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Verdades inciertas

ALESSANDRA AMADO.-

Esta semana traigo una pregunta para llamar a la reflexión sobre lo que has comunicado al otro en tu discurso. Sí, comunicas mucho más de lo que expresas verbalmente, muchas veces el discurso está lleno de justificaciones disfrazadas de historia, preparativos que esconden la necesidad de aprobación, valores e inseguridades en forma de reglas e imposiciones. ¿Nunca pensaste en eso? Entonces vamos a comenzar.

¿Alguna vez te has encontrado pensando que tu intuición estaba en lo correcto acerca de la impresión de alguien? Esto sucede porque nuestros valores señalan afinidades o puntos de fricción y no siempre escuchamos o damos relevancia a estas impresiones.

Una situación muy típica es cuando conversas con alguien que dice algo y automáticamente empiezas a buscar una justificativa para explicar un posible punto de fricción, y cuando sucede lo inevitable su memoria pronto señala lo que debería haber pensado desde el principio. Parece complejo, ¿no?, pero imagina el siguiente ejemplo.

Imagina que estás entrevistando a un súper talento para tu equipo y durante la entrevista pones todos los desafíos que puede participar, las posibilidades de carrera y crecimiento y cuánto su experiencia agregará al equipo y con eso, en tu discurso mi querido líder, estás apuntando a una acción con autonomía, pertinencia en la participación en la toma de decisiones, además de entender que las sugerencias serán bienvenidas e implementadas.

Y luego hay un discurso sobre cuánto la empresa busca por la gestión a vista, los controles diarios, el trabajo presencial, etc., y aquí, quiero señalar que no hay juicio sobre estas decisiones, siempre que sean conscientes para ti como líder y para la empresa, y que haya una estrategia de gestión que los sustenta, sin embargo, el discurso de la autonomía y la delegación choca con la forma de conducir el día a día.

Si ese talento realmente quiere el puesto, ya sea por necesidad o por admiración a la empresa, es muy probable que se enamore del "canto de sirena" y trate de explicar racionalmente esta incongruencia en el discurso, pero lo más probable es que en la práctica revelará una gestión por procesos y no por resultados, control de tareas y la temida microgestión y en poco tiempo tendrás un profesional desmotivado, desvinculado y dejando el 40% de su salario sin productividad , el costo de la desvinculación. Y ahora, ¿qué hacer?

Yo apostaría por un camino de hablar con franqueza y buscar minimizar estos impactos, o muy pronto el talento del equipo buscará un nuevo lugar bajo el sol.

Si eliges hablar, abrí tu mente y cuestionar tu estrategia de gestión, ¿estás considerando diferentes estrategias para diferentes personas? ¿Te aferras a la microgestión porque te aferras al control y cómo entregas resultados? Responder a estas preguntas ayudará a aclarar y equilibrar tu discurso. Si la empresa es jerarquizada y se resuelve con eso, esta información saldrá consistentemente y atraerá a personas que estén en sintonía con estas características, lo mismo de tener flexibilidad, presión, competitividad, etc.

Alinear discurso, comportamiento y estrategia de gestión es la clave para mantener la coherencia de tus resultados y el alto compromiso de tu equipo.

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Escrito en: Vibremos positivo gestión, estas, discurso, estrategia

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