EDITORIAL

Metáfora Ciudadana

Impactos mediáticos o causas soterradas

LUIS ALBERTO VÁZQUEZ ÁLVAREZ

Puedes engañar a todos algún tiempo,

Puedes engañar a algunos todo el tiempo:

Pero jamás puedes engañar a todos todo el tiempo.

Culpar a una persona o imaginar una posición simplista para grandes acontecimientos humanos ha sido la tónica con que se intenta engañar a la humanidad y obtener aprobación para hecatombes que causan millones de muertes. Es más fácil crear simulaciones o inventar justificaciones que ir en pos de la realidad histórica con todas sus implicaciones sociales.

Ingenuidad, desconocimiento de la mecánica histórico-social o ignorancia en el mejor de los casos; acusar a una persona o grupo de ser la causa de un gran acontecimiento es perversidad de cronistas y narradores que se prestan para tal atrocidad. Ejemplo efeméride de esta semana: se acusó la muerte del Archiduque Francisco Fernando como la causa esencial de la Primera Guerra Mundial; olvidando intencionalmente que Inglaterra y Francia formaron la "entente cordial" para defender sus colonias africanas y asiáticas que eran envidiadas por Alemania, quien soñaba apoderarse de las metrópolis europeas para conquistar dichas posesiones y se aprestó a invadirlas en 1914. el káiser no era más pérfido que la reina o el Zar. El asesinato fue efecto de luchas nacionalistas balcánicas, no la causa para una guerra imperialista.

En política es común que se ataquen los efectos de un fenómeno social y se oculte o disfrace la causa real. Las mentiras, calumnias, falacias, difamaciones, infundios, retórica destructiva y degradaciones siempre han sido determinantes en momentos cruciales; Cristo mismo fue crucificado al colocarse en su boca palabras que nunca pronunció o al menos no en el sentido que se le imputaron. 400 años atrás había sucedido lo mismo con Sócrates.

Atribuirle calidad de causa a un efecto genera conflictos; no permite conocer la auténtica realidad; esta contiene intrínsecamente su propia esencia; existe por sí misma como ente señero; genera sus propias leyes, concepciones y lógica. Lo real es objetivo, se aleja de lo fantástico y se apropia de la razón. Lo real es referente al mundo objetivo; no amoldable a la subjetividad. Si incineras la causa y alabas los efectos, solamente engañas intelectos y entierras la certeza.

La verdad es infinita y ajena a los embrollados e impredecibles vaivenes políticos; va más allá de los intereses clasistas, religiosos, ideológicos o partidistas. En la Grecia clásica los aristócratas creían que la verdad era propiedad de ellos; que surgía exclusivamente de sus concepciones; todos los demás estaban equivocados.

Los comunicadores de cualquier modelo alineados a ciertas corrientes políticas han logrado por muchos años engañar a la comunidad engatusándola hacía cierta línea partidista. Todo eso ha cambiado; un nuevo mexicano ha despertado y tiene una visión diferente; ello explica la caída del auditorio de los tradicionales divulgadores y el exponencial crecimiento de los pregoneros virtuales; lástima que muchos de ellos lo único que utilizan es el insulto personal; la agresión por la constitución física o la edad. Jamás emiten una propuesta de sociedad, nación o principios de superación comunitaria: se pierden en la jungla del agravio cuando la competencia es en la rectitud urbana.

La razón colectiva nos impulsa más allá de la realidad empírica de la política partidista que potencia solamente consecuencias perniciosas negando cualquier progresión real. La ciudadanía requiere, necesita, le es indispensable tener la oportunidad de votar por alternativas, alguna utopía al menos; aunque sea un sortilegio; no estar siempre recibiendo premoniciones en contra de propuestas del adversario político; como proposiciones inviables de ideologías hitlerianas y que atentan contra la tranquilidad social ya de por sí deteriorada.

La misma democracia que hiende a la sociedad humana más allá de la experiencia colectiva y la sensibilidad científico-social puede variar de forma, contenido, sustento y hasta visión según lugar y época. ¿Es acaso la democracia única, universal y eterna? o ¿Puede metamorfosearse y atomizarse? Meditémoslo con franqueza histórico-social, no con retorcimiento partidista y/o ideológico.

Escrito en: editorial Metáfora Ciudadana editoriales causa, engañar, todos, allá

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