EDITORIAL

Columna

Nuestros desafíos frente a la trata de personas

JORGE NADER KURI

La trata de personas es un conjunto de delitos que afectan gravemente la dignidad, derechos humanos y desarrollo individual de sus víctimas, especialmente mujeres, niñas y adolescentes, que sin duda requiere de acciones colectivas en el entorno internacional para su erradicación. Tanto es así, que la ONU declaró el 30 de julio de cada año como el día mundial contra la trata, para que no se olvide que todos los estados tienen la obligación de actuar con la debida diligencia para prevenir e investigar la trata de personas y castigar a los responsables, así como de rescatar a las víctimas y tomar medidas para protegerlas; y que toda omisión a este respecto constituye una violación injustificable de los derechos humanos y las libertades fundamentales de las víctimas.

En México, contamos con una Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los delitos de Trata de Personas, emitida desde 2012, que establece los delitos de trata de personas y distribuye competencias para que en toda la República se investiguen de oficio y castiguen por igual. En términos generales, la trata de personas implica captar, enganchar, transportar, transferir, retener, entregar, recibir o alojar a una o varias personas para someterlas a la esclavitud, a explotación sexual o laboral, a trabajos o mendicidad forzados, a la comisión de delitos, a su adopción o matrimonio, a experimentos bioquímicos ilegales o bien para traficar sus órganos. Son, pues, una gama variada de conductas, que incluso se pueden cometer en delincuencia organizada y para las que se aplica la prisión preventiva oficiosa y la extinción de dominio.

En cuanto a su investigación, la mayoría de las fiscalías cuentan con unidades especializadas que aplican los protocolos en la materia y disponen lo necesario para garantizar el acceso a la justicia a las víctimas de tan abominables delitos. En lo que toca a la imposición de penas, los tribunales suelen actuar con perspectiva de género, imponer penas ejemplares y condenar a los culpables a reparar integralmente los daños causados.

A pesar de lo anterior, la trata de personas va en aumento. No se ha avanzado en la prevención ni en evitar la repetición. Según datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en el primer trimestre de 2022 se reportaron 494 víctimas de trata, lo que significa un aumento del 24 por ciento respecto del mismo periodo de 2021. Además, aunque se documenta un aumento en los varones víctimas, sigue afectando principalmente a mujeres, niñas y adolescentes. La explotación sexual se mantiene como la principal finalidad de los tratantes, aunque se registra un incremento de casos identificados con la finalidad de trabajo forzado, la mendicidad y para la comisión de delitos.

Es evidente que la trata de personas es un fenómeno sumamente complejo, que sigue siendo altamente lucrativo para sus autores. Por lo mismo, nos llama a importantes desafíos: su erradicación no sólo exige de las mayores capacidades gubernamentales y de recursos suficientes para la investigación y persecución de esos delitos, sino también de la adopción permanente de buenas prácticas internacionales y de la participación proactiva de organizaciones de la sociedad civil serias.

En honor de las innumerables víctimas de la trata, ojalá que en las próximas mediciones rindamos mejores cuentas.

Twitter: @JorgeNaderK

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