EDITORIAL

Columna

Reto latinoamericano

CARLOS GONZÁLEZ

América Latina es una región clave, no solo de nuestro lado del hemisferio, sino para un mundo globalizado, sin embargo, el sueño del libertador Simón Bolívar, de una región articulada en un interés común es complicado.

La búsqueda de un posicionamiento común frente a los desafíos globales usualmente son opacados por los liderazgos en la región, principalmente derivados de sus ideologías políticas, una fuerte influencia estadounidense, rivalidades históricas, así como de una fragmentación cultural y geográfico, sin mencionar otras adversidades como son las crisis migratorias y de seguridad.

El presidente Andrés Manuel López Obrador, durante una gira exprés de cinco días, llevó su agenda política y social a países clave de la región centroamericana y caribeña, en una acción que podría suponerse como la búsqueda del regreso de México al liderazgo regional, así como la interlocución con Estados Unidos ante los problemas que imperan en la zona.

El deber del titular del Ejecutivo en turno es recuperar y / o potencializar el liderazgo de México en América Latina y el mundo, otorgar certeza y confiabilidad para que los grandes inversores aterricen en tierras mexicanas, así como ofrecer soluciones a problemáticas como lo son la inmigración irregular, la pobreza e impunidad, pues debemos recordar que además de ser un país latinoamericano, somos una nación ubicada en América del Norte, con un posicionamiento privilegiado geográficamente para el comercio con Estados Unidos y todo lo que ello conlleva.

Si bien la gira se constituyó para reafirmar lazos en Centroamérica y Caribe, una región históricamente desatendida, falta otorgar ese grado de atención a las naciones del cono sur, donde la fragmentación geopolítica es más evidente y tangible debido al ascenso de líderes identificados de izquierda y los choques ideológicos que esto supone ante la presencia de otros de estrato más conservador.

El primer mandatario mexicano ha desatendido las relaciones internacionales con vasta cantidad de naciones; se ha enfocado principalmente en la política interna del país con los ojos puestos en una visión histórica que poco peso tienen ante los desafíos del Siglo XXI.

La relevancia de esto es tal ante el Plan Nacional de Desarrollo presentado por López Obrador a inicios de su Administración, misma que habla de recuperar los valores tradicionales de la diplomacia mexicana y habla concretamente de siete, mismas que son la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de los conflictos, eliminar el uso de la fuerza, la igualdad entre los Estados, la cooperación para el desarrollo y respeto a los derechos humanos.

La Organización Mundial del Comercio ha dicho que la mayoría de los discursos basados del presidente, basados en los siete principios plasmados en la Doctrina Estrada funcionaban en la década de 1930 y 1940; ahora, los desafíos comerciales, de salud, de seguridad internacional -que incluye aquellos de seguridad interna- no son compatibles con los del tinte nacionalista que requieren soluciones integrales, y tampoco ante la cantidad de organismos que existen hoy por hoy para dar certeza. México debe abandonar un papel de observador.

Por ahora, la gira deberá ser tomada como un parteaguas del papel de México en la Cumbre de las Américas, donde Estados Unidos busca retomar su liderazgo en el continente como promotor de la democracia, y nuestro país no deberá desaprovechar su posición y ofrecer soluciones concretas a los problemas que aquejan, así como imponer condenas los regímenes que llevan acciones contrarias al derecho internacional.

Escrito en: editorial CARLOS GONZÁLEZ editoriales región, México, América, desafíos

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