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ARMANDO FUENTES AGUIRRE (CATÓN)

Pienso en los traficantes de la droga, en sus sicarios y sus asesinos, en quienes les venden armas, en los que entran en complicidad con ellos, y siento vergüenza de la especie humana.

Pero luego pienso en Sócrates.

En Cristo.

En Buda.

Y pienso en Homero, en Virgilio y en Dante, en Shakespeare y Cervantes, en San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila. Y pienso en Dostoievski, en Dickens, en Tolstoi, en Balzac. Y pienso en Hemingway y Faulkner, en Paz, en Borges y García Márquez.

Pienso en Bach y Mozart, en Schubert y Beethoven, en Debussy y Ravel, en Stravinski, en Bernstein.

Y luego en Miguel Ángel y Leonardo, en Velázquez y El Greco, en Goya, en Van Gogh, en Picasso, en Orozco.

Y pienso en las santas y los santos, en las maestras y maestros, en las mujeres y hombres que alivian el dolor de sus semejantes, en todos aquellos que trabajan cada día para hacer mejor la vida de su prójimo.

Y entonces ya no siento vergüenza de la especie humana.

La maldad no prevalecerá. Prevalecerán la belleza, la justicia, la verdad, el bien.

Prevalecerá el amor.

¡Hasta mañana!...

Escrito en: Mirador pienso, vergüenza, especie, luego

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