EDITORIAL

Columna

Violencias: ¿fracaso estatal?

ALBERTO AZIZ NASSIF

En estos tiempos se acumulan tragedias y malas noticias de forma cotidiana. A la pérdida de más de medio millón de empleos (53% formales y 47% informales, Inegi), se suma el catastrófico incremento de la migración de mexicanos a Estados Unidos (cada año se incrementa el número de migrantes muertos en eventos como la reciente tragedia de Texas). Lo más grave son las expresiones de violencia que todos los días azotan al país. Asesinatos de miles de personas anónimas, y también la muerte a manos del crimen organizado de personajes que son referencia simbólica, como los dos jesuitas ultimados en Cerocahui, Chihuahua (Joaquín Mora y Javier Campos), y el último periodista asesinado, Antonio de la Cruz, para sumar 12 en lo que va de 2022. Estas muertes cuestionan la estrategia del gobierno para pacificar al país.

Se reconoce, dentro y fuera del país, que la estrategia de seguridad del gobierno federal no ha dado los resultados esperados y se ha vuelto un factor muy preocupante, porque nos deja un país más violento, capturado e indefenso. Ante este panorama resulta conveniente diferenciar los tipos de violencia, porque de pronto se empalman expresiones muy diferentes. De acuerdo con el sociólogo francés Michel Wieviorka, hay al menos tres formas clásicas de violencia que padecemos: la de un sentido común que apunta a una conducta de crisis por frustración o simple agresividad; la que se ejerce como un recurso calculado, una acción para lograr un objetivo, y la que se da en términos culturales dentro de la familia o la escuela. El crimen organizado usa la violencia como una acción instrumental para asegurar un territorio, dominar una región y garantizar sus negocios ilícitos. El problema es que enfrente tiene una autoridad desorganizada, muchas veces capturada, y sin una estrategia efectiva para detener esa violencia.

Hay otras formas de violencia que estudia Wieviorka, como la químicamente pura, que vemos todos los días; o la que se ejerce como defensa para la sobrevivencia y la organización de pueblos y comunidades, que a veces llega hasta linchamientos, como los que se han dado recientemente.

La fórmula de AMLO frente a la violencia y la inseguridad se compone de varios elementos que suele repetir en las mañaneras: las reuniones diarias con el gabinete de seguridad; tratar las causas con programas sociales para jóvenes. Dice el presidente que la "paz es fruto de la justicia". También ha señalado que hay una dinámica de confrontación entre grupos criminales que se disputan plazas y territorios y generan una mayor violencia. Se creó la Guardia Nacional y las fuerzas armadas se encargan, principalmente, de la seguridad. AMLO afirma que hay resultados, avances, y ya no existe impunidad, sin embargo, los hechos no avalan el planteamiento del presidente. En el otro extremo se puede ubicar al muy cuestionado dirigente del PRI, "Alito" Moreno, que pretende "armar" a la población para que pueda defenderse, casi como un vocero mexicano de la famosa Asociación Nacional del Rifle (NRA) de Estados Unidos. Una iniciativa lamentable.

La crisis que se generó por el asesinato de los dos jesuitas abrió una desafortunada confrontación entre AMLO y la Iglesia Católica por el reclamo de revisar la estrategia. El presidente respondió que no apostaría a la "guerra" y a la "violencia", pero nadie le pide eso. Se ha discutido mucho si existe una suerte de bandera blanca de la autoridad frente al crimen organizado. También es lamentable la confrontación que se ha dado para ver quién es el responsable de lo que pasó en Cerocahui, si es el gobierno local o el federal. Además, en el espacio local hay una fuerte disputa entre los exgobernadores (Duarte y Corral) y la actual gobernadora que cada día muestra mayor incompetencia para enfrentar la grave situación de violencia que crece en Chihuahua.

Violencia e inseguridad siguen siendo el mayor desafío del gobierno. Mientras tanto la captura de crimen, la violencia en contra de la ciudadanía y la descomposición social y política son muestras de un fracaso estatal que no se quiere reconocer…

Twitter: @AzizNassif

Escrito en: editorial ALBERTO AZIZ NASSIF editoriales violencia, confrontación, dado, AMLO

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