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De Política y Cosas Peores

ARMANDO CAMORRA

“Casamiento a edad madura, cornamenta o sepultura”. Ese refrán se aplica al hombre viejo que casa con mujer muy joven. Don Gerontino, señor que cargaba 80 calendarios, no hizo aprecio de la sabia admonición y contrajo matrimonio con Abrila, muchacha en flor de edad. La noche de las bodas el recién casado se puso su piyama de franela, sus calcetones de lana y su gorro de dormir y se tendió en el tálamo nupcial. La novia, por su parte, abrió su maleta. Grande fue la sorpresa de don Gerontino cuando en vez del negligé que él esperaba la muchacha sacó un plumero. Le explicó al provecto galán: “Lo traje porque supongo que tiene usted algo qué desempolvar”. El vendedor viajero presentó la lista de gastos de su última salida. Entre los conceptos venía uno que llamó la atención del gerente: “Por visita a congal, 2 mil pesos”. Le indicó al tipo: “Estoy de acuerdo en cubrirle ese gasto, pero no lo ponga así en la relación. Escriba, por ejemplo: ‘Por uso de equipo anatómico’. Yo entenderé”. Al regreso de su siguiente viaje el vendedor presentó su lista: “Por uso de equipo anatómico: 2 mil pesos”. Y en seguida: “Por gastos médicos para reparación de equipo: 3 mil”. Doña Holofernes le prestó el coche a su hijo mayor. Nunca lo hubiera hecho: el muchacho fue a estrellarlo contra un árbol. Afortunadamente el inexperto conductor salió ileso del choque, pero hubo pérdida total tanto del mueble - así son llamados en el norte los vehículos- como del árbol. Doña Holofernes solicitaba que la compañía de seguros le entregara en efectivo el valor del bien. El representante de la agencia le informó: “No podemos darle dinero, pero le entregaremos un coche exactamente igual”. “Ah cabrón -se preocupó doña Holofernes-. En ese caso cancele de inmediato el seguro de vida de mi esposo”. Inapropiada por todos conceptos, y por algunos más, es la gira conjunta realizada por Claudia Sheinbaum y Andrés Manuel López Obrador. Ciertamente es imposible pedirle a la Presidenta recién electa que se deslinde de AMLO. A él, y sólo a él, debe la postulación como candidata de Morena, y a la popularidad y fuerza del caudillo debe también su contundente triunfo sobre la mal hilvanada oposición que tuvo. Pero de López debió salir la idea de permitir que la mujer que ganó la elección presidencial disfrutara sola su victoria, sin tener que llevar pegado como lapa a un hombre cuya presencia en esa gira resalta la impresión de que el tal hombre es su hacedor, su guía y en el futuro su posible manipulador. “Dejarme solo” -ordenó el torero a su cuadrilla ante la lidia de un toro de mala casta y pésimas ideas. Los peones se taparon, o sea que se metieron tras las tablas para ocultarse a la vista del marrajo. “Dejarme solo” -volvió a pedir el diestro. Un banderillero le hizo notar: “Ya está usté solo, mataor”. “No -opuso éste-. Todavía está aquí el toro”. Los indicios muestran que López Obrador se resiste a abandonar el poder, y exige que los reflectores lo sigan hasta el final, a la manera de esos sujetos protagónicos que buscan ocupar siempre el centro de atención y que, según el dicho popular, en los bautizos quieren ser el niño, en las bodas el novio y en los velorios el muerto. Mucho luciría Claudia Sheinbaum -lo merece- si recorriera el país por sí sola a fin de dar las gracias a los ciudadanos que le otorgaron su voto en forma tan mayoritaria y contundente. Eso le serviría también para reiterar el mensaje conciliatorio y de unidad que dijo tras conocerse el resultado de la jornada electoral del 2 de junio. Pero todavía está aquí el toro. Nos preguntamos si también después seguirá estando. FIN.

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