EDITORIAL

Columna

Reincidencia

YAMIL DARWICH

Dicen que "al que no le guste la sopa de fideos: dos platos" y eso nos sigue pasando.

El 4 de marzo del año 1929, Plutarco Elías Calles -primer tlatoani- fundó al PRI, partido de tendencia centro-derecha. Iniciaba un período que establecería la paz social, perdida desde antes de la Revolución Mexicana y la esperanza de vivir en un país con verdadera democracia.?? Aquellos nacionales fueron rotundamente defraudados.

Transcurrieron 81 años de elecciones fraudulentas, violaciones al voto popular manipulándolo al antojo del partido en el poder, hasta que terminó la llamada "dictadura perfecta", eligiendo al panista Vicente Fox, -2000- personaje refresquero quien, con su inicial simpatía, decires populares y botas vaqueras nos ilusionó, ofreciéndonos el cambio esperado por decenas de años. Fuimos decepcionados.

Poco duró su popularidad y pronto aparecieron en escena esposa -segunda- e hijos: prepotentes, abusadores de poder, enriqueciéndose brutalmente y anteponiendo intereses familiares y de amistades. Abusadores consumados.

Nuevamente perdimos las esperanzas reapareciendo la desilusión y, pretendiendo no volver a la perfidia vivida, elegimos -2006- a otro panista: Felipe Calderón Hinojosa, quien dirigió nuestro destino defraudándonos nuevamente, permitiendo componendas entre políticos y empresarios que se "hincharon" de dinero a costas del patrimonio nacional. Nuevamente abusados.

Y como dice el refrán popular: "cabeceamos para el lado del trancazo" y desilusionados y sin tener otra forma de ejercer nuestros derechos, regresamos con los priistas, ahora revestidos de falso arrepentimiento, prometiéndonos el cambio y convenciendo a las mayorías con dinero y manipuleo mediático aplicado contra esperanzados mexicanos, quienes esperábamos "nos hicieran justicia la revolución" : se descaró el narcotráfico por contubernio.

La historia se repitió, agravándose la corrupción -ya instalada con Carlos Salinas de Gortari, quien, según muchos, continúa moviendo los hilos de la política y economía nacional- ocupando la silla presidencial Enrique Peña Nieto -2012-, ganándose la simpatía popular, acrecentada con mercadológica boda con una tele novelera.

Los abusos, la corrupción y el narcotráfico desbordado se profundizaron incrementando nuestra inseguridad.

"El pueblo bueno y sabio", gravemente agraviado por la brutal injusticia social, encontró a un nuevo mesías, renovando esperanzas: Andrés Manuel López Obrador -2018-.

La irracionalidad del rencor y el deseo revanchista enajenó a los votantes, cegándonos ante los antecedentes del "tlatoani": rijoso de niño, alborotador en su juventud, pésimo estudiante, meritorio del corrupto PRI, al que abandonó por no recibir el reconocimiento que consideraba merecer sumándose al PRD, fundado en 1989, de ideología política de izquierda, para también abandonarlo y crear una agrupación política que enunciaba un movimiento de renovación nacional: MORENA, que finalmente le llevó la presidencia -legítima y sobradamente- tras su persistente campaña durante tres sexenios.

Muchos mexicanos festejaron el triunfo confiados en sus promesas de "primero los pobres" y "acabar con la corrupción"; esperaban vivir un México justo, con un sistema democrático verdadero, por muy inmaduro que fuera. Nuevamente traicionados.

Pasados tres años de constantes errores -aparentemente voluntariosos- los mexicanos nos sentimos defraudados nuevamente, agregándose sentimientos desesperantes de abandono y esperanzas perdidas. Insisten algunos, los más dañados psicológicamente.

Por primera vez nos aplican un populismo radical como medio de control del poder político, repartiendo aún más dinero a los ancianos, jubilados -ya se hacía anteriormente- y aparentes estudiantes. Todos considerados masa votante.

Desafortunadamente para México, no solo siguió la desigual vida nacional, empeoró, llegando a tocar extremos inimaginables, fuimos nuevamente defraudados, ahora azorados.

La corrupción no disminuyó, de facto se incrementó con empresarios asociados que son favorecidos con la simpatía presidencial; desoyendo las denuncias contra familiares, cercanos y militantes de partido, todos impunes, evidenciados en videos y audios desentrañados de archivos secretos. Sumándose abuso con desvergüenza.

La inseguridad incrementó hasta llegar a casi 100 muertes diarias, apareció ingobernabilidad en algunas regiones y estados federales. "Abrazos, no balazos", es la desconcertante respuesta oficial.

El narcotráfico, desbordado, ahora controla elecciones municipales y estatales imponiendo candidatos, basándose en amenazas y ejerciendo violencia. Mudez como desenfadada respuesta.

La economía -de por si afectada por el coronavirus favoreciendo su derrumbe a nivel mundial- profundizándose en México, con obsesiones por "obras de sexenio" exageradamente caras y en todos los casos repudiadas por los mexicanos conscientes. Refinerías, aeropuerto y tren Maya, soberbios caprichos que representan billones de pesos que urgen en salud, vivienda y educación: insensibilidad como respuesta.

La universidad, fuente de profesionistas mexicanos, que lucha por su autonomía es amenazada, intentando someterla con recorte de presupuestos. El daño es mayor al recibido tradicionalmente con la politización de la enseñanza. ¿Deseducación intencionada?

Hoy día, los mexicanos estamos preocupados por la democracia, ante el posible control o desaparición del INE, que también pueden desvirtuarlo; además, el recelo llega hasta temer posibles modificaciones o cambios a la Constitución Política de México, redactándola a modo.

Urge un líder capaz de enfrentar a las mafias que parasitan a México, consumiéndonos, aplicándonos "pan con lo mismo".

Y nosotros… ¿reaccionaremos legalmente?

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Escrito en: Yamil Darwich Editorial Yamil Darwich México,, mexicanos, política, corrupción

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