EDITORIAL

Columna

Mirador

ARMANDO FUENTES AGUIRRE (CATÓN)

Me conmovió y me indignó al mismo tiempo el asesinato de dos sacerdotes jesuitas en una iglesia de la Tarahumara.

Desde hace mucho tiempo los ignacianos han llevado a cabo ahí una labor apostólica ejemplar en medio de dificultades de todo orden. Esa obra misional enaltece a la Compañía de Jesús y es muestra de la generosidad y entrega absoluta de sus miembros. El homicidio cometido en las personas de los sacerdotes es un horrendo crimen que clama al cielo.

Ahora la orden fundada por el de Loyola tiene dos mártires más, y su heráldica nuevos blasones que le darán mayor lustre terrenal. Eso, desde luego, no compensa la injusta muerte de sus misioneros, ni sirve de consuelo por su pérdida. Ellos trabajaron por los habitantes de aquella abrupta región del norte mexicano, cuyos habitantes viven en condiciones misérrimas. Dieron su vida, y recibieron la muerte. Su martirio no será en vano. La Compañía seguirá ahí su obra de bien.

¡Hasta mañana!...

Escrito en: Mirador tiempo, obra, sacerdotes, habitantes

Noticias relacionadas

EL SIGLO RECIENTES

+ Más leídas de EDITORIAL

TE PUEDE INTERESAR

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas