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El triunfo de Sheinbaum y las tendencias globales

Arturo González González

México experimenta la consolidación de un cambio de régimen luego de décadas de experiencia neoliberal. Encara el paso de estafeta de un gobierno de un partido de izquierda populista construido en torno a la figura de Andrés Manuel López Obrador, hacia otro emanado del mismo partido, pero encabezado por Claudia Sheinbaum, la primera mujer en presidir la república en 200 años.

Por estrategia retórica, AMLO ha puesto a Dinamarca como modelo en su política de salud pública. Por conveniencia discursiva, la oposición ha utilizado la experiencia de Venezuela como advertencia general. Ambas visiones no corresponden a la realidad. México es un país de características únicas conectado desde su origen a un contexto global cambiante. Es un país bisagra en América y un nodo de conexión en el planeta. Un territorio de frontera con acceso a los principales océanos del orbe. Una zona de transición entre varios mundos.

El nacimiento de México está vinculado con las Guerras de Coalición en su etapa napoleónica que libraron varias potencias europeas encabezadas por Gran Bretaña contra la Francia revolucionaria e imperial y sus aliados. Fue una "pequeña" guerra mundial de la que el Imperio Británico emergió como potencia hegemónica, con el impulso de la primera revolución industrial y el cambio de eje económico mundial de Asia Oriental al Atlántico Norte.

La debilidad y el divisionismo de España tras la invasión francesa, y los intentos posteriores de restauración del absolutismo, propiciaron el levantamiento de los insurgentes en México, inspirados en las ideas de la Ilustración francesa y la revolución estadounidense.

Medio siglo más tarde, el triunfo de los liberales en México tras la intervención francesa y el ascenso de Porfirio Díaz también estuvieron ligados a acontecimientos globales, como la crisis de 1873, la segunda revolución industrial que trajo el ferrocarril, y una ola de liberalismo económico y acumulación de capital. Díaz logró lo que Juárez y Lerdo no pudieron: mantenerse largo tiempo en el poder para consolidar las reformas liberales.

Pero en el porfiriato el liberalismo en México se manifestó mucho más en lo económico que en lo político. El México porfirista de las inversiones extranjeras, el desarrollo de nuevas industrias, el crecimiento de ciudades y la construcción de ferrocarriles contrastó con el rezago de la mayoría de la población, las desigualdades económicas y la concentración del poder político en una persona.

El estallido de la Revolución Mexicana marcó el fin de la dictadura unipersonal y la transición hacia otro tipo de dictadura, la de partido. Nuevamente nuestro país se encontró inmerso en un cambio de época global, caracterizado ahora por otras revoluciones, como la china de 1911 y la rusa; el ascenso de los totalitarismos de derecha e izquierda; la pugna por la hegemonía producto del imperialismo; dos guerras mundiales; la crisis económica del 1929; una ola de proteccionismo económico y freno a la integración global; una pandemia, la de influenza, y el surgimiento de una nueva hegemonía, la de EUA.

México emergió de este proceso como una economía mixta, en proceso de industrialización y crecimiento, ensayando una especie de Estado de bienestar de corte corporativista cuyo centro era el PRI. Pero nuevos vientos soplaron en la década de 1970. La dictadura priista sufrió una mutación importante producto de vendavales globales.

El abandono por parte de Washington de la convertibilidad del dólar en oro provocó un aumento en la fluctuación cambiaria. Las crisis del petróleo de 1973 y 1979 ocasionaron la petrolización de la economía mexicana en busca de mayores ingresos. Se dio una excesiva adquisición de deuda con bancos internacionales para expandir el gasto público. La caída de los precios del hidrocarburo a inicios de los 80 ocasionó que México no tuviera para hacer frente a sus compromisos financieros. Fue la quiebra del modelo priista de economía mixta.

Acorralado, México acató las reformas neoliberales del Consenso de Washington que debía aplicar para salir del pozo y liberalizar la economía. Era el inicio de la hiperglobalización. El Estado mexicano se empequeñeció, renunció a ciertas facultades y dejó en manos del mercado la economía. El régimen priista tenía sus días contados. La debacle ocurrió en 2000, cuando al PRI no le quedó más remedio que entregar el poder para garantizar la continuidad de las políticas neoliberales.

Esta transformación, la de la alternancia, no es tomada en cuenta en el imaginario histórico de la Cuarta Transformación, que sólo reconoce la Independencia, la Reforma y la Revolución como sus antecesoras.

El cogobierno PRI-PAN acabó en 2018 en medio de la peor crisis de inseguridad en la historia reciente del país; una creciente desigualdad económica; una polarización social y política como consecuencia de dicha desigualdad, y un agotamiento de las instituciones democráticas debido al partidismo tóxico y a la corrupción. Y así llegamos a un nuevo cambio de época.

Las condiciones objetivas para que la izquierda populista alcanzara el poder en México estuvieron maduras en 2018. Pero este viraje está conectado con fenómenos globales que encuentran eco en los cambios de época pasados: la crisis económica de 2008; guerras y conflictos geopolíticos; carrera armamentista; repliegue de EUA como potencia hegemónica; regreso del eje económico mundial a Asia Oriental; desafío del orden liberal occidental por parte de potencias emergentes; otra pandemia, la de covid-19; regionalización de la globalización (nearshoring); nueva ola de proteccionismo, y la cuarta revolución industrial, de tecnologías digitales e inteligencias artificiales que rebasan a las instituciones establecidas.

En el mundo, los partidos tradicionales de izquierda socialdemócrata y derecha liberal que construyeron en los últimos cuarenta años el consenso neoliberal, enfrentan serios problemas para mantenerse como opciones ante el electorado. Algunos están al borde de la extinción. Otros se han tirado hacia la extrema derecha. Unos más han recurrido a la defensa de las minorías identitarias.

En México, este fenómeno se ha traducido en la debacle del PRI y el PAN, quienes prácticamente co-gobernaron el país desde 1994 hasta 2018. La llegada de AMLO a la presidencia y el triunfo avasallador de Sheinbaum en un proceso electoral desequilibrado, exhiben en toda su dimensión la crisis de los partidos tradicionales y de la democracia liberal en México.

¿Se prepara la constitución de un régimen iliberal o antiliberal en el país? Quien quiera encontrar indicios para responder que sí a ambas preguntas, los encontrará. Pero no debemos perder de vista que, de seguir México por la ruta iliberal, estaría respondiendo, otra vez, a una tendencia global; tendencia que, por cierto, afecta incluso a EUA, Reino Unido, Francia y Alemania, hasta no hace mucho los paladines de la democracia liberal.

urbeyorbe.com

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