EDITORIAL

No hagas cosas buenas...

Qué tragedia

ENRIQUE IRAZOQUI

Hay un viejo adagio para la política exterior mexicana, algo así como un principio fundamental: México tiene su corazón orientado hacia el sur, pero su bolsillo está en el norte.

Palabras más, palabras menos, este adagio refleja sin más la realidad de la economía mexicana. Sí o sí tenemos una inmensa dependencia del coloso del norte, quiérase o no.

¿Significa que por ello debemos ser el pueblo mexicano un tapete de los Estados Unidos? Por supuesto no. Sea como sea somos la nación mexicana en toda la extensión de la palabra. Tenemos valores, costumbres, ritos y tradiciones que nos identifican como tal, además de contar con un territorio determinado donde el Estado mexicano "ejerce" la soberanía (la comilla es porque para ejercerla, se necesita como principio fundamental el uso exclusivo de la fuerza por parte del Estado, pero cuando el jefe del mismo dicta una política de abrazos y no balazos o le parece que una horda persiga a fuerzas del orden o hasta del ejército, difícil hablar de soberanía)

Así que el lance de hace un par de días del presidente Andrés Manuel López Obrador acerca de su condición para asistir el próximo mes de junio a Los Ángeles, California a la Cumbre de las Américas, donde justamente es el Gobierno de los Estados Unidos el anfitrión y quien decide a qué países invita y a quién no, de que si no se convocan a todas las naciones del continente americano, él no iría y enviaría en su lugar al secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubón, suena por lo menos a una torpe amenaza. Máxime cuando apenas unas semanas atrás el expresidente de los propios Estados Unidos, Donald Trump declaró que con facilidad dobló al actual gobierno con el tema migratorio. Trump en un mitin a modo, dijo que prácticamente doblegó rápidamente al propio Marcelo Ebrard para que enviaran decenas de miles de soldados a la frontera norte de México para detener la migración sin papeles hacia los Estados Unidos. Los hechos dejan claros que entonces el gobierno -inteligentemente- accedió a la petición. Pero ¿pues no que muy soberanos?

¿Desde cuándo el ratón amaga al gato de tal o cual cosa? ¿O acaso en África una gacela intimida a una manada de leonas? Es verdad que, aunque la asimetría en muchas cosas entre México y los Estados Unidos nos coloca en situación difícil, mas no imposible para defender nuestras posiciones, el condicionar la presencia del presidente porque los Estados Unidos aparentemente no invitaran a los dictadores de Cuba, Nicaragua y Venezuela, sencillamente suena a despropósito por decir lo menos.

Andarse dando baños de dignidad ante el coloso del norte señalando con cierta razón hasta eso en pos de decoro, que las naciones deben ser tratadas por iguales no importando sus condiciones económicas o potencial militar, tiene toda la razón. Pero ese rasero no puede aplicarse para estados como Venezuela, Nicaragua o Cuba, donde las abiertas violaciones de los derechos humanos despojan a sus respectivos gobiernos de la capacidad de ser tratados como cualquier otra nación en al que sus ciudadanos gozan al menos antes el poder público, del respeto de los elementales derechos humanos.

Es decir, claro que los países deben respetarse. Incluyendo la vida interna de cada uno, pero si se flagela abiertamente los derechos humanos de los ciudadanos del país es turno como es el caso de Nicaragua, Venezuela y la emblemática Cuba, la cosa cambia.

Por supuesto que en el concierto de las naciones, la cruda realidad termina al final desnudando a todos. Nos polarizamos si Cuba, Nicaragua o Venezuela debe ser tratado de tal o cual manera, pero nadie se atreve a condenar fulminantemente a China, el gigante asiático hoy invencible o al asesino internacional de Vladimir Putin, que conduce a la superpotencia militar de Rusia como ahora el mundo mira con estupor lo que están haciendo en Ucrania.

No es nada fácil lidiar con el vecino norteño, que en su historia ha demostrado su apetito imperialista. Se puede calificar el manejo de la relación en este momento como magistral, hasta esta estupidez de confrontar al gigante por Maduro, Ortega y Diaz- Canel. Qué tragedia.

Escrito en: editoriales editorial Enrique Irazoqui Estados, Cuba,, Nicaragua, derechos

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