EDITORIAL

Columna

La ventaja de tener dos alcaldes

YOHAN URIBE JIMÉNEZ

Cada vez que uno viaja a Durango, siendo lagunero, es inevitable incurrir en el mal gusto de la comparación. Que si porque el Centro Histórico es una verdadera joya arquitectónica, o porque los bulevares son amplios, bien señalizados y limpios; o en el peor de los casos, los puentes, cruces y edificios dejan ver la inversión en infraestructura que en los últimos años han llevado a la capital del estado a poder presumir un desarrollo que se respira a cada paso.

Y cómo no. Si Durango es una de las pocas capitales del país que sigue sosteniendo el rancio modelo centralista como una política pública. Los durangenses eligen democráticamente un alcalde, para que gobierne la ciudad, pero saben que los ciudadanos del resto de la entidad les ayudarán a elegir un segundo edil, con más presupuesto, gabinete y facultades constitucionales, lo podrán llamar gobernador, y sabrán que cada año este se ausentará en una corta gira por diferentes municipios para presumir su informe, pero lo cierto es que a los días regresará y se seguirá ocupando más de la capital que del resto del estado.

El maestro y político español Julio Anguita dijo en alguna ocasión: "Yo soy partidario de que en su momento el estado se extinga, desaparezca y sea sustituido por la sociedad autoorganizada"; pero como organizar a la sociedad es más complejo de lo que parece, apelar a la obligación de los gobiernos que la misma sociedad elige, más que un deber resulta una obligación. Por eso no se entiende, lo lejos que se encuentran en materia de inversión y políticas públicas de infraestructura, municipios como Gómez Palacio y Lerdo, por mencionar solo los grandes, de esa capital que cuenta con dos alcaldes.

El sexenio del ex priísta, que ganó por Acción Nacional la gubernatura de Durango en 2016, José Rosas Aispuro Torres, está por concluir, y son contadas las ocasiones en las que el gobernador realizó una gira de trabajo puntual y concisa por La Laguna. Muchos dirán que vino a inaugurar el Hospital General, terminado con recursos federales, o que asistió todas las veces que el presidente Andrés Manuel López Obrador realizó una visita a La Laguna de Durango. Pero lo cierto es que su gabinete gobernó desde la capital e incluso algunos de sus secretarios ni si quiera se tomaron la molestia de hacer turismo por la región.

Como simple ejercicio de la memoria, incluso cuando se vivieron en este sexenio crisis complicadas de seguridad, o el tema de los feminicidios abrió enormes heridas en la sociedad, la fiscal del estado en ese momento, Ruth Medina Alemán, se limitó a emitir comunicados de prensa, sin apersonarse del tema en la propia Laguna de Durango. Por más que los conflictos con el gremio de los maestros se agudizaron, y se lanzaron acusaciones por la retención de las participaciones federales, el secretario de educación Rubén Calderón, lejos de trasladar su despacho a la región, se atrinchero en su oficina y se limitó a enviar emisarios, queja permanente de los propios maestros.

En entendible, con las inclemencias del clima, la tierra, las calles mal pavimentadas, y el carácter de una sociedad inconforme reclamando, que ningún secretario quiera dejar la capital. Tan incomprensible es la cultura centralista en Durango, que en 2018 un grupo de hoteleros me dijo en broma que ni el titular de turismo Eleazar Gamboa, visitaba La Laguna para conocer al menos los placeres culinarios, y las muy contadas veces que vino, se hospedo mejor en Torreón.

Y así se podrían enumerar las carteras que brillaron por ausencia de trabajo en La Laguna, como si la región no fuera parte de ese estado para el que trabajan. Muchos leyeron esa ausencia, al menos en Gómez Palacio, como la indiferencia propia de un estado y un gabinete que castiga al municipio gobernado por otro partido. Algo de cierto puede tener, pero también es necesario aclarar que esto no ha sido una característica del gobierno de Rosas Aispuro, sino de los últimos sexenios, Durango capital hace mucho que tiene el lujo de contar con dos alcaldes.

De cara al futuro, y fantaseando con eso de que la historia enseña, vale la pena preguntarnos si en está ocasión habrá una sociedad organizada que le exija al gobernador electo Esteban Villegas un cambio en esa política centralista que genera desigualdad en el desarrollo de los municipios de Durango. Una sociedad que le pregunte cómo va a garantizar que sus giras por la región no solo sean para presentar el informe anual, y más aún, que ni él ni su gabinete hagan lo que él mismo hizo cuando fue secretario de salud del estado, en el sexenio de Jorge Herrera Caldera, ignorar a La Laguna y refugiarse en su despacho en la capital.

Porque ignorar, significa no escuchar los problemas de los municipios de la voz de la propia ciudadanía, las necesidades de las delegaciones y sus figuras decorativas, recorrer esa calles desgastadas y esa falta de infraestructura e inversión pública para buscar la formula que las lleve a parecerse a la capital. En pocas palabras, gobernar para toda la entidad y no quedarse como otro alcalde más de esa bella ciudad de Durango.

@uyohan

Escrito en: Yohan Uribe Jiménez Editorial Yohan Uribe Jiménez sociedad, estado, capital, Laguna

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