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Los inicios de un joven reportero

García Márquez fue contratado como aprendiz de redactor en El Universal de Cartagena [...] Su primera colaboración firmada consistió en una crítica al toque de queda impuesto en el país.

Los inicios de un joven reportero

Los inicios de un joven reportero

VICENTE ALFONSO

En una trayectoria que se extendió por cincuenta y un años (de 1948 a 1999), Gabriel García Márquez ejerció el periodismo en todos sus géneros: fue cronista, entrevistador, reseñista, corrector, editorialista, editor e incluso tallerista. No obstante, a ningún cargo periodístico le dio tanto peso como a la figura que él llamaba “el máximo nivel de reportero raso”.

En esta historia resulta esencial lo ocurrido el 9 de abril de 1948: Jorge Eliécer Gaitán, candidato del Partido Liberal a la Presidencia de Colombia, fue asesinado a disparos en Bogotá, lo que desembocó en una ola de protestas y disturbios que ganó el sobrenombre de “Bogotazo”. Fue el origen de la época conocida como La Violencia. “Con ella nacieron grupos guerrilleros y paramilitares, murieron cientos de miles de personas, mientras que millones tuvieron que emigrar”. García Márquez recordará, muchos años después, que en Bogotá “las calles estaban tomadas por tropas de asalto y con órdenes terminantes de disparar”, mientras en las azoteas “la resistencia politizada continuó por varios días con francotiradores apostados en torres y azoteas”, según contaría él mismo en sus memorias tituladas Vivir para contarla.

Luego de tres días de encierro en casa de su tío, los hermanos Gabriel y Luis Enrique García Márquez salieron a la calle para toparse con una ciudad “en escombros, nublada y turbia por la lluvia […] Muchas calles estaban cerradas por nidos de francotiradores en las azoteas del centro, y había que hacer rodeos sin sentido por órdenes de patrullas armadas como para una guerra mundial”.

Así se desvanecieron las razones del joven Gabo para permanecer en la capital. Tras un breve paso por Barranquilla, a sus veintiún años, García Márquez fue contratado como aprendiz de redactor en El Universal de Cartagena, donde comenzó a publicar la columna Punto y Aparte. Su primera colaboración firmada consistió en una crítica al toque de queda impuesto en el país, y que comenzaba con la frase “Los habitantes de la ciudad nos habíamos acostumbrado a la garganta metálica que anunciaba el toque de queda”. Como ha observado Gerald Martin, su primer artículo “arranca con una frase política e, implícitamente, con un rechazo a la clase política dominante en Colombia”. Según recuerda el novelista en sus memorias, su jefe entonces, Clemente Manuel Zabala, tuvo que reescribir aquel primer artículo para que se autorizara su publicación, pues “desde el 9 de abril había en cada diario del país un censor del gobierno que se instalaba en un escritorio de la redacción como en casa propia desde las seis de la tarde, con voluntad y mando para no autorizar ni una letra que pudiera rozar el orden público”.

Respecto al período conocido como La Violencia, Gerald Martin señala una paradoja: “fue La Violencia la que hizo que García Márquez se volviera periodista, pero La Violencia limitó radicalmente las posibilidades del periodismo”. Durante los siete años siguientes —bajo los gobiernos de Ospina Pérez, Laureano Gómez, Urdaneta Arbeláez y Rojas Pinilla— “se mantendría la censura oficial de la prensa”. El panorama internacional era, a decir del propio Martin, “igualmente siniestro”: “a fines de 1949 […] el nuevo sistema internacional se había establecido y la Guerra Fría, recientemente declarada, sería el contexto de los próximos cuarenta años de su existencia”.

“Todavía me pregunto cómo habría sido mi vida sin el lápiz del maestro Zabala y el torniquete de la censura, cuya sola existencia era un desafío creador”, se pregunta García Márquez en sus memorias evocando aquellos años de aprendizaje. En lo literario era un lector entusiasta que empezaba a fraguar lo que terminaría por ser uno de los proyectos más ambiciosos de su carrera, pues a fines de ese año, o a inicios del siguiente, comenzó a teclear, en la redacción de El Universal, una novela con el título tentativo de La Casa. Era el mismo proyecto narrativo que, veinte años después, cristalizaría bajo el título Cien años de soledad.

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