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Rincón Beisbolero

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CLAUDIO MARTÍNEZ

Hoy en día ser propietario de una franquicia en la Liga Mexicana de Beisbol (LMB) y operarla, es una misión titánica; los jugadores de calidad cobran bastante bien, los viajes a otras plazas son costosísimos, acondicionar los escenarios que generalmente facilitan los gobiernos, implica otra erogación millonaria, mientras que los buenos patrocinadores cada día escasean más, y las asistencias también van a la baja, aunque hay escenarios como Tijuana y Yucatán, que este año mantienen un ritmo que debe tener muy contentos a los señores Alberto Uribe Maytorena, Erick y Juan José Arellano Hernández. No se puede omitir el hecho de que los clubes tienen empleados de oficina, así como un staff que opera el estadio, y eso también requiere una erogación importante.

El beisbol ha evolucionado y eso tratan de aprovechar los empresarios que invierten su dinero para tener beisbol profesional en las diferentes plazas; la idea es ganar, salir tablas o perder lo menos posible, y para cumplir con cualquiera de esos tres puntos, el ingreso por taquilla que representan los verdaderos aficionados, no es suficiente, es necesario buscar otras opciones. El camino más fácil es abrir las puertas a quienes no son buenos aficionados, o incluso a quienes no lo son, pero gustan de asistir a los estadios porque encuentran otros atractivos, como la música, buena variedad de alimentos y bebidas, y en general un ambiente que les genera una estancia placentera sin necesidad de acudir a un antro común y corriente.

En Torreón, por ejemplo, si los Algodoneros de Unión Laguna recibieran en el Estadio de la Revolución exclusivamente a los verdaderos aficionados al beisbol, las asistencias serían a lo mucho de unas mil personas, lo que haría imposible su permanencia en esta plaza. El punto se entiende y se acepta, durante el juego se recurre a la música, la pantalla, las porristas, mascotas, concursos y otros distractores que no gustan a quienes sí asisten a ver el beisbol. Entendido el punto, es necesario encontrar un equilibrio para que los verdaderos aficionados también tengan una estancia placentera, disfruten del beisbol y puedan comentarlo con sus acompañantes y vecinos de butaca.

Sí, la evolución del beisbol no se puede detener y se tiene que aceptar, pero nada ni nadie debe pesar más que el verdadero aficionado al beisbol, ése que asiste a disfrutar de su espectáculo favorito, porque los equipos de beisbol venden eso precisamente, el Rey de los Deportes. Cuando el equipo juega en gira hay lugares en Torreón, a los que el aficionado puede acudir para disfrutar del juego, acompañado de su bebida y alimento favorito; los televisores se ponen en "mute" y la música no deja de sonar, la situación es lógica, porque esos lugares no venden beisbol, sino otro tipo de entretenimientos. La analogía resulta válida y es digna de tomarse en cuenta.

Los verdaderos aficionados que aún asisten a los estadios, deben ser tratados con respeto, sin música estruendosa y con ruido limitado; el ambiente familiar siempre ha sido propio del Rey de los Deportes y esa característica no se le puede quitar de la noche a la mañana. Si alguien quiere ir al estadio a bailar, cantar, embriagarse y demás, está en todo su derecho, pero siempre tiene que haber un límite y un respeto a los demás, al mismo beisbol. Imaginen lo que siente un lanzador de Unión Laguna cuando sale del juego apaleado y en la tribuna el público hace la Ola, canta y baila al ritmo de la estruendosa música y de la pantalla que proyecta a los protagonistas del espectáculo.

En otro tema, un buen aficionado que pide omitir su nombre, asegura que Missael Rivera le hizo una mala jugada a Algodoneros y la organización debió suspenderlo; señala que el jugador solicitó un incremento en su salario y el equipo se lo concedió, mientras que Rivera jugaba con dos cartas, porque ya estaba en pláticas con Saraperos, a quienes solicitó un sueldo mayor al que ya le había concedido Unión Laguna, y finalmente le fue concedido, por lo que partió a Saltillo. Versión de un aficionado que quien esto escribe desconocía, y solamente es portador de la misma. Hoy lo cierto es que MIssael ya está en Saltillo, se podría decir que se salió con la suya, pero si las cosas fueron así, Unión Laguna pudo suspenderlo.

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