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Los retos del exterior y la transición. Cinco, drogas y armas

JORGE ÁLVAREZ FUENTES

Antes de asumir funciones el gobierno entrante debe revisar la actuación y las posturas de las administraciones salientes y definir cómo va a ampliar o reducir la cooperación internacional para combatir el tráfico de drogas, la producción ilícita de fentanilo, el tráfico de armas de alto calibre y municiones, el lavado de dinero y enfrentar al crimen organizado transnacional. Podrá haber diferencias de visión, de estrategias, con vecinos, socios y países amigos sobre el cómo, sobre las modalidades, capacidades y prioridades, pero no respecto de la magnitud de las amenazas. Luego de la visita de Elizabeth Sherwood-Randall, la asesora estadounidense, se advierte un interés en generar condiciones más favorables para dialogar y revisar los mecanismos de coordinación del denominado Entendimiento Bicentenario.

Las actividades ilícitas del crimen organizado van en aumento en el mundo. La oferta y demanda de drogas registran alzas sin precedente. Las formas de violencia se han diversificado y sofisticado, repercutiendo a nivel local, regional e internacional. Tienen una naturaleza interna, transfronteriza y transregional que frecuentemente queda invisibilizada en una economía globalizada. No se circunscriben a los territorios nacionales delimitados, puesto que incorporan fronteras cambiantes, dimensiones difusas y complejas, sin interdicción, con amplios espacios aéreos, terrestres, cibernéticos y marítimos.

Los alcances del crimen organizado suelen difuminarse cuando la atención mediática sobre las actuaciones de las autoridades hace que las confrontaciones narrativas de los gobiernos se centren en los acontecimientos y circunstancias locales, en las acciones para decomisar cargamentos y capturar l+ideres, más que en neutralizar y degradar sus capacidades operativas y financieras. Las graves consecuencias sociales desaparecen y prevalece el cálculo sobre los réditos políticos internos. La desarticulación de las redes de narcos suele quedar sin efecto.

El tráfico de drogas centrado en la producción, trasiego y venta de anfetaminas, metanfetaminas, fentanilo, cocaína y heroína, junto con el imparable y lucrativo tráfico ilícito de armas cortas y de asalto, oculta la extensa y profunda interconexión que requieren y mantienen allende las fronteras internacionales. Interconexión que abarca la exportación y acopio de insumos, el asedio sobre poblaciones, la cooptación de aduanas en puertos comerciales para asegurar el ingreso encubierto de percutores químicos importados. Todo ello facilitado por el contrabando y comercio ilegal, que se extiende al robo de hidrocarburos, al intercambio de productos químicos de uso dual, a la venta de medicamentos falsificados y el reclutamiento de delincuentes capaces de explotar el desplazamiento forzado de decenas de miles de personas, los flujos migratorios irregulares, la trata de personas, los secuestros, desapariciones y extorsiones, junto con el despojo de propiedades, el cobro de "derecho de piso", la contratación de sicarios y el desarrollo de novedosas formas de lavar y blanquear dinero.

Los gobiernos de Mexico y Estados Unidos necesitan dejar atrás ambigüedades y reclamos. No más "abrazos, no balazos" para parapetarse, ni "unwilling and unable" para justificarse. Deben superarse los desacuerdos discursivos en torno al rol de los carteles mexicanos en el tráfico de drogas que provoca la muerte de cientos de miles de estadounidenses y a las acciones insuficientes del gobierno estadounidense para detener la venta de miles de armas que ingresan y terminan en manos de los responsables de cientos de miles de homicidios dolosos en México.

Del intercambio eficaz de información e inteligencia, de una más estrecha colaboración interinstitucional, del reforzamiento de las medidas de confianza, del fortalecimiento de capacidades dependerá el éxito al implementar sus respectivas estrategias de seguridad, con pleno respeto a los intereses nacionales y al ejercicio soberano de nuestras responsabilidades globales diferenciadas.

Autoridades estadounidenses han señalado que la crisis del fentanilo es provocada principalmente por los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación, que amenazan la salud pública, la seguridad interior y su seguridad nacional. Congresistas republicanos y algunos fiscales estén presionando, en tiempos electorales, para que el Ejecutivo estadounidense declare y enliste a los carteles mexicanos entre las organizaciones terroristas extranjeras. Trump y otros seguirán haciendo campaña hablando más de emprender acciones militares unilaterales contra ellos, que de socavar sus operaciones en territorio estadounidense y acceder al sistema financiero.

El gobierno entrante debe continuar rechazando todo intento intervencionista y enfocar sus esfuerzos en contrarrestar, con acompañamiento internacional, las grandes palancas que mueven in situ al crimen organizado transnacional, con estricto apego al derecho interno e internacional. Evaluar la eficacia y actuación de las distintas instancias gubernamentales y el grado de cumplimiento de los compromisos asumidos, incluida la aplicación de una más estricta regulación para entidades bancarias y financieras.

El fortalecimiento de la cooperación internacional importa más que nunca. Se necesita impulsar y mantener un enfoque integral, que incluya en los planes de gobierno los componentes no sólo de la seguridad y de salud pública, sino también los componentes sociales, económicos y políticos. Un enfoque que permita abordar factores estructurales que inciden de manera directa en el consumo de sustancias, como la desigualdad socioeconómica, la falta de oportunidades de educación y empleo, el acceso y la disponibilidad de las sustancias psicoactivas en contextos de marginación, violencia e inseguridad.

Estados Unidos sufre la epidemia de opioides más mortífera de su historia. Canadá está fracasando con su política de suministrar drogas para evitar el tráfico y erradicar las ganancias. En México, los carteles son un poder de facto en el país, protagonistas en escenarios que van de México a Sudamérica, a África y a Europa, llegando a los Balcanes. Las percepciones del problema pueden ser diferentes, pero los peligros están creciendo.

@JAlvarezFuentes

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