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Música en un suspiro

MIGUEL ÁNGEL GARCÍA

El Romanticismo

Existe una carga semántica importante en esta palabra que nos hace pensar de inmediato en el amor, en sentimientos de gozo e incluso en la cursilería. Cuando alguien tiene una atención especial con el ser amado, desde entregarle una rosa, declamar un poema o llevar serenata, tendemos a asociarlo con un romántico. Sin embargo, en su contexto original y sobre todo en la historia del arte y específicamente en el terreno musical, la idea de romanticismo es algo mucho más complejo.

De entrada, la palabra romanticismo, emana de la palabra "Romain" que significa novela. Aquella creación que envuelve el misterio, la fantasía y la magia. En cuanto a su momento en la historia, resulta sumamente fácil afirmar llanamente que el movimiento del romanticismo se desarrolló en el siglo XIX. Para cuestiones de orden o taxonomía en el tiempo es conveniente "encajonarlo" en ese espacio, pues imaginemos lo complejo de afirmar que el Romanticismo está en todas partes o que burdamente es la antítesis del clasicismo y del barroco. Como ejemplo de ello podríamos mencionar el 2º movimiento del doble concierto para violín de Bach o muchos de los episodios de Don Giovani o las Bodas del Fígaro de Mozart.

El elemento del romanticismo es más bien un estado de la mente y del corazón que no puede ser enclaustrado en un período de tiempo. Pero ¿qué significa entonces ser romántico? Un artista romántico, un compositor romántico tiene como misión buscar lo inalcanzable, lo infinito. Un compositor romántico establece lazos y simpatía por la naturaleza. Abraza de la misma manera, tanto el gozo como la tristeza de la vida. Hace del misterio su camino y de la incertidumbre su meta.

Pero ante todo, vive los excesos: Puede amar la soledad y amar el estar con "el otro". Puede deleitarse en lo exótico y al mismo tiempo sentir nostalgia por lo familiar. Ama la fama tanto como el aislamiento. Se regocija por el crecimiento, pero también por la debacle y el derrumbe. El romanticismo es la reafirmación del darse cuenta que lo inalcanzable es inalcanzable y no por ello debe dejar de buscarse.

El romanticismo es una agitación de la mente. Ello explica por qué este fenómeno no sólo permaneció en el ámbito de la música, sino que también vive en la literatura, la pintura, la escultura, la filosofía y la psicología. Mientras que el barroco y el clásico sólo requiere allegro, andante, adagio o presto, el romanticismo requiere nuevo vocabulario: Dolce, cantábile, maestoso, con amore, mesto (triste), gioioso, ppp, fff. En una ocasión, el gran compositor Hector Berlioz lloraba y gemía en un concierto donde se interpretaba un programa de Beethoven.

Alguien le preguntó si se sentía bien, a lo que él respondió: "Qué cree usted que yo vengo aquí a deleitarme?". El Romanticismo descubre que la esencia de la realidad es más bien el misterio huidizo de las definiciones, y por lo tanto inaccesible a la razón. En el romanticismo, el arte deja de ser una imitación para convertirse en poesía. 

A todo lo anterior, ¿aún te consideras un romántico?

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