EDITORIAL

Columna

Tutte le vie vanno a Roma

JULIO FAESLER

Todos los caminos llevan a Roma, dicen los italianos y nosotros diríamos que todos los datos llevan al mismo punto: el fracaso de la administración actual. El primero en advertirlo es el propio presidente. En el rito de sus mañaneras notamos una creciente pesadez y como van repitiéndose las respuestas ambiguas a las preguntas que se le hacen y él las compone de interminables divergencias con intención de llenar el tiempo y evitar así que se le planteen más preguntas.

Se ve que no hay posibilidad de que admita error alguno ya que su terquedad no tiene límite. Se conocen cada vez más los datos duros: la pobreza aumenta, cada día los servicios de salud y educación se encuentran en caótico desorden y casi en ruinas, provocando la frustración y el sufrimiento de las mayorías. Se incrementa la inseguridad a pasos agigantados.

Las ironías de sus fracasos están en el ejemplo de la inauguración ayer de de una refinería que en un principio se dijo que costaría 7 mil millones de pesos y al día de hoy, inconclusa, costará al menos 13 mil millones de pesos. ¿Qué se inauguró? Sólo las oficinas del complejo Dos Bocas que entrará en producción de gasolinas en dos o tres años coincidiendo con la creciente importancia de vehículos eléctricos.

Otra obra paradigmática el AIFA, que costó 75 mil millones, está aún sin terminar, carente de vías de acceso, con controladores muchos improvisados, equipos todavía sin instalar todo ello en la urgencia por desviar vuelos del AICM al Felipe Ángeles a su vez limitado por la dilación en recuperar la primera categoría aeronáutica internacional perdida hace más de un año.

La joya de la corona, el Tren Maya, construcción hecha sin la autorización ambiental, con tramos que amenazan el frágil subsuelo yucateco con vestigios de 10 mil o más años, obra encargada a los militares, hecha a base de contratos sin licitación alguna, blindadas sus irregularidades, como las de otras obras de infraestructura de este régimen, por el decretazo que las convierte en asunto de seguridad nacional.

En lo económico, nuestros intercambios se concentran en un 85% en el gran mercado norteamericano, donde el T-MEC, avalado en los últimos momentos de negociación por AMLO, contiene gérmenes de controversias jurídicas que costarán millones de dólares para cubrir indemnizaciones a empresas extranjeras por las cancelaciones y violaciones a derechos adquiridos.

La inseguridad es la que más ha afectado al mexicano en su vida diaria a lo largo y ancho del país. Desde 2018 México está a la cabeza de los países más peligrosos del mundo. Las cifras de muertes en lo que va la presente administración es de 123 mil, la más alta de los últimos 2 sexenios. Municipios enteros tienen autoridades impuestas por las mafias convirtiéndolos en centros de producción y distribución de narcóticos. En más de la tercera parte del territorio nacional su fuerza supera a la del gobierno. El asesinato de los dos jesuitas en la sierra de Chihuahua motivó una firme declaración de la Iglesia católica insistiendo en que se actúe más allá de meros abrazos para contener la ola criminal. Como respuesta el presidente simplemente tachó de hipócrita las denuncias de los sacerdotes.

En lo económico la política de AMLO ha ahogado a miles de PYMES que debieran ser, como en otros países, la fortaleza básica nacional. Al relegarlas de apoyos financieros y administrativos se han desocupado millones de brazos de trabajo engrosándolos a la corriente migratoria. La política de atender con programas sociales sólo el consumo familiar y no extenderlos a la producción de pequeñas y medianas industrias ha privado al país del vigor de miles de unidades económicas.

Visto lo anterior, nada nos indica que vaya a cambiar el rumbo que lleva el gobierno de López Obrador. Su terquedad que se ufana en mencionar le impide tomar en cuenta enderezar objetivos y atender opiniones de quienes lo pueden orientar a no repetir errores.

Entrando al cuarto año de gobierno es lógico prever que el tiempo hasta las elecciones presidenciales de 2024, se desperdiciará en incesantes ataques y escaramuzas ofensivas entre los aspirantes. Más importa el perfil personal de los individuos en juego que las propuestas concretas de los partidos y sus plataformas. Esperemos que el ambiente no se enturbie con violencias.

A esta luz, ¿acaso sería más sensato para el ciudadano dedicarse sólo a sus actividades personales y familiares y sustraerse de preocupaciones políticas? Definitivamente no. Por solidaridad e interés personal es evidentemente más importante hacer lo que pueda para evitar que el próximo sexenio 24-30 replique las funestas frustraciones que el gobierno nos receta.

Nada podremos hacer sin realizar desde ahora una acción política ciudadana traducida en una alianza firme entre PAN PRI, PRD y posiblemente Movimiento Ciudadano y con ello dejar atrás el caos que hoy lastran nuestro avance.

No hay de otra. Éste es el camino.

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Escrito en: editorial JULIO FAESLER editoriales millones, política, gobierno, producción

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