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Camila, la justicia y el equilibrio de la balanza

Carlos Seoane

Qué difícil empezar a escribir esta columna a sabiendas que lo que la alimenta es el cobarde asesinato de una pequeña niña de ocho años. Descansa en paz, Camila.

El pasado miércoles 27 de marzo en el rango del medio día, Ana Rosa Aguilar se comunicó con la mamá de Camila para que le permitiera ir a su casa a jugar y chapotear con su hija menor en una alberca inflable.

Leo que ambas mujeres eran vecinas y que las niñas se conocían con anterioridad habiendo jugado previamente en más de una ocasión. Motivo por el cual el permiso fue concedido y Camila se fue caminando solita a un lugar que ya conocía y que estaba cerca de su casa.

Por la tarde, su mamá fue a buscarla, pero la vecina le informó que la pequeña nunca llegó. Asumo que tuvo un profundo estado de shock, sus papás comenzaron a buscarla y fue entonces que, a través de cámaras de vigilancia instaladas de forma privada por la zona, confirmaron que la niña sí había entrado a la casa a la cual había sido invitada.

Sin embargo, en esos mismos videos, en el rango de las 14:00 horas se puede ver a Ana Rosa subiendo una canasta con ropa a un taxi acompañada de un hombre (su novio) que cargaba algo envuelto en una bolsa de plástico negro y que fue depositado en la cajuela del auto.

Posteriormente, y ya con la evidencia de los videos en mano, la policía se dio a la búsqueda del taxista, quien, al momento de ser detenido y cuestionado, indicó el lugar en donde arrojó la bolsa que contenía el cuerpo de Camila. Su muerte fue provocada por estrangulamiento, lo que descarta categóricamente un accidente, alguien la quería muerta.

Es importante mencionar que, en algún momento posterior a la desaparición, la mamá de Camila recibió una llamada o un mensaje de texto con la solicitud de un rescate de 250 mil pesos ante lo que aparentaba ser un secuestro. No me queda claro si en realidad el motivo de Ana Rosa y su cómplice (o cómplices) fue para recibir el dinero o solamente para cubrir sus huellas y desviar la atención hacia otro lado.

Al día siguiente, y con los videos pululando en redes sociales, fue que la población local se movilizó enardecida a casa de Ana Rosa, y aun con las fuerzas del orden presentes (mismas que se vieron rebasadas por los hechos), la sacaron a ella y a sus dos hijos varones por la fuerza y los golpearon hasta el cansancio. Ana Rosa perdió la vida, los hijos se encuentran hospitalizados con múltiples lesiones, el novio taxista está detenido y seguramente no volverá a ver la calle como un hombre libre, la hija menor de Ana Rosa quedó en la orfandad y la familia de Camila hecha trizas ante el cobarde asesinato de su pequeña.

Es entonces amable lector que le pregunto: ¿linchar a una persona culpable es equivalente a hacer justicia?, ¿acaso la venganza equilibra la balanza?

Un linchamiento es la ejecución tumultuaria y sin proceso del sospechoso(a) habitualmente precedida de un "arresto ciudadano" con la intención de aplicar una especie de justicia pronta y directa, sin esperar a formular un proceso legal, ni siquiera uno sumario, prescindiendo de la autoridad establecida, de los derechos humanos y de cualquier tipo de garantía legal.

Es un acto de violencia reactiva que se suele producir de forma espontánea por motivos sociológicos concretos, normalmente por la conmoción social de un delito concreto.

En otras palabras, es una ejecución extrajudicial, ilegal e inhumana... pero sin lugar a duda, todos los participantes y observadores presenciales, al igual que en redes sociales, obtuvieron una sensación de justicia (así sea falsa) y de haber equilibrado la balanza.

X: @CarlosSeoaneN

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