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Apatía y normalización frente a la escasez de agua

Manuel Valencia Castro

El verano del año pasado recibí una llamada de un buen amigo con el que hacía años no conversaba, ya entrados en la plática me preguntó: ¿y cómo andan de agua allá por donde vives? Mal, contesté, por acá el desfile de pipas es interminable en esta época (verano) y ¿por allá donde tu vives cómo está? Pregunté, Muy mal contestó mi amigo, por acá no pasan las pipas (él vive al sur de la ciudad de Torreón), pero cada quien tiene su bombita que conectamos a la red cada dos o tres días a la hora que sabemos habrá un chorrito de agua, yo me levanto a las 4 de la mañana y de esa manera lleno mi tinaco, así son las cosas por acá y que le vamos hacer.

La breve charla sobre la escasez de agua estimuló mi curiosidad y decidí seguir preguntando: pregunté a otras personas la misma pregunta que me hiciera mi amigo ¿cómo andan de agua en el sector donde vives y cómo lo resuelven? Fue muy ilustrativo y confirmatorio el sondeo, la respuesta a cómo andaban casi siempre fue mal o muy mal y el casi se debe a una persona de Senderos que me dijo que bien por el pozo que recientemente se puso en marcha, aunque es importante acotar que otras personas del mismo sector tuvieron una opinión completamente diferente indicando que es muy poca el agua que sale de la llave y que incluso con frecuencia es nada lo que sale.

Respecto a la alternativa que se aplican para paliar la falta de agua, en su mayoría ampliaban la capacidad de almacenamiento, ya sea agregando un tinaco más o agregando un tanque con capacidad de 5,000 litros o más. Noté que de ciertos sectores del centro hacia el norte se dejaba de usar la bombita, o por lo menos no lo mencionaron y le apostaban más al servicio de pipas de SIMAS o incluso particulares. En una ocasión pasando por una calle de la Ampliación Los Ángeles observé en una cochera un tanque de grandes dimensiones que apenas cabía en aquel espacio. Esto es curioso, ya que estamos optando por alternativas que emulan un acuífero, como los tinacos enterrados.

Por extraño que parezca, fue muy raro que alguno de los sondeados expresara algún tipo de molestia y cuando lo hicieron fue para quejarse del cobro de un servicio que no se cumple. Aunque debo aclarar que no sólo no se hacía una pregunta al respecto, se trataba de una charla ocasional sin ninguna tendencia.

Pero, aunque así fuera, era inquietante no encontrar un asomo de interés o de enojo hacia la causa de un problema que en última instancia puede obligarnos a emigrar en el caso de un colapso. Hemos normalizado el problema y hemos adoptado una actitud conformista y apática que nos facilita la adaptación a tal situación. No hay concordancia entre la gravedad del problema y la limitada reacción de los laguneros en general. Agreguen además que todo esto ocurre en un contexto dominado por una cultura kitsch en la que todo lo que es tan agradable como fugaz es considerado de gran valor, dada nuestra hambre de distracciones (Riemen; Greenberg).

El eco Psicólogo Epen Stoknes Codirector del Centro para la Sostenibilidad de la Escuela Noruega de Negocios, se pasó siete años buscando una respuesta que explicara la apatía de las personas ante graves problemas ambientales como el cambio climático y sus implicaciones, sin duda una de estas el caso de los extremos hidrológicos, como la sequía y las inundaciones. Stoknes comenta que los humanos solemos alzar barreras mentales que nos impiden comprometernos. Él las resume en lo que llama las cuatro D de la defensa Psicológica: Distanciamiento, Destino, Disonancia y Denegación.

"El Distanciamiento Psicológico significa que el cerebro humano tiende a ver el problema del agua como algo abstracto, invisible, lento y alejado en términos tanto de espacio como de tiempo". Así, dice, "es como se minimiza la sensación del riesgo que nos amenaza." El destino, según Stoknes, es una forma de normalizar el problema y de adaptarse al mismo, es lo que comúnmente decimos "ya nos tocaba, ya que". La Disonancia cognitiva entre lo que hacemos, como regar el jardín, lavar el coche, gastar agua en la limpieza del hogar, etc., y lo que sabemos, como la escasez de agua debido a la sobreexplotación agroganadera, nos lleva según Stoknes a justificarnos en lugar de cambiar nuestro comportamiento. Y finalmente la Denegación del problema, que hace referencia a la negación de lo que pasa al margen de la información científica que se dé en la explicación del mismo.

La cuestión ahora que debemos hacernos es ¿cómo romper estas barreras? ¿Se trata de un cambio individual? ¿O de un cambio social? Seguiremos este hilo en la siguiente colaboración. Hasta entonces.

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Escrito en: movilidad

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