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La crucifixión representada en el arte

El arte sacro fue uno de los principales detonadores para el desarrollo del arte occidental

La crucifixión representada en el arte

La crucifixión representada en el arte

SAÚL RODRÍGUEZ

El arte sacro fue uno de los principales detonadores para el desarrollo del arte occidental. Desde la Edad Media, las representaciones pictóricas de santos, de la pasión y crucifixión de Jesucristo, así como de otros episodios bíblicos, dominaron en los muros de las iglesias.

En esa época se concibió también la Biblia pauperum (la Biblia de los Pobres), pues la mayoría de la gente no tenía acceso a la lectura, mucho menos a la de los textos bíblicos reservados para monjes o sacerdotes. El arte fue entonces un método eficaz para propagar las historias sagradas que la Iglesia consideraba importantes.

Sergio Garza Orellana, coordinador de exhibiciones en el Museo Arocena, comenta en entrevista que de esa manera, en templos e iglesias comenzaron a aparecer obras pictóricas con estos episodios que ilustraban los contenidos de la Biblia.

“Fue una manera de mover sentimientos, de mover emociones, de que el pueblo o la sociedad analfabeta pudiera vincularse con todas estas narraciones”.

Cuando el emperador Constantino I instauró el cristianismo en el Imperio Romano durante el año 312, tuvo la visión de ver en la cruz al símbolo de la entonces joven religión. A partir de entonces, la cruz comenzó a agrupar todo un credo y otras series de cuestiones.

“La crucifixión es un episodio que, aunque nosotros lo vinculamos directamente con los tiempos de Jesucristo, no se representó desde ese momento. Tuvieron que pasar una serie de cuestiones para que se pudiera plasmar en pintura este episodio”.

Las primeras crucifixiones comenzaron a representarse siglos después. Se habla del siglo II, en plena Edad Media. Desde entonces, artistas de distintas épocas y estilos han representado esta escena, añadiendo o quitando elementos.

“Es interesante ver en la historia del arte cómo un mismo episodio, que es el de la crucifixión, has sido representado de manera diferentes, en momentos distintos de la historia de Occidente. Eso nos permite vislumbrar, leer entre líneas, el mundo cultural que se estableció o que se asoma a través de estas representaciones”.

En Torreón, el Museo Arocena cuenta con una importante colección europea y novohispana donde predomina el arte sacro. En esta ocasión, El Siglo de Torreón ha elegido tres obras (dos españolas y una flamenca) para analizarlas en el marco de la Semana Santa que culmina este Domingo de Resurrección.

CALVARIO NAVARRO

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En primera instancia, aparece un calvario valenciano datado en el año 1490. Su técnica es óleo y temple sobre tela y su estética muestra la transición del estilo gótico hacia el flamenco. Proviene de la zona navarro-aragonesa, en el norte de España. En la pintura se pueden apreciar algunos elementos relacionados con el Renacimiento fuera de Italia.

Este calvario muestra a Jesucristo ya fallecido en la cruz (anteriormente se le solía representar vivo). Por sus brazos se deslizan gruesas gotas de sangre, provenientes de la herida que tiene en un costado. Aunque la representación es dramática, aún no alcanza los niveles de dramatismo que aparecerán en los siglos posteriores al Renacimiento con el estilo barroco.

Garza Orellana señala el fondo de la pintura constituido por un paisaje de una ciudad amurallada (Jerusalén), algo que no solía emplearse durante el gótico. Además de Jesucristo, aparecen otros ocho personajes representados con diferentes tipos de nimbos (círculos colocados en las cabezas), para señalar jerarquías. Por ejemplo, el de Jesucristo consta de cuatro círculos hechos en relieve con hoja de oro, los de la Virgen María y San Juan tienen tres círculos, mientras que los de María Magdalena, María Salomé y María Celofás tienen sólo uno. Es común que en estas representaciones se coloque a María Magdalena abrazando la cruz de forma emotiva.

“Habla de cómo está cambiando la manera de representación en la época, tanto en el gesto de la Virgen María como en el gesto de María Magdalena, quien no llega todavía a hincarse plenamente ni demostrar de forma apasionada su dolor, pero sí empieza a ver emotividad en los gestos de estas mujeres”.

Otros dos personajes aparecen con nimbos estrellados, posiblemente representando a José de Arimatea y a Nicodemo. Mientras que el octavo personaje carece de nimbo, incluido como un anónimo en representación del pueblo cristiano.

LA TRINIDAD

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En el siglo XIV, gracias a la invención de la imprenta, un grabado del artista Alberto Durero (1471-1528), circuló por Europa y más adelante por el Nuevo Mundo. La impresión de este grabado, titulado La Santísima Trinidad (placa de 1511 / impresión de 1600) se encuentra actualmente en la Biblioteca Nacional de Madrid, España.

Este grabado fue reproducido en pinturas por diversos artistas y el Museo Arocena cuenta con dos representaciones: una italiana y otra española, ambas anónimas del siglo XVI. La española, un óleo sobre tabla, muestra a Jesucristo siendo recibido en brazos por el padre, mientras encima de ellos aparece el Espíritu Santo en forma de paloma blanca. Están rodeados por una multitud de ángeles, uno de ellos carga la cruz y otro sostiene la columna donde Jesucristo fue atado y flagelado durante la pasión.

“Nos habla también de la ruta de las imágenes, de cómo el grabado fue imprescindible para entender la creación artística a partir del siglo XV”.

EL CALVARIO DE FLANDES

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Otra imagen a analizar es un calvario anónimo del siglo XVII, proveniente de la región de Flandes (actual norte de Bélgica). En ella ha desaparecido la multitud de personajes mostrados en los siglos anteriores. El autor se limitó a incluir a Jesucristo crucificado, a la Virgen María, a San Juan y a María Magdalena hincada y abrazando la cruz en un gesto mucho más dramático.

Han desaparecido los nimbos, pero la jerarquía se representa con otros elementos: Jesucristo tiene una especie de resplandores (potencias) en la cabeza, la Virgen María y San Juan ostentan aureolas, mientras María Magdalena no tiene nada. Detrás se muestra a Jerusalén. Según Garza Orellana, esta representación condensada del calvario está basada en un grabado de Martin de Vos (1532-1603).

“Este tipo de composiciones son las que primaron a partir del siglo XVII y que llegan hasta nuestros días”.

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