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Dictaduras

CARLOS CASTAÑÓN CUADROS.-

Todo lo domina, todo lo aplasta. El estado soy yo. Aunque no lo dijo expresamente el rey de Francia, Luis XIV, en los hechos así fue. Para esa personalísima forma de gobierno, se construyó el palacio de Versalles, magnífica arquitectura acorde a la desmesura. A tales construcciones faraónicas, Deyan Sudjic, las describió como la arquitectura del poder. Detrás de la elegante y enorme fachada del ahora museo, hay un mensaje psicológico como un abismo: Quienes detentan el poder y quienes lo padecen. Tuvieron que pasar dos reinados más, eso sí, por herencia y derecho divino (nada de elecciones y votos), para que el pueblo francés se sublevara de manera violenta. En consecuencia, públicamente guillotinaron al monarca. Sin embargo, la dictadura de un rey pronto fue sustituida por otra dictadura, bajo el reinado del terror con Robespierre. A lo largo de la historia, lo que dominan son los gobiernos despóticos, las tiranías, satrapías, dictaduras, fascismos y totalitarismos. Casi como excepción, arraigó parcialmente la democracia, en especial tras las atrocidades de las dos guerras en siglo XX. Ya sabemos la expresión del gran político inglés, quien consideró a la democracia como el peor de los gobiernos, a excepción de todos los demás.

Impactada por el ascenso del mal como política de Estado, la filósofa Hannah Arendt, dedicó un extenso tratado a explicar los orígenes del totalitarismo en 1949. Tan fuerte el domino de aquella ideología, que, hasta su maestro, Martin Heidegger, una de las mayores inteligencias de Alemania, abrazó con su ser, la causa del Nacional Socialismo. Al tiempo, el profundo pensador, expresó que aquello fue un "error pasajero". Lo cual demuestra que hasta la mejor inteligencia puede ser colonizada por un psicópata carismático en el poder.

Para explicar a las dictaduras y los regímenes autoritarios, el politólogo Juan Linz, hizo un detallado catálogo de condiciones y características, no obstante, siempre hay que agregar más. Ahí no cabe la pluralidad, por el contrario, un régimen de esa naturaleza tiende a limitar las voces y sus manifestaciones. No hay elecciones libres y el poder puede durar tanto, como la biografía de quien lo detenta. Franco murió en la raya, y sólo después de su muerte, los españoles se atrevieron a pensar más allá de la dictadura. Después, Adolfo Suárez fue líder y héroe insospechado que no se arredró ante el fallido golpe de Tejero.

Otra característica en común de tantas dictaduras, son los niveles de represión y terror contra la población. De ahí surgieron eficientes aparatos de espionaje, para reprimir hasta las bromas, como lo detalló brillantemente el novelista checho, Milan Kundera.

Ejemplos sobran. En plena dictadura revolucionaria, el pintor David Alfaro Siqueiros se atrevió a criticar burlonamente al presidente Adolfo López Mateos. En respuesta, en 1960 el artista fue acusado de "disolución social", (antes ahí se justificó todo), para encarcelarlo en Lecumberri. En el México del siglo XXI, cualquiera le puede mentar la madre al presidente en las redes sociales y el acto carece de mérito. Entre tanto, las dictaduras cambian, se trasmutan y pasan de mano en mano, como si fueran una enfermedad. Leszek Kolakowski, quien padeció en carne propia el peso asfixiante de la dictadura en Polonia, explicó aquella actitud, como una "tiranía ideológica". Regresemos al artista, porque los papeles cambian. Bajo la tiranía de las "ideas", el mismo Siqueiros, dirigió en 1940 un atentado a balazos contra León Trotski. Para Stalin la disidencia fue inadmisible, así fuera en otro país. Los impactos de aquel fallido atentado, todavía se conservan como advertencia en la casa ubicada en Coyoacán.

Vargas Llosa se obsesionó con el dictador de República Dominicana, Rafael Leónidas Trujillo y escribió La fiesta del chivo. Retomo un breve pasaje: Tal vez era cierto que por los gobiernos desastrosos que vinieron después, muchos dominicanos extrañaban Trujillo ahora. Habían olvidado los abusos, los asesinatos, la corrupción, el espionaje, el aislamiento, el miedo: el horror se había convertido en mito. "Todo el mundo tenía trabajo y no había tanto crimen".

Pese ala hegemonía de tantas dictaduras en la historia, había ciertos límites. Pero ahora las principales empresas tecnológicas tienen acceso y controlan los datos personales, los gustos, las compras y hasta los deseos más íntimos de millones de personas. En pocas palabras, detentan más poder del que tuvieron tantos dictadores. ¿Qué sigue?

Nos vemos en @uncuadros

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Escrito en: DICTADURAS Carlos Castañón Cuadros

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