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Columna

Ibero transforma

EN COMPAÑÍA DE UN LIBRO

LAURA ELENA PARRA

El gusto por la lectura nació en mí desde que era una niña pequeña y mi madre me compraba libros ilustrados en los que, gracias al efecto de los recortes y de los dobleces que tenían las páginas planas del libro, los castillos, las princesas, las flores y los animales surgían, se elevaban de manera mágica; a estas obras se les conoce como libros "pop-up". Este gusto por leer, por escuchar y conocer historias se vio reforzado a partir de una biblia ilustrada para niños que me leía mi padre, antes de dormir, cuando yo aún no sabía leer.

Desde entonces, los libros han sido mis compañeros más fieles. Siempre que tengo que realizar un trámite, hacer una fila o esperar para ser atendida voy acompañada de un libro. Es mi principal compañero de viajes, siempre salgo con uno o dos en mi maleta y procuro comprar, al menos, uno nuevo durante el trayecto. Así, además de la historia que narra el libro, recuerdo el lugar en dónde lo encontré.

Viajes con Heródoto (Anagrama, Barcelona, 2018, 308 pp.) de Ryszard Kapuscinski, libro que me regaló mi hijo, fue un compañero muy agradable. Kapuscinski (1932-2007), periodista, corresponsal, historiador y escritor, recibió varios Doctorados Honoris Causa por distintas universidades y, entre los muchos reconocimientos que obtuvo, en 2003 le otorgaron el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.

En el libro Viajes con Heródoto el autor narra cómo fueron sus inicios en el mundo del periodismo, la primera vez que cruzó la frontera de su país para conocer otras realidades -cuando la redacción del periódico en el que trabajaba lo envió a la India-, y cómo, en esa aventura, el libro Historia de Heródoto, que le regalara su jefa de entonces, lo acompañó en su travesía. A partir de ese viaje vivió distintas experiencias (la incomprensión del idioma, el desconocimiento de la cultura, los pocos recursos económicos de los que disponía, etcétera) que lo forjaron como persona y como periodista.

Al igual que a Joaquín Sabina, quien dice que los libros lo han salvado de la soledad, a Kapuscinski lo salvó y le hizo compañía Heródoto. El autor sintió empatía por ese hombre, reconocido como el padre de la historia, y se imaginaba las peripecias que tuvo que sortear para ir conociendo el mundo que lo rodeaba.

Después de la India, Kapuscinski fue enviado a China y en el libro podemos leer cómo enfrentó los problemas que se le presentaron y, al mismo tiempo, conocer algunos pasajes de la historia de Heródoto, la preocupación del historiador por conocer las civilizaciones más antiguas de las que tenía conocimiento, los cuestionamientos que se hacía, los métodos que le servían para entender la realidad, sus intentos por ser fiel a los hechos, etcétera.

Viajes con Heródoto es un libro en el que podemos aprender de historia, de las experiencias del autor (de ambos autores), de sus reflexiones acerca de la vida, de la labor periodística y del mundo. En suma, la obra de Kapuscinski es una buena compañía.

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