haber democracia sin instituciones, sin contrapesos, sin transparencia, sin rendición de cuentas horizontal, sin autonomías, sin control civil de las Fuerzas Armadas. Un régimen sin esas características se llamaría autoritarismo competitivo y quienes lo defienden deberían asumirlo como tal.

Son tiempos de definiciones. No votaré a favor del PRI o del PAN o del PRD o de MC. Reconozco sus falencias, sus corruptelas, sus inmoralidades. No votaré para regresar al pasado porque esa estela de malos gobiernos es la paternidad responsable del lopezobradorismo. Pero sí votaré para atarle las manos al partido mayoritario con intenciones hegemónicas. Sí votaré para mantener viva la aspiración democrática que AMLO nos exige sacrificar. En cada boleta que cruce, votaré por el contrapeso con más posibilidad de ganarle a Morena. Porque le dimos la oportunidad de transformar y lo que hizo fue militarizar, demoler, polarizar y dejar a los pobres del país en una situación peor. Porque la lección de los últimos años -y que debimos haber aprendido del viejo régimen- es que el poder sin contenciones se vuelve poder autoritario. Hoy se disfraza de "democracia real".

En 2000 fui de las del "voto útil" que la izquierda proveyó para sacar al PRI de Los Pinos. En 2024 seré de las del voto útil para que López Obrador, Claudia Sheinbaum y Morena no puedan seguir gobernando como lo hicieron Salinas, De la Madrid, López Portillo, Echeverría, Díaz Ordaz y todos los presidentes patrimonialistas antes de la era de la transición. Parafraseando la admonición de Benjamin Franklin, la transición les dio a los votantes la posibilidad de erigir una verdadera República. La pregunta es si la podremos preservar. Y para ello no toca ser morenista o panista o priista o de derecha o de izquierda. Lo que urge es ser demócrata.

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