EDITORIAL

Columna

Los ejemplos de Colombia

YOHAN URIBE

Por primera vez en su historia Colombia eligió en las urnas a un presidente de izquierda. Y es que Gustavo Petro, un economista progresista, militó en las filas del M-19, el movimiento urbano insurgente que surgió precisamente luego del fraude electoral que en 1970 llevó al poder a Misael Pastrana. Aunque su lucha no solo ha sido por la democracia, durante más de tres décadas y desde diferentes trincheras como el Senado colombiano y la alcaldía de Bogotá, Petro denunció las conexiones entre el paramilitarismo y la política colombiana, en uno de los escándalos de corrupción más grandes en la historia de ese país.

Sin embargo, la elección en Colombia, más allá de poner al país en el mapa de los gobiernos de izquierda, deja varios ejemplos que valen la pena analizar. A pesar de haber tenido una de las más largas tradiciones bipartidistas del continente, en Colombia los partidos tradicionales, Conservador y Liberal, prácticamente quedaron condenados a una pequeña minoría cuya representación en las cámaras de ese país no les da para negociar ni siquiera posiciones importantes.

De igual forma, de los diez millones de votos que logró el candidato Rodolfo Hernández, el uribismo, que había definido las últimas cinco elecciones de ese país, aportó solo dos, por lo que quedó en evidencia el desgaste del partido del expresidente Álvaro Uribe. Y el actual presidente Iván Duque, quien deja el poder con el menor indice de popularidad en los últimos años, parece contar los días para entregar el gobierno.

Las urnas cerraron a las 4:00 de la tarde, y pasadas las 4:30 prácticamente ya se sabía el resultado de la elección gracias al conteo rápido. A diferencia de México, donde en los últimos años, a excepción de la elección presidencial que llevó al poder al Presidente Andrés Manuel López Obrador, los partidos lejos de reconocer los resultados, han tomado como costumbre definir las elecciones en los tribunales electorales.

En Colombia, pasadas las 5:00 de la tarde, y con cerca de 4 puntos porcentuales de diferencia, el candidato perdedor salió a reconocer el triunfo de Petro y le deseó suerte en su gobierno.

Lo mismo hicieron las autoridades del país e incluso el presidente Iván Duque, anunció su comunicación con el presidente electo y dejó claro que habría una transición de poder en buenos términos, esto antes de las 7:00 de la noche. Algo que no deja de sorprender, es que el ejercicio popular estuvo por encima de la polarización que predominó a lo largo de las campañas.

Colombia se decanta por la izquierda progresista, por la humanización de las instituciones, una forma de gobierno que ha caracterizado el perfil de Gustavo Petro, quien llegará al poder de la mano de Francia Márquez, la primera mujer afrodescendiente que ocupará la vicepresidencia del país, una luchadora social cuya agenda ha logrado no solo la reivindicación de los derechos de una minoría castigada históricamente en un país clasista, sino cuya lucha por el medio ambiente la han vuelto un ícono entre los jóvenes.

Una vez más la democracia se sobrepone a los discursos de odio infundados desde las tercas estrategias de los malos asesores de campaña que creyeron que esa pésima estrategia sigue funcionando. Una vez el voto estuvo por encima de los mensajes tendenciosos que dinamitaron las redes sociales durante los últimos meses en Colombia. La voluntad popular definió en las urnas un pensamiento. Con la participación más alta en la historia de ese país, se vivió una jornada sin violencia, algo que en ese polvorín que se ha convertido Colombia, es un avance por donde quiera que se le mire.

Ha pasado poco más de una semana después de las elecciones y al igual que López Obrador, que consiguió la presidencia en el tercer intento; Gustavo Petro ya marca la agenda informativa del país, cuando tomé posesión su discurso parecerá, al igual que sucedió con el presidente de México, más un informe de los cien días, que un arranque de gobierno.

Petro está lejos de López Obrador en materia energética. AMLO le apuesta a los combustibles fósiles para salvar a la Comisión Federal de Electricidad, Petro le abre la puerta a las energías verdes, aunque en Colombia la empresa nacional de petróleo no es ni la quinta parte de Pemex, mucho menos sus empresas de electricidad. Petro se declara capitalista, y en México la lucha es contra todo lo que huela a neo liberalismo.

Lo cierto es que veremos muchos puentes de comunicación entre los gobiernos de México y Colombia, al menos en relación a las relaciones de ambos países con Estados Unidos, así como en los tratados de comercio que pueden incrementar las exportaciones. Además de que el triunfo de Petro abona el camino de Lula da Silva en Brasil. Que seguro junto a Gabriel Boric en Chile, reivindicarán no la izquierda, sino una forma progresista de gobernar.

Escrito en: editorial Yohan Uribe editoriales Petro, poder, presidente, país,

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