EDITORIAL

Columna

Mirador

ARMANDO FUENTES AGUIRRE (CATÓN)

El hombre que aquí aparece retratado fue un gran pecador.

Dos mujeres tuvo, y a las dos las hizo sufrir en tal manera que las envió a la tumba. No supo nunca de sus hijos ni de los que engendró en otras a las que seducía y abandonaba luego.

Siempre se dijo de él que mató a traición a un amigo para tomar luego a su esposa. Ésta, que conocía sus intenciones, se suicidó tras la muerte de su marido. A partir de entonces el hombre se entregó a la bebida. Viejo, enfermo y solo se volvió una ruina humana.

Una noche, ebrio de vino y amargura, fue a la capilla del Santo Cristo y llamó con grandes golpes a la puerta al tiempo que gritaba con desesperación; "¡Señor, perdóname!". Alguien le abrió, e instantes después el hombre cayó muerto. En su rostro, antes crispado por la maldad, había ahora una suave sonrisa de paz. Cuando por la mañana el cura fue a la iglesia el Cristo no estaba ya en su cruz.

Eso se cuenta en el Potrero.

En el Potrero se cuentan muchas cosas.

¡Hasta mañana!...

Escrito en: Mirador hombre, Cristo, "¡Señor,, muerto.

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